¿Qué hacer con sus problemas?
En primer lugar tome conciencia de que son parte de la vida de todo ser humano; que todos tenemos problemas y que el problema peor no es tenerlo, sino la manera como reaccionamos ante ellos.
Yo conocí a un hombre que de todo hacía un drama, era trágico y todo era motivo de dolor, de lamentación, de gritos. Ante cualquier situación conflictiva su reacción era de desequilibrio. Decía más o menos así: "Otra vez otro problema y siempre a mí, que vida más desdichada". El "señor Quejitas" pasaba gran parte de su tiempo lamentándose y cultivando su auto-lástima.
El que cultiva la auto-lástima es víctima y suele llamarse a sí mismo: "Pobrecito yo, siempre a mí". Se consuela cultivando sus heridas con un veneno que las hace más grandes y va naciendo una gran melancolía, una depresión, desgana para luchar, para vivir, un abatimiento y un espíritu derrotista. El que cultiva la auto-lástima se va haciendo fatalista: "Yo nací para sufrir, ese es mi destino" y le echa la culpa de sus problemas a Dios, a la familia, al destino. El fatalista no sabe que uno mismo es el artífice, el hacedor, o el destructor de su propia existencia. La auto-lástima es un cáncer, y quizás usted padezca de ese cáncer.
1-Luche contra la auto-lástima. Deje de echarle la culpa de sus problemas a los demás. No se consuele haciéndose la víctima. Sepa que usted es el autor de su propia vida, y que la vida es un tejido de dolores y alegrías, de sufrimientos y triunfos, de fracasos y gozos; que hoy se vence y mañana se fracasa. Sea realista, baje ya de esa nube que usted se ha fabricado en un mundo de rosas en donde todo tiene que ser alegría. Cada vez que venga la auto-lástima, cada vez que usted esté quejándose de todo, cada vez que esté lamentándose sin dar soluciones a sus problemas, regáñese a usted mismo. Dígase así: "Vamos, más valentía, vamos más fortaleza, parezco un perrito apaleado, que parezco un niñito malcriado, no consigo nada con esto, no voy a solucionar mis problemas.
2-No esté siempre comparándose con otros. "Aquél puede, yo no puedo; ese sí que es feliz, yo no"; más bien estudie por qué ellos han triunfado y por qué usted no soluciona sus problemas.
3-No esté publicando a los cuatro vientos sus desgracias, sus problemas. No esté comentando con todo el mundo lo que le pasa. No convierta su problema en una obra de teatro dramática haciendo peor las cosas. Psicológicamente cada vez que usted cuenta y cuenta sus problemas a los demás, los agranda. Revive su dolor y su sufrimiento. Sea reservado, no sea dramático haciéndole ver a todo el mundo su problemática. Sea más objetivo y más positivo. Busque una solución.
4-Mantenga la calma, por favor. Convénzase de que todo problema tiene solución. Sometido a una fuerte presión o tensión, su cerebro no puede trabajar con eficacia. Cuando venga el problema, enfréntese con decisión, con serenidad. Muchos buenos nadadores se han ahogado por no mantener la calma, y en los deportes cuántos por perder la calma han cometido faltas y han sido expulsados del terreno del juego, perdiendo el partido. Jesús mantuvo la calma cuando la tempestad azotaba la barca; dormía, se levantó y calmó las olas del mar. Cuántas noticias se reciben con sobresalto y hasta producen un infarto. Aprenda a mantener la calma ante un problema.
5-No trate de forzar la solución, no sea impulsivo, mantenga la mente relajada, pues es el único modo de tenerla en condiciones para pensar bien. No actúe al primer impulso, no tome decisiones de acuerdo con la primera impresión al menos que sea una emergencia. La gran mayoría de nuestros problemas no son accidentes o emergencias, por lo tanto, no sea impulsivo. No trate de forzar una solución fácil motivada más bien por la ira o el miedo. Tenga mucho cuidado.
No se desespere, así no va a solucionar sus problemas. Calma, paciencia, acción y fe. Y no se olvide todo problema puede ser solucionado; con Dios usted puede solucionar todos sus problemas, porque ¡con Dios usted es invencible!
Yo conocí a un hombre que de todo hacía un drama, era trágico y todo era motivo de dolor, de lamentación, de gritos. Ante cualquier situación conflictiva su reacción era de desequilibrio. Decía más o menos así: "Otra vez otro problema y siempre a mí, que vida más desdichada". El "señor Quejitas" pasaba gran parte de su tiempo lamentándose y cultivando su auto-lástima.
El que cultiva la auto-lástima es víctima y suele llamarse a sí mismo: "Pobrecito yo, siempre a mí". Se consuela cultivando sus heridas con un veneno que las hace más grandes y va naciendo una gran melancolía, una depresión, desgana para luchar, para vivir, un abatimiento y un espíritu derrotista. El que cultiva la auto-lástima se va haciendo fatalista: "Yo nací para sufrir, ese es mi destino" y le echa la culpa de sus problemas a Dios, a la familia, al destino. El fatalista no sabe que uno mismo es el artífice, el hacedor, o el destructor de su propia existencia. La auto-lástima es un cáncer, y quizás usted padezca de ese cáncer.
1-Luche contra la auto-lástima. Deje de echarle la culpa de sus problemas a los demás. No se consuele haciéndose la víctima. Sepa que usted es el autor de su propia vida, y que la vida es un tejido de dolores y alegrías, de sufrimientos y triunfos, de fracasos y gozos; que hoy se vence y mañana se fracasa. Sea realista, baje ya de esa nube que usted se ha fabricado en un mundo de rosas en donde todo tiene que ser alegría. Cada vez que venga la auto-lástima, cada vez que usted esté quejándose de todo, cada vez que esté lamentándose sin dar soluciones a sus problemas, regáñese a usted mismo. Dígase así: "Vamos, más valentía, vamos más fortaleza, parezco un perrito apaleado, que parezco un niñito malcriado, no consigo nada con esto, no voy a solucionar mis problemas.
2-No esté siempre comparándose con otros. "Aquél puede, yo no puedo; ese sí que es feliz, yo no"; más bien estudie por qué ellos han triunfado y por qué usted no soluciona sus problemas.
3-No esté publicando a los cuatro vientos sus desgracias, sus problemas. No esté comentando con todo el mundo lo que le pasa. No convierta su problema en una obra de teatro dramática haciendo peor las cosas. Psicológicamente cada vez que usted cuenta y cuenta sus problemas a los demás, los agranda. Revive su dolor y su sufrimiento. Sea reservado, no sea dramático haciéndole ver a todo el mundo su problemática. Sea más objetivo y más positivo. Busque una solución.
4-Mantenga la calma, por favor. Convénzase de que todo problema tiene solución. Sometido a una fuerte presión o tensión, su cerebro no puede trabajar con eficacia. Cuando venga el problema, enfréntese con decisión, con serenidad. Muchos buenos nadadores se han ahogado por no mantener la calma, y en los deportes cuántos por perder la calma han cometido faltas y han sido expulsados del terreno del juego, perdiendo el partido. Jesús mantuvo la calma cuando la tempestad azotaba la barca; dormía, se levantó y calmó las olas del mar. Cuántas noticias se reciben con sobresalto y hasta producen un infarto. Aprenda a mantener la calma ante un problema.
5-No trate de forzar la solución, no sea impulsivo, mantenga la mente relajada, pues es el único modo de tenerla en condiciones para pensar bien. No actúe al primer impulso, no tome decisiones de acuerdo con la primera impresión al menos que sea una emergencia. La gran mayoría de nuestros problemas no son accidentes o emergencias, por lo tanto, no sea impulsivo. No trate de forzar una solución fácil motivada más bien por la ira o el miedo. Tenga mucho cuidado.
No se desespere, así no va a solucionar sus problemas. Calma, paciencia, acción y fe. Y no se olvide todo problema puede ser solucionado; con Dios usted puede solucionar todos sus problemas, porque ¡con Dios usted es invencible!