¿Qué hacer para que entienda?
El caso es patético. Torrijos, después de perder en su primer intento contra Mireya Moscoso, supuestamente y durante cinco años estuvo preparándose para gobernar. En su segunda campaña logró su propósito y desde hace cuatro años, siete meses y catorce días ha estado al frente de un gobierno que, según prometió, sería el partero de “una patria nueva”.
Todavía hasta hoy, cada vez que se le enfrenta con sus monumentales fracasos, recurre a las consabidas actitudes que distinguen a los gobernantes irresponsables: la iracundia y las evasivas que tipifican “el síndrome de la incompetencia escapista”. Primero se enfurece ante los señalamientos directos de sus promesas incumplidas o cuando, como en el caso de las “asistencias de escoltas presidenciales” al “prisionero de La Picota” queda “con las patas al aire” o, con razón, se cuestiona su inexplicable diligencia para complacer a las autoridades colombianas.
En las postrimerías de su mandato, se le han agravado viejas manías, entre ellas, el autobombo. Ahora no pierde ocasión de recordarnos “sus maravillosas realizaciones como gobernante” y, en su desparpajo, nos propone que prolonguemos “su patria nueva” en la figura de la candidata de su partido y hasta se atreve a alentar reformas constitucionales para “volver dentro de cinco años”.
A sus monumentales fracasos en materia de seguridad, la inseguridad se ha quintuplicado durante su gestión; y transparencia, la corrupción es galopante; agréguese la metida “de las cuatro” del proyecto “Transmóvil” y corónense los fiascos con el “caos de la Educación”. Y éstos no son los únicos “méritos”. Sigue la costosa viajadera sin sentido, el aumento de la deuda pública y la irresponsabilidad presupuestaria.
Los efectos de la crisis mundial ya se sienten en la merma de las operaciones de la Zona Libre, en la actividad canalera, en el turismo, en el empleo, en la contracción del crédito y del consumo, pero para el caballero de marras, aquí seguimos “cosechando los abundantes frutos de la prosperidad que su gobierno ha derramado sobre todos los panameños”.
Oficialmente, el “período de transición” hacia el nuevo gobierno comienza el 3 de mayo, o sea, en 19 días. Pero la realidad es que para el pueblo panameño, que cuenta los días y las horas que le quedan a “la llamada patria nueva”, el actual gobierno ya agotó su capacidad de gobernar. Así lo percibe la inmensa mayoría del pueblo panameño que, en cada encuesta y sondeo de opinión, ratifica su intención de expulsarle del poder.
Los gobernantes cuando se acercan al final de sus mandatos pueden comportarse con sensatez y tratar de que sus últimas acciones “les salven un poco de cara” o pueden, de manera contumaz, cometer más errores en un vano afán por racionalizar sus desaciertos y sus incompetencias.
¿Qué hacer para que lo entienda el próximo expresidente? Creo que si de él no nace, sus más allegados colaboradores debieran ayudarlo a corregir el rumbo, aunque sólo sea para sus últimos días.