¿Qué hay de nuevo, viejo?
Luego de unas vacaciones, (tradúzcase estar trabajando como negro para vivir como blanco), decidí reencontrarme con mi amigo "Word" para opinar, por escrito, sobre cierto acontecimiento que se suscita, actualmente, en esta centenaria nación.
En el proceso de descanso, (defínase "partiéndome el lomo"), lo único que me daba tiempo de hacer era leer alguno que otro titular u ojear los escritos de mis cuatro columnistas favoritos: Efraín Hallax y Maribel Cuervo, empezando por casa, y Ana Alfaro (alias Aristóloga) y Jorge Ritter, por la competencia. Si no hubiese sido por ellos, sabe Dios qué habría sido de mí.
La cosa es que hoy no pretendo perder mi tiempo con la pseudo indignación de Moscoso y sus legisladores por las palabras de la embajadora Watt (que no hizo más que "cantarle las 4 verdades sobre su gobierno"); tampoco pienso hablar sobre la inmoralidad que ha cometido la Corte con su fallo sobre el CEMIS o la situación con la Caja de Seguro Social (CSS); menos quiero opinar sobre la alianza de "Guillermo" y "Billy" (al mejor estilo Gokú y Vegeta) porque ¿para qué gastar el tiempo en sin sentidos?
Es mi ferviente intención hablar de trabajo y desarrollo laboral en Panamá. Hoy quiero preguntarme ¿Por qué los índices de desempleo son tan altos? ¿Por qué el panameño común se ve en la forzosa necesidad de robar o, sino, buscar medios ilegales de subsistencia, a expensas de ir a la cárcel? ¿Por qué cada vez más los jóvenes salen de las universidades soñando con un futuro profesional y se encuentran con un mar de desilusiones? ¿Por qué los extranjeros se hacen millonarios y los panameños más pobres?
La respuesta: nuestra educación paternalista es la culpable. Por décadas hemos criado ciudadanos que buscan que el gobierno les dé soluciones en vez de salir a la calle a encontrarlas, hemos educado en nuestras aulas a individuos que no hacen el esfuerzo por generar proyectos empresariales; sólo piensan en encontrar el clásico trabajo 15-30 (de quincena en quincena). ¿Esto está mal? No lo sé.
Lo que sí reconozco es que las inversiones en su mayoría están siendo hechas en Panamá por magnates extranjeros, no nacionales. Si bien es excelente que los capitales entren para que la economía crezca (con todo y las coimas por debajo de la mesa), no es buena la imagen que dejamos en el mercado internacional. Sólo algunos cuantos están dando la cara (contándose con los dedos de la mano).
Por su parte el gobierno de Moscoso, creo yo que terminando lo que empezó el de Balladares (no estoy seguro), está "disque" generando más oportunidades de trabajo con sus programas de "Tu primer trabajo", las "Ferias de Empleo", la "Capacitación Bilingüe para Call Centers" y los fondos que otorgan organizaciones como ANPYME.
Ahora me pregunto ¿Por qué no crear programas como "mi primer negocio"? No importa que sea vendiendo guandú en la plaza pública, pero es mejor que entrenar a un individuo para que sea un "mero empleado". En lo que respecta a la capacitación en el idioma inglés, aunque aquí impera el "spanglish", de 25 mil aspirantes sólo tendrán oportunidad 5 mil, entonces ¿En dónde van a quedar los otros 20 mil? ¿En el aire? Con respecto de los programas y fondos especiales de apoyo a microempresarios, ¿Saben cuántos requisitos se tienen que pasar para acceder a ellos? Sólo las garantías dan dolor de cabeza. Más fácil es conseguir una audiencia con su Santidad Juan Pablo II en el Vaticano.
Reconozco que "el trabajo dignifica al hombre", por humilde que éste sea. No es mi intención ofender a la clase obrera, porque yo también soy uno más. Es sólo criticar las propuestas que existen para las nuevas generaciones, por lo absurdas que son. Es criticar el trasfondo político que hay detrás de ellas con la manipulación, el oportunismo y el marcado favoritismo. Y así será "hasta el final de los días", porque es nuestra cultura, es nuestra forma de ser; igual que el "juega vivo" y el "quítate tú para ponerme yo".
La solución yace en cambiar el sistema educativo; renovar sus preceptos, su base metodológica. En la medida que eduquemos panameños con aspiraciones, con sueños, valores e ideales, promoviendo en ellos la generación de propuestas para que creen sus propios negocios, apoyando con esto su desarrollo integral, habremos hecho la tarea. El paternalismo debe ser cosa del pasado en estos nuevos cien años que van a iniciar. Debemos borrarnos de la cabeza la idea que sólo somos un país de servicio.
Vince Lombardi dijo: "la diferencia entre una persona exitosa y otra no es la falta de fuerza, no es la falta de conocimiento, es la falta de voluntad".
En el proceso de descanso, (defínase "partiéndome el lomo"), lo único que me daba tiempo de hacer era leer alguno que otro titular u ojear los escritos de mis cuatro columnistas favoritos: Efraín Hallax y Maribel Cuervo, empezando por casa, y Ana Alfaro (alias Aristóloga) y Jorge Ritter, por la competencia. Si no hubiese sido por ellos, sabe Dios qué habría sido de mí.
La cosa es que hoy no pretendo perder mi tiempo con la pseudo indignación de Moscoso y sus legisladores por las palabras de la embajadora Watt (que no hizo más que "cantarle las 4 verdades sobre su gobierno"); tampoco pienso hablar sobre la inmoralidad que ha cometido la Corte con su fallo sobre el CEMIS o la situación con la Caja de Seguro Social (CSS); menos quiero opinar sobre la alianza de "Guillermo" y "Billy" (al mejor estilo Gokú y Vegeta) porque ¿para qué gastar el tiempo en sin sentidos?
Es mi ferviente intención hablar de trabajo y desarrollo laboral en Panamá. Hoy quiero preguntarme ¿Por qué los índices de desempleo son tan altos? ¿Por qué el panameño común se ve en la forzosa necesidad de robar o, sino, buscar medios ilegales de subsistencia, a expensas de ir a la cárcel? ¿Por qué cada vez más los jóvenes salen de las universidades soñando con un futuro profesional y se encuentran con un mar de desilusiones? ¿Por qué los extranjeros se hacen millonarios y los panameños más pobres?
La respuesta: nuestra educación paternalista es la culpable. Por décadas hemos criado ciudadanos que buscan que el gobierno les dé soluciones en vez de salir a la calle a encontrarlas, hemos educado en nuestras aulas a individuos que no hacen el esfuerzo por generar proyectos empresariales; sólo piensan en encontrar el clásico trabajo 15-30 (de quincena en quincena). ¿Esto está mal? No lo sé.
Lo que sí reconozco es que las inversiones en su mayoría están siendo hechas en Panamá por magnates extranjeros, no nacionales. Si bien es excelente que los capitales entren para que la economía crezca (con todo y las coimas por debajo de la mesa), no es buena la imagen que dejamos en el mercado internacional. Sólo algunos cuantos están dando la cara (contándose con los dedos de la mano).
Por su parte el gobierno de Moscoso, creo yo que terminando lo que empezó el de Balladares (no estoy seguro), está "disque" generando más oportunidades de trabajo con sus programas de "Tu primer trabajo", las "Ferias de Empleo", la "Capacitación Bilingüe para Call Centers" y los fondos que otorgan organizaciones como ANPYME.
Ahora me pregunto ¿Por qué no crear programas como "mi primer negocio"? No importa que sea vendiendo guandú en la plaza pública, pero es mejor que entrenar a un individuo para que sea un "mero empleado". En lo que respecta a la capacitación en el idioma inglés, aunque aquí impera el "spanglish", de 25 mil aspirantes sólo tendrán oportunidad 5 mil, entonces ¿En dónde van a quedar los otros 20 mil? ¿En el aire? Con respecto de los programas y fondos especiales de apoyo a microempresarios, ¿Saben cuántos requisitos se tienen que pasar para acceder a ellos? Sólo las garantías dan dolor de cabeza. Más fácil es conseguir una audiencia con su Santidad Juan Pablo II en el Vaticano.
Reconozco que "el trabajo dignifica al hombre", por humilde que éste sea. No es mi intención ofender a la clase obrera, porque yo también soy uno más. Es sólo criticar las propuestas que existen para las nuevas generaciones, por lo absurdas que son. Es criticar el trasfondo político que hay detrás de ellas con la manipulación, el oportunismo y el marcado favoritismo. Y así será "hasta el final de los días", porque es nuestra cultura, es nuestra forma de ser; igual que el "juega vivo" y el "quítate tú para ponerme yo".
La solución yace en cambiar el sistema educativo; renovar sus preceptos, su base metodológica. En la medida que eduquemos panameños con aspiraciones, con sueños, valores e ideales, promoviendo en ellos la generación de propuestas para que creen sus propios negocios, apoyando con esto su desarrollo integral, habremos hecho la tarea. El paternalismo debe ser cosa del pasado en estos nuevos cien años que van a iniciar. Debemos borrarnos de la cabeza la idea que sólo somos un país de servicio.
Vince Lombardi dijo: "la diferencia entre una persona exitosa y otra no es la falta de fuerza, no es la falta de conocimiento, es la falta de voluntad".