default

Que la historia no se repita


Había pensado escribir sobre la administración de Mireya Moscoso y los tantos vejámenes que ésta, en concubinato con sus colaboradores, ha dejado entrever a diestra y siniestra; vejámenes que son sinónimos del más vil divorcio entre el mireyismo y la realidad que está haciendo sucumbir nuestra institucionalidad. Sin embargo, sobre eso ya muchas líneas se han escrito, así que he optado por no desperdiciar el espacio que me ha facilitado este prestigioso diario. Antes que despertar la atención del lector sobre una persona que, junto a su mediocre equipo de trabajo, no merece la más mínima muestra de consideración, prefiero dedicarle mis líneas a este pueblo, a esta dolorida nación que tendrá en escasos meses, la responsabilidad primaria de definir quién debe regir sus destinos a partir de septiembre de 2004.
En primer lugar, todos los votantes debemos centrarnos en un ideal común, mismo que debe estar por encima de cualquier cosa, independientemente de cuál sea nuestra preferencia electoral: “la historia no debe repetirse”. Mucho se dice que los panameños olvidamos rápido -realmente no sé que tan cierto pueda resultar este planteamiento-, no obstante, es nuestra responsabilidad hacer memoria, tomar en cuenta cada una de las amargas experiencias que hemos vivido, más ahora que en plena era democrática, nos hemos encontrado con gobernantes sin una pizca de vergüenza. Es nuestro deber mirar hacia atrás y aprender a reconocer lo que se esconde detrás de los rostros de aquellos que prometen lo que nunca van a cumplir.
Hoy se nos ofrecen cuatro opciones, mismas que, a mi juicio, no responden a los verdaderos intereses nacionales y hablan de lo mismo, que buscan que miremos solo hacia delante, pero nunca hacia atrás. Esas cuatro fuerzas que hoy se disputan el voto ciudadano no están prometiendo nada diferente a lo que ya estamos cansados de escuchar. Sin embargo, uno de ellos será nuestro próximo gobernante, uno de ellos reemplazará a la destructora de ilusiones, uno de ellos tendrá la oportunidad de cumplir sus promesas o de burlarse de nosotros.
El mañana no está asegurado para nadie, así reza un viejo adagio que muchos nos negamos a tomar en cuenta. Los candidatos pueden prometer lo que sea, lo que a bien se les pueda ocurrir, pero nada está garantizado, ese futuro de ensueños que cada cinco años inunda las mentes de los votantes, no está garantizado. No obstante, eso no nos impide hacer algo por ese futuro; eso no nos impide luchar para impedir que la historia se repita.
Pero, ¿cómo hacemos para garantizar que nuestro próximo gobernante no caiga en la tentación de olvidarse de las prioridades de su nación? Ya lo he propuesto dos veces, pero no me canso de insistir. Debemos impulsar la firma de un compromiso, en la cual los cuatro candidatos se comprometan a realizar, de llegar a la presidencia de la república, un referéndum revocatorio a los dos años de su mandato. En ese referéndum los electores decidirán entre darle al presidente la oportunidad de culminar su mandado o, simplemente, mandarlo para su casa. ¿Que este referéndum o que el propio compromiso firmado por los candidatos podría ser inconstitucional? Algunos argumentan que sí, otros que no; en lo personal, considero que no lo sería, ya que así como se está pensando en hacer un referéndum para llamar a una constituyente, bien se puede hacer un referéndum para decir si queremos revocarle el mandato a un gobernante.
Insisto, no podemos ni debemos permitir que la historia se repita, no podemos aceptar que el karma que hemos sufrido y estamos sufriendo bajo la sombra de una democracia a medias, vuelva a formar parte de nuestro diario vivir. Un referéndum revocatorio sería la opción para exigirle rendición de cuentas al próximo presidente y sentaría un precedente democrático único en la historia patria. Miremos atrás, sentarnos a esperar nunca ha sido una opción.
Lo que queda en el tapete es la voluntad, y no hablo de la voluntad política de este gobierno o de los candidatos; hablo de la voluntad ciudadana de emprender una campaña para sentar el tema en la palestra pública, para que se discuta a profundidad, para que se determine su viabilidad jurídica, tanto en lo que se refiere al referéndum, como a la propia firma del compromiso, mismo que debe tener validez de contrato entre los firmantes, el Tribunal Electoral y el Estado, es decir, que involucre sanciones por su violación.
¿Qué parece una locura?, pues más locura sería permitir que se vuelvan a burlar de nosotros.
(augusto2312@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América