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¿Qué le ocurre al idioma?


Aunque en otros países es común encontrar columnas periodísticas referidas al lenguaje, el nuestro no se distingue por la costumbre, por lo que las "Notas sobre el Lenguaje" de la Academia Panameña de la Lengua, la mayor representante de la política lingüística en nuestro país, cumplen un papel más que decoroso en sumarnos a una honorable tradición valiosa. Sus dos redactores, Pablo Pinilla Chiari y Elsie Alvarado de Ricord, académicos por excelencia, merecen el respaldo de todos los panameños en su labor por rescatar la originalidad y autenticidad de nuestro idioma.
La preocupación de algunos autores por perfeccionar el uso del lenguaje nos lleva necesariamente a la gramática, la cual nos enseña a coordinar y unir palabras para formar oraciones y expresar conceptos. Parece elemental pero no todos son capaces de apreciar las diferencias entre "entrar en y entrar a", o entre "participar de y participar en". De igual forma, el buen uso del lenguaje nos obliga a considerar la utilización de cualquiera de las dos versiones del Diccionario de la lengua española. Según su vigésima primera edición de 1992, el número de vocablos alcanza la cifra de 83 mil y las definiciones modificadas son más de 12 mil.
Siendo el español un idioma enriquecido y nutrido en palabras, nos preguntamos qué le ocurre, si ya no sirve para entendernos los unos con los otros. Solamente hay que leer cualquier periódico o revista para comprobar la cantidad de palabras que aparecen pertenecientes a otras lenguas, sobre todo al inglés. No entendemos cómo, siendo el tercer idioma más hablado en el mundo, tengamos que coger palabras de otros para comprender lo que decimos. Nos obligan a usar vocablos que suenan fuerte, se pronuncian de una manera y se escriben de otra. Ahora, a un accesorio, complemento o extra le llaman "kit"; a un lote, agrupación o conjunto de cosas le llaman "pack"; y terminadas en "ing" hay muchas.
No estamos en contra de que la gente conozca otras lenguas, pero sí de que se mezclen con el castellano cuando hay palabras en nuestro idioma que dicen lo mismo.
Todos podemos poner nuestro grano de arena usando el idioma como se debe, respetándolo, evitándole maltratos con el erróneo empleo de voces y frases extranjerizadas, así como de giros o sintaxis ajenos a nuestra lengua. Es indispensable desechar cualquier modificación al idioma y usar los correctos, ya que solamente así se difunden y se arraigan. Ningún término jamás echará raíces ni cobrará vigencia en la lengua si sólo figura en glosarios o diccionarios; es necesario que circule para que se conozca y adquiera lo que llamaríamos curso legal.
Esperamos que las instituciones que protegen nuestra milenaria lengua, así como todos los medios de comunicación, hagamos algo para proteger y conservar la pureza de nuestro idioma.


101 años de Panamá América

 
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