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Que no le tiemble la mano, señor Presidente


Se quiere señalar que el peor enemigo de la industria del tabaco somos nosotros, tal como el 90% de la población panameña que se ha manifestado a favor de la Ley 25, recién aprobada por la Asamblea Nacional y en espera de la ratificación por parte del Presidente de la república.

La gran y demoledora verdad es que: los enemigos invencibles de esa industria y comercio están, nada más y nada menos que, dentro de ellos mismos. La rubrica de sus propias acciones porque, ellas retratan la verdadera naturaleza de ese infame negocio.

En  todo el mundo y a través de más de cuatro décadas, ellos se han mostrado cómo:
Falaces hasta el perjurio (no deje de ver la película "The Intruder" (El Informante)  con Al  Pacino).

Perversos al perfeccionar, por un lado, una sofisticada ingeniería cuyo principal propósito es motivar y sostener la adicción al tabaco (capturar al inocente y que no escape al consumo) y, por el otro, al añadir componentes específicos que enmascaran los primeros síntomas de enfermedad  (la irritación de las vías aéreas)

También insensibles, por cuanto menosprecian el dolor y el sufrimiento humano. Documentado científicamente a lo largo y ancho del planeta con los millones de muertes y cientos de millones de enfermos que van a morir como consecuencia del producto que ellos, sin remordimiento,  comercializan.
Cínicos, porque desgañitan vociferando que se atenta contra la Libre Empresa y la estabilidad jurídica. No resisten una simple pregunta. ¿Aceptaría cualquiera de ellos mantener funcionando un negocio en donde ingresan 20 dólares mientras se gastan 100?  El menos sensato no dudaría en llamar a tal intento una estupidez.

Entonces, ¿por qué el Estado (cuyos fondos provienen de los impuestos que todo ciudadano está obligado a pagar) puede continuar manteniendo una conducta carente de todo sentido común?

¿Estabilidad jurídica? El Código Penal vigente es explícito. Multa con tres a cinco años de cárcel a todo aquel que, a sabiendas del daño que provoque a la salud un determinado producto, lo venda, publicite o trafique. ¿Por qué, de hecho, no procede la Procuradora General de la Nación con una investigación de oficio?

¿Que sus ambientes cerrados han sido coherentes con las regulaciones que los obligan a mantener niveles predeterminados de nicotina para ser tolerables? Ese análisis no facilita información de más de 40 componentes tóxicos pro-cancerígenos contenidos en el humo del cigarrillo y que impregnan y se sostienen en el área por más de diez días.

Que no le tiemble la mano señor Presidente.
Todos los argumentos están a su favor para la ratificación de esta Ley. Por algo la anhela y se la pide, como el mejor regalo de Navidad,  el pueblo panameño.

101 años de Panamá América

 
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