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¿Qué pasa con los panameños?


En el año 2020 un hombre se pasea por la Ciudad de Panamá en compañía de su nieto. Al pasar por la Avenida Balboa, el muchacho le pregunta: "Abuelo: ¿por qué nuestra capital tiene tantos edificios que se empezaron a construir y nunca se terminaron?".
En algunos lados de la Avenida, se veían grandes huecos, a manera de lagos, donde se suponía iban a quedar las fundaciones de formidables rascacielos. En otros se veían varillas oxidadas y en algunos, hasta los ladrillos manchados por el tiempo desde donde se asomaba una tímida vegetación tropical.
El abuelo pensativo, responde: "En octubre del año 2006, la República de Panamá tenía un futuro muy promisorio.
Siguiendo las huellas de nuestros padres, quienes en el año 1903 tuvieron una visión de patria, y apostaron a la construcción de un canal por Panamá, a pesar de que tuvieron que ceder su propia soberanía, el Gobierno de aquel entonces, -continúa el abuelo-, implementando las decisiones constitucionales de un Gobierno anterior, llevó a cabo un plebiscito donde el pueblo panameño tenía que votar Sí o No a la ampliación del Canal.
En el año 2006, el Canal era el principal motor de desarrollo de nuestro país. Era un negocio sólido, que generaba más riquezas que nunca. Panamá había recuperado su soberanía después de muchos años de ardua lucha. Finalmente, se había ganado con sangre y negociaciones, la responsabilidad de decidir el futuro de su mayor recurso.
El Canal atraía entonces, importantes inversiones claves que permitían a Panamá la posibilidad de superar los problemas de crecimiento, que confronta una nación en vías de desarrollo.
Pero, abuelo: ¿Que pasó? -interrumpe el muchacho-. Por qué se pararon los proyectos? ¿Por qué cambió la situación? Tú me dices que teníamos un futuro promisorio, pero poco a poco todo se estancó, y ahora somos el país más pobre de América Central cuando éramos el país más próspero?
Desafortunadamente, mi niño, en aquella época, hubo quienes promovieron el voto del No, sin presentar una alternativa viable para seguir creciendo y salir del subdesarrollo. O sea que promovieron el No, sin una propuesta alternativa de inversión que permitiera establecer las bases para alcanzar un desarrollo sostenible.
A veces los seres humanos queremos poner la carreta antes que el burro, -dice el abuelo-, y nadie previó lo que podría pasar si se votaba que No a la ampliación del viejo Canal.
Resulta, -continúa diciendo el abuelo con el rostro serio y el ceño fruncido-, que otros países se aprovecharon de la incertidumbre que se creó por el voto negativo.
En aquella época, los grandes inversionistas siguieron adelante con sus negocios y buscaron otras alternativas, otras alianzas. Pactaron con otros países, y al no ampliar nuestro Canal, nos fuimos quedando rezagados por no hacer uso de las oportunidades que se le presentaron a Panamá en bandeja de plata hasta aquel octubre de 2006, cuando empezó a cambiar nuestra situación como país.
Como consecuencia de aquel voto negativo, no se pudieron hacer los proyectas de carreteras que se necesitaban, no se pudieron construir escuelas, hospitales, ni viviendas. Y lo peor mi niño, -dice el anciano con el rostro triste, curtido por el tiempo-, fue que las personas se quedaron sin trabajo, sin ingresos, la calidad de la educación siguió bajando y la pobreza se esparció por todo e istmo panameño.
Supongo, -dijo reflexionando-, que no se planteó con valentía lo que pasaría si no se llevaba a cabo el proyecto de ampliación del Canal propuesto.
Con aquella decisión disminuyó la riqueza y se incrementó la pobreza. La amarga lección que no habíamos aprendido en aquel entonces y que no debemos olvidar, es que hay que generar riqueza para reducir la pobreza. El resultado final hijito, -continúa el abuelo-, es que no hay nada más permanente que el cambio".

101 años de Panamá América

 
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