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¿Qué realidad social nos espera en el nuevo año?


Cuando dieron las 12:00 a.m. del 31 de diciembre, fin del año “viejo” 2009, se repitió, como en otros diciembres, la euforia, el júbilo, la felicidad, por lo menos durante los primeros treinta minutos del año nuevo. En la mayoría de los barrios populares, como es tradicional, se escucharon los estallidos de bombitas, cohetes y demás artefactos que daban cuenta que la hora del nuevo año llegó. En esta oportunidad, aún de los problemas que afrontamos, de violencia cotidiana, de muertos y heridos a la orden del día, no fue la excepción.

Fue la ocasión, también, donde nuestras abuelas prendieron inciensos y esparcieron fragancias para la suerte; las mamás barrieron las casas en madrugada porque así se alejan los males; los jóvenes, aquellos que siguen las creencias, viendo hacia el cielo en espera de ver una estrella fugaz, y así –como reza la tradición, pedir sus deseos.

Cada quien con su propio método, pero coincidiendo en una cosa: todos pedimos por un año mejor. El desempleado de conseguir empleo; el que lo tiene, de mejorar la condición de un salario que no alcanza aún del incremento escuálido del salario mínimo; los enfermos, de tener la capacidad económica para comprar salud; en fin, iniciamos el año con esperanza, salvo que transcurrido pocos días lo que acontece en la cotidianidad nos dicta las pautas reales en la que viviremos.

Si esa ha sido la realidad años atrás años ¿es posible que ahora, en el 2010, sea diferente? Si el panorama, cada vez más tétrico, apunta a afrontar nuevas dificultades como lo dictamina el problema climático que, como consecuencia, traerá dificultades a la producción, sequía en unos casos, inundaciones, en otros; escasez de agua y, por lo tanto, el incremento de la electricidad y la cadena de aumento que ella genera en los alimentos. Si este es el panorama, o una parte de él, lo que le espera a la población son más retos, más dificultades, que oportunidades.

Son afirmaciones pesimistas pero que no esconden, sino que reconocen realidades para que, quienes tienen el poder de las iniciativas de los cambios prometidos, fortalezcan sus creatividades y responsabilidades en las respuestas que tendrán que darle a la población para que ésta, aunque sean en los niveles mínimos, puedan lograr parte de sus deseos de inicios de año.

Una cosa está clara. Años vienen, años se van y la realidad no cambia de fondo y, si ocurre, es para desmedro de las mayorías. Los que más tienen, los ricos de nuestro país que son los pocos, verán en el nuevo año la oportunidad de mejorar e incrementar sus negocios, sus ingresos. Esto es legítimo y ojalá lo alcancen. Sin embargo, también debe verse como legítimo que la población, pobre y de recursos medios, goce de un mejorar acceso a la distribución de las riquezas nacionales. Si esto ocurre, bienvenido el año nuevo.

101 años de Panamá América

 
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