Qué recuerdo del 09-01-64
Con ocasión del 9 de enero 99, que se convirtió desde aquellos sucesos del 64 en otra fecha más para nuestra historia poco conocida y relatada de tan distinta manera, caemos en la cuenta de que nos encontramos en ruta hasta el 2000 en que todo lo llorado, todo lo pactado, todo lo reclamado, todo lo peleado va a tener que cristalizar en una realidad en las famosas relaciones de este pequeño país que en un momento dado se vio obligado en sus mentores, a firmar un tratado o aceptar un tratado con la nación más poderosa del mundo en torno a la zanja canalera que le sirvió al mundo entero y que le dio otro giro a las ciudades terminales de Panamá y Colón y que a todo el país y a todos los panameños nos configuró de una manera muy peculiar nuestra de ser.
¿Cómo quedaron nuestros antepasados del interior cuando se enteraron de lo que estaba sucediendo en la capital con los próceres y los andares del señor Bunau Varilla y el Batallón Colombia y qué dirían de lo poco que entenderían cuando se aplicó el Convenio Taft? Y qué cuando comenzaron a arribar las tropas de soldados y marinos norteamericanos que pronto comenzaron a enredarse como todo soldado con nuestras jóvenes de aquellos entonces, cuántos panameños de hoy surgieron de aquellos hechos históricos. Todo esto lo fantaseo para conectar con lo que la memoria me da desde los tiempos en que me tocó vivir ya en la década el 30.
Existía la Canal Zone (Zona del Canal), letreros en castellano e inglés, la mayoría en inglés, un letrero muy frecuente: No trespassing. Private Property. Property Of the U.S. government. Y gran cantidad de afro antillanos, unos que sólo hablaban inglés, otros español machucado, y que todas las mañanas bien temprano acudían con sus termos y chácaras a las terminales de buses que los recogían para llevarlos a trabajar en "donde había trabajo", eran los que después tendrían derecho a comisariato, por supuesto, el comisariato de los que no eran "anglos" y en donde sólo podían comprar los que tenían los privilegios pues había inspectores que vigilaban y eran tan temidos como los guardias que cuidan a Fidel Castro. Muchos se sentían poderosos porque tenían derecho a Comisariato porque allí se podían comprar las zapatillas "Keds", que no se podían obtener en Panamá ni en Bazán ni en Bata.
Toda la gente que uno conocía era del Rol de Plata Silver Roll. Y oíamos historias de los panameños que allá trabajaban y gozosos nos contaban lo que iban aprendiendo y lo bien que les pagaban que si 0.75 la hora, que si 0.80 la hora y algunos más privilegiados, el 1.00 la hora y que desafortunadamente con los afro antillanos no se llevaban pues ellos hablaban inglés y se sentían más consentidos por los patrones y se sentían superiores.
Estando en los años de la escuela primaria en el Colegio de La Salle, recuerdo que de repente un día nos mandaron a la casa antes de hora porque había que celebrar no sé que acuerdo que hubo entre Panamá y los EE.UU., yo me imagino que era el tratado Arias Roosevelt y las campanas de las torres de las Iglesias de San Francisco y la Catedral fueron echadas a vuelo para celebrar unas primeras conquistas dentro de las operaciones del Canal. Más trabajo para los panameños. Alegría. Júbilo. No más placa CZ. No más comisariatos. Etc. Y como me ausenté por más de 20 años supe que ya teníamos un Tocumen en vez de Albrook Field y que nos podíamos conectar con Colón por carretera y no sólo por PRR.
No estuve aquí para lo de Ni millones ni limosnas que por los ecos noticiosos y fotográficos fue como si ya fuera el año 2000. Y vinieron sucesos y más quehaceres históricos hasta llegar a aquella tarde del 9 de enero en que la gente decía "hubo bala" en la 4 de julio y vino aquella larga noche en que Radio Tribuna daba las consignas y la gente iba hacia allá y allá estuvimos desconcertados entre los ruidos de balas que venían de aquella añosa estructura Hotel Tívoli, noche en que tuvimos que actualizar y cuestionar nuestros niveles de patriotismo.
Retumbaban las balas, la gente echada por el suelo en actitud de soldados y así muchas cosas como la marcha desde la universidad encabezada por sus líderes, a quienes aún respeto, mientras en la Casa del Periodista hablaban Clarence Beecher y otros muchos más decían "llegó el comunismo", la Iglesia me pareció muy confundida y se trataba de un hecho patriótico lo único que era reafirmativo y valiente ante la secular prepotencia norteamericana y eso era peligroso. Luego vino el saqueo y la absurda xenofobia que si se veía a alguien un poco más blanco se creía que era gringo, como ocurrió con el difunto y recordado profesor Marino Goldaraz Zuazo.
Nueve de enero. Algo se ha dicho. Mucho falta por decir. Pero llegamos al dos mil para qué. ¿Y a cuántos panameños beneficiará el Canal?
¿Cómo quedaron nuestros antepasados del interior cuando se enteraron de lo que estaba sucediendo en la capital con los próceres y los andares del señor Bunau Varilla y el Batallón Colombia y qué dirían de lo poco que entenderían cuando se aplicó el Convenio Taft? Y qué cuando comenzaron a arribar las tropas de soldados y marinos norteamericanos que pronto comenzaron a enredarse como todo soldado con nuestras jóvenes de aquellos entonces, cuántos panameños de hoy surgieron de aquellos hechos históricos. Todo esto lo fantaseo para conectar con lo que la memoria me da desde los tiempos en que me tocó vivir ya en la década el 30.
Existía la Canal Zone (Zona del Canal), letreros en castellano e inglés, la mayoría en inglés, un letrero muy frecuente: No trespassing. Private Property. Property Of the U.S. government. Y gran cantidad de afro antillanos, unos que sólo hablaban inglés, otros español machucado, y que todas las mañanas bien temprano acudían con sus termos y chácaras a las terminales de buses que los recogían para llevarlos a trabajar en "donde había trabajo", eran los que después tendrían derecho a comisariato, por supuesto, el comisariato de los que no eran "anglos" y en donde sólo podían comprar los que tenían los privilegios pues había inspectores que vigilaban y eran tan temidos como los guardias que cuidan a Fidel Castro. Muchos se sentían poderosos porque tenían derecho a Comisariato porque allí se podían comprar las zapatillas "Keds", que no se podían obtener en Panamá ni en Bazán ni en Bata.
Toda la gente que uno conocía era del Rol de Plata Silver Roll. Y oíamos historias de los panameños que allá trabajaban y gozosos nos contaban lo que iban aprendiendo y lo bien que les pagaban que si 0.75 la hora, que si 0.80 la hora y algunos más privilegiados, el 1.00 la hora y que desafortunadamente con los afro antillanos no se llevaban pues ellos hablaban inglés y se sentían más consentidos por los patrones y se sentían superiores.
Estando en los años de la escuela primaria en el Colegio de La Salle, recuerdo que de repente un día nos mandaron a la casa antes de hora porque había que celebrar no sé que acuerdo que hubo entre Panamá y los EE.UU., yo me imagino que era el tratado Arias Roosevelt y las campanas de las torres de las Iglesias de San Francisco y la Catedral fueron echadas a vuelo para celebrar unas primeras conquistas dentro de las operaciones del Canal. Más trabajo para los panameños. Alegría. Júbilo. No más placa CZ. No más comisariatos. Etc. Y como me ausenté por más de 20 años supe que ya teníamos un Tocumen en vez de Albrook Field y que nos podíamos conectar con Colón por carretera y no sólo por PRR.
No estuve aquí para lo de Ni millones ni limosnas que por los ecos noticiosos y fotográficos fue como si ya fuera el año 2000. Y vinieron sucesos y más quehaceres históricos hasta llegar a aquella tarde del 9 de enero en que la gente decía "hubo bala" en la 4 de julio y vino aquella larga noche en que Radio Tribuna daba las consignas y la gente iba hacia allá y allá estuvimos desconcertados entre los ruidos de balas que venían de aquella añosa estructura Hotel Tívoli, noche en que tuvimos que actualizar y cuestionar nuestros niveles de patriotismo.
Retumbaban las balas, la gente echada por el suelo en actitud de soldados y así muchas cosas como la marcha desde la universidad encabezada por sus líderes, a quienes aún respeto, mientras en la Casa del Periodista hablaban Clarence Beecher y otros muchos más decían "llegó el comunismo", la Iglesia me pareció muy confundida y se trataba de un hecho patriótico lo único que era reafirmativo y valiente ante la secular prepotencia norteamericana y eso era peligroso. Luego vino el saqueo y la absurda xenofobia que si se veía a alguien un poco más blanco se creía que era gringo, como ocurrió con el difunto y recordado profesor Marino Goldaraz Zuazo.
Nueve de enero. Algo se ha dicho. Mucho falta por decir. Pero llegamos al dos mil para qué. ¿Y a cuántos panameños beneficiará el Canal?