¿Qué riesgos encierra una campaña presidencial?
En días pasados tuve el honor de recibir en mi casa a Ricardo Ríos Torres, el personaje que hace leer a Panamá. Fue una tertulia de lo más agradable. Me comentaba de sus hazañas como estudiante del Instituto Nacional y cómo se desarrolló parte de nuestra historia cuando un grupo de estudiantes trataba de elevar la enseña patria por todo lo alto de nuestro suelo patrio aquel 9 de Enero de 1964. Todo esto en viva voz de uno de sus protagonistas. Y le decía que también fui partícipe de aquel nefasto día al observar desde el balcón de mi casa a policías norteamericanos flagelar a golpes a un grupo de estudiantes. Era una chiquilla en ese entonces y este hecho no se borra de mi mente ni de mi corazón. Asimismo, le expresé el dolor que siento cuando pienso en mi bisabuelo Romano vilmente despojado de sus tierras. Le decía que mi antecesor se enfrentó con valentía y coraje -sus dos únicas corazas- a un batallón de soldados norteamericanos armados. Al cruzar la cerca para penetrar a su propiedad, éstos lo golpearon hasta quedar semi-inconsciente y fue arrestado y tuvo que pagar con monedas de oro su salida de la cárcel.
Pero la historia parece repetirse bajo otro contexto. Mi patria, la de todos, sufre nuevamente esta vez con la actitud inmadura de los candidatos de la actual campaña presidencial. Flagelándose en culpas, emitiendo conceptos dolorosos entre unos y otros, olvidando lo fundamental que es erigir por todo lo alto del suelo patrio un plan de gobierno que verdaderamente haga que nuestra nación salga del lodazal en que está. Esta situación conlleva riesgos para el electorado a la hora de tomar una decisión.
La política es el cimiento desde donde se puede ejercer el liderazgo en la sociedad. El líder político debe tener la capacidad de pedir ideas y sugerencias e inspira confianza al comunicar sus conocimientos sobre temas que atañen a la nación. Su visión política debe ser en todo momento contraria a la de sus opositores. Sabe enfrentarse a sus adversarios incluso dentro de su propio partido y debe defender su espacio de poder frente a las embestidas de los otros candidatos. Sabe afrontar con valor las consecuencias de su accionar, sin buscar pretextos o excusas.
Personalidad, humanidad, dotes de mando y honestidad son ejemplos que distinguen a un líder. El líder político está obligado a hacer un análisis de la realidad distinta de la que hagan sus rivales. Las medidas de personalidad, el contenido de los discursos, la participación en los debates son aspectos fundamentales de liderazgo político y bien podría generar mayores garantías de éxito.
Del mismo modo, el elector aunque pertenezca a un partido político deber estar consciente de la manipulación de los actuales candidatos en su angustia por tan ansiada corona y que podría ocasionar graves complicaciones si éste no se maneja con rectitud de intención y con una respuesta sincera, sin dejar pasar por alto las pruebas que avalen la trayectoria de cada uno.
Es natural que el ser humano busque alternativas, remedios y tenga esperanza en su candidato de predilección ponderando posibilidades y riesgos. A pesar de todo esto, muchas veces se sigue tomando decisiones a la ligera, cometiendo los mismos errores y cerrando nuestros oídos a los consejos que nos brindan las personas con más visión que nosotros.
Desde una perspectiva psico-social, el verdadero liderazgo político es un proceso que se construye a lo largo del tiempo entre el líder y sus seguidores. Como electores, es prudente leer libros de la vida y trayectoria de líderes que intervinieron en la búsqueda de soluciones a corto plazo con planes sistemáticos y teóricamente orientados hacia un fin social. Cuyos efectos pudieron ser capaces de aliviar en parte el dolor humano.
Cabe destacar que Martin Luther King, Mahatma Ghandi, Winston Churchill y Abraham Lincoln, con cualidades personales diferentes, fueron líderes políticos históricos. Sirvieron a su patria por su capacidad en crear opinión, pues sus conocimientos del mundo, de la vida y de la gente fueron una fuente invaluable para tomar decisiones.
Hay que investigar antes de tomar una decisión. Plantéese preguntas como: ¿Cuáles son las ventajas y desventajas del plan de gobierno de tal o cual candidato? Mida sus efectos con métodos objetivos. Analice las alternativas del contenido de los discursos y que éstos contribuyan a la buena salud mental, social, y por supuesto económica del panameño. Pero, sea realista en sus expectativas. Lea, escuche, y compare, antes de tomar una decisión final, aunque pertenezca a un partido político. Y, recuerde que ninguna alternativa es capaz de poner fin a todas sus inquietudes.
Y por último, el elector puede ser blanco de charlatanes que se promocionan únicamente para sacar ventaja. Por ello, debe aprender a conocer del candidato sus reacciones, sus costumbres sociales y cómo afronta las contrariedades adecuándolas al presente para emitir juicios más precisos. No hay que confiar en ningún producto (llámese candidato presidencial) que prometa curar todas las dolencias sin siquiera aliviar el dolor que causa una leve herida.
Opino que sin rectitud de intención, las pasiones fácilmente enturbian el juicio, porque desvían la voluntad. En cambio, la intención recta facilita las decisiones buenas. De este modo, la ética en política revela un sentido de la actividad personal y contiene en sí todo cuanto de justo y positivo puede haber en cada situación, evitando confusiones, elemento que bien podría desviar la buena elección del candidato presidencial.
La corta Presidencia del Dr. Ricardo J. Alfaro, por ejemplo, se inició, como ya lo hemos destacado, con un constitucionalismo artificioso. El argumento utilizado fue que para ajustarse al texto constitucional (art.67, No. 4) la elección de los Designados debía hacerse por un “bienio” y “cuando por cualquiera causa la Asamblea Nacional no hubiese hecho la elección de Designados, conservarán el carácter de tales los anteriormente elegidos, en su orden”. Por lo tanto, para el segundo bienio habría debido hacerse la elección a más tardar el 30 de septiembre de 1930 y no a principios de octubre como se hizo por descuido. Este constitucionalismo artificioso sentó un mal precedente, que se repetiría cuando violaciones mucho más flagrantes a la Constitución se continuaron encubriendo con decisiones acomodaticias de la Corte Suprema.
Sin embargo, Alfaro dejó su marca indeleble positiva en la historia de la República al presidir las primeras elecciones realmente confiables desde la Independencia, aún cuando ocurrieron serios episodios de violencia entre los bandos.
Las elecciones de 1932 las ganó en buena lid el Dr. Harmodio Arias Madrid como candidato del Partido Liberal Doctrinario, encabezado por Domingo Díaz y que incluía a buena parte de Acción Comunal, pero no a todos. Su contendor fue Francisco Arias Paredes por el Partido Liberal Renovador un liberalismo, abierto a la izquierda, y el Partido Liberal Nacional que Chiari había encabezado antes del golpe. Don Pancho, como se le llamaba con respeto y cariño, reconoció gallardamente el triunfo de su adversario, mereciendo así el apelativo de “el caballero de la política”.
Dejaron así Alfaro y Arias Paredes ejemplos que tomaría décadas en convertirse en realidad relativamente habitual, después de 1990.
Pero la historia parece repetirse bajo otro contexto. Mi patria, la de todos, sufre nuevamente esta vez con la actitud inmadura de los candidatos de la actual campaña presidencial. Flagelándose en culpas, emitiendo conceptos dolorosos entre unos y otros, olvidando lo fundamental que es erigir por todo lo alto del suelo patrio un plan de gobierno que verdaderamente haga que nuestra nación salga del lodazal en que está. Esta situación conlleva riesgos para el electorado a la hora de tomar una decisión.
La política es el cimiento desde donde se puede ejercer el liderazgo en la sociedad. El líder político debe tener la capacidad de pedir ideas y sugerencias e inspira confianza al comunicar sus conocimientos sobre temas que atañen a la nación. Su visión política debe ser en todo momento contraria a la de sus opositores. Sabe enfrentarse a sus adversarios incluso dentro de su propio partido y debe defender su espacio de poder frente a las embestidas de los otros candidatos. Sabe afrontar con valor las consecuencias de su accionar, sin buscar pretextos o excusas.
Personalidad, humanidad, dotes de mando y honestidad son ejemplos que distinguen a un líder. El líder político está obligado a hacer un análisis de la realidad distinta de la que hagan sus rivales. Las medidas de personalidad, el contenido de los discursos, la participación en los debates son aspectos fundamentales de liderazgo político y bien podría generar mayores garantías de éxito.
Del mismo modo, el elector aunque pertenezca a un partido político deber estar consciente de la manipulación de los actuales candidatos en su angustia por tan ansiada corona y que podría ocasionar graves complicaciones si éste no se maneja con rectitud de intención y con una respuesta sincera, sin dejar pasar por alto las pruebas que avalen la trayectoria de cada uno.
Es natural que el ser humano busque alternativas, remedios y tenga esperanza en su candidato de predilección ponderando posibilidades y riesgos. A pesar de todo esto, muchas veces se sigue tomando decisiones a la ligera, cometiendo los mismos errores y cerrando nuestros oídos a los consejos que nos brindan las personas con más visión que nosotros.
Desde una perspectiva psico-social, el verdadero liderazgo político es un proceso que se construye a lo largo del tiempo entre el líder y sus seguidores. Como electores, es prudente leer libros de la vida y trayectoria de líderes que intervinieron en la búsqueda de soluciones a corto plazo con planes sistemáticos y teóricamente orientados hacia un fin social. Cuyos efectos pudieron ser capaces de aliviar en parte el dolor humano.
Cabe destacar que Martin Luther King, Mahatma Ghandi, Winston Churchill y Abraham Lincoln, con cualidades personales diferentes, fueron líderes políticos históricos. Sirvieron a su patria por su capacidad en crear opinión, pues sus conocimientos del mundo, de la vida y de la gente fueron una fuente invaluable para tomar decisiones.
Hay que investigar antes de tomar una decisión. Plantéese preguntas como: ¿Cuáles son las ventajas y desventajas del plan de gobierno de tal o cual candidato? Mida sus efectos con métodos objetivos. Analice las alternativas del contenido de los discursos y que éstos contribuyan a la buena salud mental, social, y por supuesto económica del panameño. Pero, sea realista en sus expectativas. Lea, escuche, y compare, antes de tomar una decisión final, aunque pertenezca a un partido político. Y, recuerde que ninguna alternativa es capaz de poner fin a todas sus inquietudes.
Y por último, el elector puede ser blanco de charlatanes que se promocionan únicamente para sacar ventaja. Por ello, debe aprender a conocer del candidato sus reacciones, sus costumbres sociales y cómo afronta las contrariedades adecuándolas al presente para emitir juicios más precisos. No hay que confiar en ningún producto (llámese candidato presidencial) que prometa curar todas las dolencias sin siquiera aliviar el dolor que causa una leve herida.
Opino que sin rectitud de intención, las pasiones fácilmente enturbian el juicio, porque desvían la voluntad. En cambio, la intención recta facilita las decisiones buenas. De este modo, la ética en política revela un sentido de la actividad personal y contiene en sí todo cuanto de justo y positivo puede haber en cada situación, evitando confusiones, elemento que bien podría desviar la buena elección del candidato presidencial.
La corta Presidencia del Dr. Ricardo J. Alfaro, por ejemplo, se inició, como ya lo hemos destacado, con un constitucionalismo artificioso. El argumento utilizado fue que para ajustarse al texto constitucional (art.67, No. 4) la elección de los Designados debía hacerse por un “bienio” y “cuando por cualquiera causa la Asamblea Nacional no hubiese hecho la elección de Designados, conservarán el carácter de tales los anteriormente elegidos, en su orden”. Por lo tanto, para el segundo bienio habría debido hacerse la elección a más tardar el 30 de septiembre de 1930 y no a principios de octubre como se hizo por descuido. Este constitucionalismo artificioso sentó un mal precedente, que se repetiría cuando violaciones mucho más flagrantes a la Constitución se continuaron encubriendo con decisiones acomodaticias de la Corte Suprema.
Sin embargo, Alfaro dejó su marca indeleble positiva en la historia de la República al presidir las primeras elecciones realmente confiables desde la Independencia, aún cuando ocurrieron serios episodios de violencia entre los bandos.
Las elecciones de 1932 las ganó en buena lid el Dr. Harmodio Arias Madrid como candidato del Partido Liberal Doctrinario, encabezado por Domingo Díaz y que incluía a buena parte de Acción Comunal, pero no a todos. Su contendor fue Francisco Arias Paredes por el Partido Liberal Renovador un liberalismo, abierto a la izquierda, y el Partido Liberal Nacional que Chiari había encabezado antes del golpe. Don Pancho, como se le llamaba con respeto y cariño, reconoció gallardamente el triunfo de su adversario, mereciendo así el apelativo de “el caballero de la política”.
Dejaron así Alfaro y Arias Paredes ejemplos que tomaría décadas en convertirse en realidad relativamente habitual, después de 1990.