¡Que se cambie al gobierno que no sirve!
¡Que se cambien al gobierno que no sirve!, es el corolario al párrafo que dice "Pienso que el actual gobierno hasta el momento no ha trabajado de manera eficiente. Mucho menos cumplió las promesas que hizo de acabar con la pobreza y desempleo. No ha sido el tan cacareado "gobierno del cambio, ni doña Mireya la presidenta de los pobres".
Ojalá esto mejore en los próximos meses, sino..
Párrafo tercero del artículo que, bajo el título de Posición, suscribe el columnista del diario "Crítica Libre" Milciades A. Ortíz Jr., publicado el 23 de febrero de 2000. Al inicio de su Posición, el ex Decano de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Panamá, señala que "no tiene miedo a decir lo que piensa". Al respecto nos atreveremos a decir que más que no tener miedo, el señor Ortíz no tiene ni vergüenza, ni moral.
El sociólogo periodista, o periodista sociólogo, al apuntar que los detenidos "deben trabajar y ganarse la comida, alojamiento y otras "comodidades", los tilda de "vagos" y evoca los Derechos Humanos.
Derechos Humanos que él, en su calidad de autoridad universitaria, violó a un número de docentes y administrativos que en aquel entonces no compartieron su candidatura a Decano de la Facultad de Comunicación Social.
Si bien es cierto, Ortíz manifiesta algunas inquietudes conocidas por todos, como el problema del tránsito; el puente sobre el Canal; la autopista hasta Chiriquí; la basura; etc. Las mismas, al venir de un violador de los Derechos Humanos, se tornan sospechosas, tal como sentenciara Juan Ruíz De Alarcón, "que la boca mentirosa / incurre en tan torpe mengua, / que solamente en su lengua / es la verdad sospechosa.
La presente opinión no es una apología al gobierno de Doña Mireya Moscoso, pues si alguien desea saber si es la Presidenta de los pobres o no que le pregunten a los indígenas de Ipetí; a los Ngöbe Buglé de Llano Ñopo; a los campesinos de Chepo, en Las Minas; a los de Pacora, en Veraguas; a la gente de Cerrezuela en Coclé; a los moradores de Tobobe, en Bocas del Toro; y muchas otras áreas marginadas que ha visitado la Presidenta de todos los panameños, para llevar ayuda concreta.
Nuestro escrito está dirigido al ex Decano para que recapacite y medite antes de tratar de sacar lo que considera es una paja en el ojo ajeno, mientras él porta un bosque en los propios, pues en estos momentos la Defensoría del Pueblo adelanta investigaciones sobre la denuncia de violación a los Derechos Humanos que Milcíades A. Ortíz Jr. perpetró cuando fungía como autoridad de la Universidad de Panamá.
Cuando Ortíz se haya arrepentido públicamente, a través de sus "Cuartillas", de las arbitrariedades cometidas cuando fue autoridad universitaria, entonces sus palabras podrán tener credibilidad.
Ojalá esto mejore en los próximos meses, sino..
Párrafo tercero del artículo que, bajo el título de Posición, suscribe el columnista del diario "Crítica Libre" Milciades A. Ortíz Jr., publicado el 23 de febrero de 2000. Al inicio de su Posición, el ex Decano de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Panamá, señala que "no tiene miedo a decir lo que piensa". Al respecto nos atreveremos a decir que más que no tener miedo, el señor Ortíz no tiene ni vergüenza, ni moral.
El sociólogo periodista, o periodista sociólogo, al apuntar que los detenidos "deben trabajar y ganarse la comida, alojamiento y otras "comodidades", los tilda de "vagos" y evoca los Derechos Humanos.
Derechos Humanos que él, en su calidad de autoridad universitaria, violó a un número de docentes y administrativos que en aquel entonces no compartieron su candidatura a Decano de la Facultad de Comunicación Social.
Si bien es cierto, Ortíz manifiesta algunas inquietudes conocidas por todos, como el problema del tránsito; el puente sobre el Canal; la autopista hasta Chiriquí; la basura; etc. Las mismas, al venir de un violador de los Derechos Humanos, se tornan sospechosas, tal como sentenciara Juan Ruíz De Alarcón, "que la boca mentirosa / incurre en tan torpe mengua, / que solamente en su lengua / es la verdad sospechosa.
La presente opinión no es una apología al gobierno de Doña Mireya Moscoso, pues si alguien desea saber si es la Presidenta de los pobres o no que le pregunten a los indígenas de Ipetí; a los Ngöbe Buglé de Llano Ñopo; a los campesinos de Chepo, en Las Minas; a los de Pacora, en Veraguas; a la gente de Cerrezuela en Coclé; a los moradores de Tobobe, en Bocas del Toro; y muchas otras áreas marginadas que ha visitado la Presidenta de todos los panameños, para llevar ayuda concreta.
Nuestro escrito está dirigido al ex Decano para que recapacite y medite antes de tratar de sacar lo que considera es una paja en el ojo ajeno, mientras él porta un bosque en los propios, pues en estos momentos la Defensoría del Pueblo adelanta investigaciones sobre la denuncia de violación a los Derechos Humanos que Milcíades A. Ortíz Jr. perpetró cuando fungía como autoridad de la Universidad de Panamá.
Cuando Ortíz se haya arrepentido públicamente, a través de sus "Cuartillas", de las arbitrariedades cometidas cuando fue autoridad universitaria, entonces sus palabras podrán tener credibilidad.