¿Qué se hace el amor?
Hago una pausa para contestarle a una amiga mía. Felizmente casada por más de 30 años se mostraba muy triste porque al esposo le habían diagnosticado Alzheimer. Llegó a mí porque conocía el caso de mi esposo (q.e.p.d.). "¿Lucy -me preguntó-, el amor de Pancho y el mío desaparecerá? "¿Se alejará de mí, me reconocerá después de un tiempo? "¿Sabrá que pase lo que pase lo seguiré queriendo?"
Mi respuesta fue la siguiente. Ese amor de tantos años tiene sus raíces profundas, por lo tanto, no desaparece. No se esconde. Se mantiene aprisionado en el torbellino de su mente, y cuando todas sus neuronas no funcionan el brillo de sus ojos te estarán diciendo que no ha dejado de quererte; que necesita de ti, que estés siempre a su lado; que lo sostiene el pasado contigo; y que en el futuro incierto tu imagen, tu sombra, tus manos lo guiarán para jamás sentirse solo.
Un hilo de plata se formará entre su mente y la tuya, y como antenas percibirás sus necesidades, sus deseos, sus angustias, con mirarlo. Tus caricias y tus besos deben continuar. Vístelo todos los día como si fueran a salir juntos. Toda la comodidad que puedas brindarle; tus desvelos, cuidados y caricias se reflejarán en el brillo de sus ojos porque ahí está su alma.
Llegará el día en que perderá su facultad de caminar, de comer por sí solo; de no reconocer a los que lo rodean, pero a ti llegarán sus mensajes con el abrir y cerrar de sus ojos y en sus pupilas. Tú serás la única que se verá reflejada.
Hasta el final y después de éste, tu amor se habrá multiplicado hacia su recuerdo. Y créeme, muchísimas noches soñarás en un mudo mejor que el nuestro y su recuerdo ampliado por tus vivencias te hará una mujer con un corazón lleno de amor más significativo hacia los que te rodean.
¿Que habrá sufrimiento, tristeza? En abundancia, pero ese mutuo amor de años te dará las fuerzas para seguir adelante. Económicamente hablando, tú no tendrás problemas porque juntos gozaron y se prepararon para el futuro.
Nunca, nunca, te sentirás sola; su recuerdo esbelto y sano estará contigo hasta siempre, y al escuchar su música predilecta, mentalmente te dejarás llevar como si estuvieras bailando con él. Yo lo he experimentado. Hay otro tesoro que reanimará tu existencia; que te obligará a seguir adelante con alegría y resplandor: tus hijos, tus nietos y tus bisnietos.
Mi respuesta fue la siguiente. Ese amor de tantos años tiene sus raíces profundas, por lo tanto, no desaparece. No se esconde. Se mantiene aprisionado en el torbellino de su mente, y cuando todas sus neuronas no funcionan el brillo de sus ojos te estarán diciendo que no ha dejado de quererte; que necesita de ti, que estés siempre a su lado; que lo sostiene el pasado contigo; y que en el futuro incierto tu imagen, tu sombra, tus manos lo guiarán para jamás sentirse solo.
Un hilo de plata se formará entre su mente y la tuya, y como antenas percibirás sus necesidades, sus deseos, sus angustias, con mirarlo. Tus caricias y tus besos deben continuar. Vístelo todos los día como si fueran a salir juntos. Toda la comodidad que puedas brindarle; tus desvelos, cuidados y caricias se reflejarán en el brillo de sus ojos porque ahí está su alma.
Llegará el día en que perderá su facultad de caminar, de comer por sí solo; de no reconocer a los que lo rodean, pero a ti llegarán sus mensajes con el abrir y cerrar de sus ojos y en sus pupilas. Tú serás la única que se verá reflejada.
Hasta el final y después de éste, tu amor se habrá multiplicado hacia su recuerdo. Y créeme, muchísimas noches soñarás en un mudo mejor que el nuestro y su recuerdo ampliado por tus vivencias te hará una mujer con un corazón lleno de amor más significativo hacia los que te rodean.
¿Que habrá sufrimiento, tristeza? En abundancia, pero ese mutuo amor de años te dará las fuerzas para seguir adelante. Económicamente hablando, tú no tendrás problemas porque juntos gozaron y se prepararon para el futuro.
Nunca, nunca, te sentirás sola; su recuerdo esbelto y sano estará contigo hasta siempre, y al escuchar su música predilecta, mentalmente te dejarás llevar como si estuvieras bailando con él. Yo lo he experimentado. Hay otro tesoro que reanimará tu existencia; que te obligará a seguir adelante con alegría y resplandor: tus hijos, tus nietos y tus bisnietos.