default

¿Qué se hizo Bella Vista?


Tal como dice el poema de Amelia Denis de Icaza, ¿Qué se hizo tu Chorrillo?.. Su corriente, al pisarla un extraño se secó... Su cristalina, bienhechora fuente, en el abismo de no ser se hundió..." que, aplicado a Bella Vista, nos pone frente a la inminente desaparición de ese barrio, gracias a la voracidad inmobiliaria (el extraño al que hace mención el poema) que ha ido ganando terreno en los últimos años en lo que, a principios del siglo XX, empezó a ser el Barrio de la Exposición. Fue durante la primera administración del tres veces presidente Belisario Porras que la ciudad de Panamá, estrangulada como estaba por el mar y la Zona del Canal, buscó una salida decorosa y se fue extendiendo linealmente hacia el litoral, ganándole terreno, mediante rellenos, al mar. El nombre de la Exposición se le debe a las festividades que se programaron para conmemorar la inauguración del Canal de Panamá (1914), y cuyos máximos exponentes todavía son la Embajada de España, los edificios que antes albergaban a la Cancillería y que ahora, dignamente remozados, son las sedes de la Gobernación de Panamá y de la Procuraduría de la Administración.
Bella Vista, según los estudios del arquitecto Samuel Gutiérrez, gozó de un gran auge en los alrededores del año 1925, auge primordialmente residencial, donde se asentaron familias adineradas, con lujosas residencias que demostraban un marcado gusto por lo ostentoso y una combinación muy nuestra de estilo clásico e italiano adaptado al clima tropical. Precisamente el Arq. Gutiérrez ha dedicado sendos volúmenes a las diferentes épocas de nuestra arquitectura, donde con la docencia que lo caracteriza, nos muestra las influencias que han tenido todas las construcciones que, en su momento, le dieron un toque muy particular a las manifestaciones arquitectónicas del Istmo.
Si recorremos desde Calle 30 hacia la Calle 50, vemos con alarma cómo se han ido demoliendo las mejores muestras de arquitectura de la época que tenía el barrio de Bella Vista, un barrio que siempre tuvo abundancia de árboles, y que hoy ceden su espacio a esperpentos sin ningún carácter, con materiales totalmente ajenos a nuestro clima, y sin identificación con el paisaje urbano que aún persiste. Cuadras enteras han sido arrasadas en la Avenida Cuba (entre las calles 37 y 34), así como en la Avenida Balboa, en la Avenida Justo Arosemena y en la misma Calle 50. La voracidad ha sido tanta que la representativa estructura de la Embajada de Nicaragua, en Calle 50 y Ave. Federico Boyd, fue demolida hace un par de años para dar paso a un patio de estacionamientos.
En la Avenida Balboa se han perdido algunos bellos ejemplos de arquitectura tropical (léase italiana y neoclásica), salvándose hasta ahora la casa donde vivió el Dr. Arnulfo Arias Madrid con su primera esposa, Ana Matilde Linares, y que pertenece a la familia de ésta. Los inmuebles vecinos son actualmente lotes baldíos en espera de mejores destinos. El valor de estos terrenos es indiscutible, pero lo es aún más la herencia histórica que tenían esas mansiones, como la que conserva aún la Embajada de Inglaterra, que adaptó el señorío inglés al trópico sin ningún problema.
Siguiendo en la Calle 50, desde que inicia en la Vía España, majestuosas muestras de la arquitectura istmeña han sido adecuadas a las demandas de una ciudad que crece y se moderniza. Otras sin embargo, han sido demolidas, como la casa de los Dal"Orso y el inmueble que estaba al lado, haciendo esquina, y lo que ha quedado es un matorral. Las residencias de los Lewis, los Heurtematte y los Pacheco dan todavía el carácter de elegancia que tiene la intersección de esa calle con la Ave. Federico Boyd, aún con la ausencia del bello edificio de lo que fue la Embajada de Nicaragua, pero amenazantes letreros de "se vende" en algunas de esas propiedades nos hacen temer que un buen día ya no habrá más señorío en esa esquina. Bajando la loma, el lote que converge con la Calle Uruguay y que fue, según me dicen, la residencia de Benjamín Chen, ostenta una valla publicitaria de una conocida cadena gringa de restaurantes que allí se asentará y brillará por su ausencia el buen gusto de lo que otrora fuera uno de los barrios más distinguidos de la ciudad.
En grandes ciudades como Nueva York, las muestras representativas de un período histórico son cuidadas como "landmarks" (hitos o monumentos destacados, según se traduce el término) y en sus alrededores se crea todo un ambiente que combina el buen gusto, la tradición y el respeto por la historia. Los grandes rascacielos de Manhattan no compiten con las hermosas residencias que se levantan a lo largo de la Quinta Avenida, o de la Central Park West. Por el contrario, el valor de esos inmuebles sube en la medida que se conserven y se remodelen, resguardando los estilos dentro de los cuales fueron construidos. En uno de esos edificios vivía el ex Beatle John Lennon.
En Panamá empezamos esta depredación de los edificios simbólicos con la demolición de la Comandancia de la antigua Guardia Nacional, en los primeros meses de 1990, inmediatamente después de la invasión que desangró nuestra patria. En aquella época, advertí en un artículo de opinión que no se debía demoler esa estructura, muy por el contrario, que se debía restaurar y convertirse en un símbolo de la lucha contra el militarismo, y sugería que se asentara en él la Corte Suprema de Justicia. Una década después hay en ese espacio un parque deforestado, con el único mérito de llamarse Amelia Denis de Icaza, y en Ancón una Corte Suprema en medio de un complejo hospitalario, donde todos los días hay crisis de espacios para aparcar por lo inconveniente de la localización. En el Chorrillo, el tercer poder del estado le hubiera dado vida, seriedad y carisma al barrio mártir.
Una vez que se ha empezado con este proceso de destrucción es difícil pararlo. La especulación inmobiliaria es la madre de muchos vicios, y no nos extrañe que, en el nombre de la urgencia sanitaria, se demuela el Hospital Santo Tomás y se construya un adefesio parecido al Hospital del Niño, ostentoso y de mal gusto (especialmente porque ha sido construido a base de donaciones), al igual que se acabe con edificaciones tan memorables como los edificios de apartamento Hispania o los de la familia Souza, frente al Parque Urraca, por citar unos cuantos. Que el progreso ha ido absorbiendo estos inmuebles y ya no se puede vivir en ellos, puede ser un alegato de los que justifiquen su demolición. Una prueba fehaciente de que se puede rehabilitar estos edificios es la Embajada de España, que bajo la acertada visión del ex embajador Manuel Lorenzo y su gentil esposa Ave, remodelaron la residencia frente al Parque Porras, adaptando ventanas con vidrios aislantes del ruido ensordecedor, y colores agresivos en sus interiores, que combinan artísticamente con la cerámica y adoquines que tiene esta mansión construida para la célebre Exposición Internacional de Panamá.
Ojalá que nuestra herencia cultural de los primeros cincuenta años de república no muera con este afán por demoler todo cuanto no esté protegido por una ley. El Casco Antiguo fue resguardado gracias a que la UNESCO lo declaró Patrimonio Histórico de la Humanidad y el gobierno anterior elevó al rango debido la oficina que tiene que proteger esta riqueza. ¿Podemos los panameños defender parte de nuestra historia, posiblemente la más versátil, mediante acciones que protejan a Bella Vista y la conservemos como estaba, para que no le pase lo que al Chorrillo, y se hunda en el abismo de no ser?. Es una pregunta que me hago a diario y me inclino a pensar que estoy muy sola en este afán.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América