¿Qué sembrar?
La Asociación de Colonos de Veraguas ha denunciado que este año perderán casi un millón de balboas en cosecha de caña que no será comprada por el Ingenio La Victoria debido a que el costo de procesarla es mayor que el precio del azúcar en un mercado internacional actualmente distorsionado por diversas formas de comercio desleal, subsidios estatales y dumping, a cargo de los grandes países productores. Seguramente este no es el primer año que la situación ocurre, pero cuando el ingenio pertenecía al Estado las pérdidas eran absorbidas por las arcas públicas y a nadie parecía importarle que estuviéramos cultivando más caña que la que puede colocarse a buen precio de acuerdo a las cuotas establecidas.
Hoy el panorama ha cambiado. Sembrar caña solamente se justifica si el azúcar que se produce puede venderse con ganancia, porque de otra manera estaríamos dedicando dinero y energía a una actividad que en lugar de hacernos más ricos, nos hace más pobres. Los agricultores que en su momento fueron animados a sembrar caña por un gobierno que intentaba ser empresario están ahora sufriendo las consecuencias al trabajar sin recibir el beneficio de su esfuerzo.
En esta ocasión, y mientras los agricultores programan sus cultivos y buscan para el próximo año un producto alternativo que ofrezca mayores beneficios, el Gobierno Nacional, al mismo tiempo que adopta medidas contra la competencia desleal, tendrá que subsidiar la actividad, porque de ella dependen muchas familias que verían agravarse aún más la ya difícil situación económica que atraviesan.
En términos generales, depender de los precios variables de los productos agrícolas en el mercado internacional obliga a establecer sistemas de compensación que aseguren la cosecha tales como la existencia de un fondo que se nutra de los beneficios obtenidos en las épocas buenas cuando el precio está alto, para ser utilizado como colchón en las épocas malas cuando el precio está bajo. Esa es una forma de mantener a nuestros hombres del campo en su hábitat y de propiciar un desarrollo más equilibrado, ciudad - campo.
Las nuevas reglas económicas del mundo globalizado está obligando a cambiar muchas de nuestras tradicionales actitudes. Hemos descuidado la formación económica en nuestras escuelas y universidades. Nuestros jóvenes le dan poca importancia al cálculo de costos y beneficios, mantenemos poca información sobre precios, y a la hora de tomar decisiones que implican actividades económicas cometemos errores que tienen graves consecuencias.
Muchos consumidores a la hora de comprar no buscan la mejor oferta y se dejan llevar por el anuncio atractivo o el crédito fácil sin considerar que están pagando más de lo que vale el artículo. Así mismo el agricultor siembra de acuerdo a su instinto o su tradición pero no después de un estudio sobre cual es su mejor cultivo considerando las condiciones existentes de mercado y de precio. Las autoridades tienen que hacer un trabajo de educación que evite la pérdida de dinero y de tiempo que hoy lamentamos de parte de los esforzados cañeros de Veraguas.
Hoy el panorama ha cambiado. Sembrar caña solamente se justifica si el azúcar que se produce puede venderse con ganancia, porque de otra manera estaríamos dedicando dinero y energía a una actividad que en lugar de hacernos más ricos, nos hace más pobres. Los agricultores que en su momento fueron animados a sembrar caña por un gobierno que intentaba ser empresario están ahora sufriendo las consecuencias al trabajar sin recibir el beneficio de su esfuerzo.
En esta ocasión, y mientras los agricultores programan sus cultivos y buscan para el próximo año un producto alternativo que ofrezca mayores beneficios, el Gobierno Nacional, al mismo tiempo que adopta medidas contra la competencia desleal, tendrá que subsidiar la actividad, porque de ella dependen muchas familias que verían agravarse aún más la ya difícil situación económica que atraviesan.
En términos generales, depender de los precios variables de los productos agrícolas en el mercado internacional obliga a establecer sistemas de compensación que aseguren la cosecha tales como la existencia de un fondo que se nutra de los beneficios obtenidos en las épocas buenas cuando el precio está alto, para ser utilizado como colchón en las épocas malas cuando el precio está bajo. Esa es una forma de mantener a nuestros hombres del campo en su hábitat y de propiciar un desarrollo más equilibrado, ciudad - campo.
Las nuevas reglas económicas del mundo globalizado está obligando a cambiar muchas de nuestras tradicionales actitudes. Hemos descuidado la formación económica en nuestras escuelas y universidades. Nuestros jóvenes le dan poca importancia al cálculo de costos y beneficios, mantenemos poca información sobre precios, y a la hora de tomar decisiones que implican actividades económicas cometemos errores que tienen graves consecuencias.
Muchos consumidores a la hora de comprar no buscan la mejor oferta y se dejan llevar por el anuncio atractivo o el crédito fácil sin considerar que están pagando más de lo que vale el artículo. Así mismo el agricultor siembra de acuerdo a su instinto o su tradición pero no después de un estudio sobre cual es su mejor cultivo considerando las condiciones existentes de mercado y de precio. Las autoridades tienen que hacer un trabajo de educación que evite la pérdida de dinero y de tiempo que hoy lamentamos de parte de los esforzados cañeros de Veraguas.