¿Qué sucede en Panamá?
El asesinato de Monseñor Altafulla nos estremeció en la noche del pasado domingo. Este suceso nos ha conmocionado, debido a la brutalidad con que fue realizado y la calidad humana de la víctima, cuya vida constituye un eterno ejemplo de servicio comunitario y dedicación al trabajo social y religioso de la Iglesia Católica. El homicida ni siquiera respetó el encontrarse en un lugar sagrado. Me cuesta creer que el autor de esta atrocidad sea un nacional. El panameño se ha caracterizado por ser un ser pacífico, respetuoso de la vida humana y tener una existencia tranquila.
Mientras en la gran mayoría del istmo centroamericano, las soluciones violentas y guerreristas constituían una condición constante, en nuestra patria casi todas las diferencias se han arreglado por medio del diálogo entre los diversos actores. El panameño nunca ha tenido que vivir las trágicas consecuencias de una guerra civil. También se ha caracterizado por ser una persona de profundas convicciones religiosas que otorga una importancia suprema a la espiritualidad en su vida.
Este lamentable suceso debe llamarnos a la reflexión a todos los panameños conscientes. ¿Cuál es el rumbo de nuestro país? ¿Qué importancia tienen los valores morales en nuestras vidas? ¿Hacia dónde se dirige una nación con una profunda crisis de valores, en la cual, la vida humana no vale nada? Este proceso de descomposición de la sociedad nacional debe de ser detenido por todos. Mi llamado está dirigido hacia todos los panameños que deseamos vivir en el Panamá que solía ser: Un pequeño país de gente bondadosa que aprecia la paz y rechaza toda forma de violencia.
La creciente ola de criminalidad es reflejo de una sociedad sin valores morales y sin vivencias espirituales. Todos los panameños, sin hacer distinción de credos ni de ideologías políticas, debemos de unirnos en torno al rescate de los valores y de la ética. Tenemos un ejemplo muy cercano de lo difícil que es salir del espiral de la violencia en el hermano pueblo colombiano. Reflexionemos y actuemos.
(fjzappi@hotmail.com)
Pienso que la correlación interna y externa son hoy muy distintas. Liderazgos nacionales sólo se mantienen el de Martín Torrijos y el de Ernesto Pérez Balladares a lo interno del partido. Todos los demás aspirantes deberán negociar los apoyos regionales. Y como están las cosas, dudamos mucho que se repitan las experiencias pasadas, a menos que pretendan refugiarse en otro paquetazo en el Congreso de agosto próximo.
Para ganar las elecciones del 2004 se necesitan muchas cosas. Pero lo más importante es la credibilidad y las simpatías populares, que en este momento están por verse. Al menos entre los sectores determinantes de los apoyos estratégicos: Los económicos.
La confianza y capacidad para conformar y manejar alianzas exitosas están en duda, en razón de las experiencias legislativas negativas, consecutivas y recientes. Entonces si queremos ganar las próximas elecciones debemos comenzar por seleccionar adecuadamente y con altruismo a los más capacitados, experimentado y relacionados copartidarios sin que éstos hayan o no caminado casa por casa.
Mientras en la gran mayoría del istmo centroamericano, las soluciones violentas y guerreristas constituían una condición constante, en nuestra patria casi todas las diferencias se han arreglado por medio del diálogo entre los diversos actores. El panameño nunca ha tenido que vivir las trágicas consecuencias de una guerra civil. También se ha caracterizado por ser una persona de profundas convicciones religiosas que otorga una importancia suprema a la espiritualidad en su vida.
Este lamentable suceso debe llamarnos a la reflexión a todos los panameños conscientes. ¿Cuál es el rumbo de nuestro país? ¿Qué importancia tienen los valores morales en nuestras vidas? ¿Hacia dónde se dirige una nación con una profunda crisis de valores, en la cual, la vida humana no vale nada? Este proceso de descomposición de la sociedad nacional debe de ser detenido por todos. Mi llamado está dirigido hacia todos los panameños que deseamos vivir en el Panamá que solía ser: Un pequeño país de gente bondadosa que aprecia la paz y rechaza toda forma de violencia.
La creciente ola de criminalidad es reflejo de una sociedad sin valores morales y sin vivencias espirituales. Todos los panameños, sin hacer distinción de credos ni de ideologías políticas, debemos de unirnos en torno al rescate de los valores y de la ética. Tenemos un ejemplo muy cercano de lo difícil que es salir del espiral de la violencia en el hermano pueblo colombiano. Reflexionemos y actuemos.
(fjzappi@hotmail.com)
Pienso que la correlación interna y externa son hoy muy distintas. Liderazgos nacionales sólo se mantienen el de Martín Torrijos y el de Ernesto Pérez Balladares a lo interno del partido. Todos los demás aspirantes deberán negociar los apoyos regionales. Y como están las cosas, dudamos mucho que se repitan las experiencias pasadas, a menos que pretendan refugiarse en otro paquetazo en el Congreso de agosto próximo.
Para ganar las elecciones del 2004 se necesitan muchas cosas. Pero lo más importante es la credibilidad y las simpatías populares, que en este momento están por verse. Al menos entre los sectores determinantes de los apoyos estratégicos: Los económicos.
La confianza y capacidad para conformar y manejar alianzas exitosas están en duda, en razón de las experiencias legislativas negativas, consecutivas y recientes. Entonces si queremos ganar las próximas elecciones debemos comenzar por seleccionar adecuadamente y con altruismo a los más capacitados, experimentado y relacionados copartidarios sin que éstos hayan o no caminado casa por casa.