¿Qué van a preguntar?
El discurso de los gobernantes debe ser concordante con los hechos que lo secundan. La idea de consultar al pueblo empodera al ciudadano de a pie en temas trascendentales, le crea expectativa y lo involucra en la agenda nacional. Pero si el resultado de esta opinión no se toma en cuenta, se aparta a ese sector activo de la población, y la acción puede convertirse en una burla denigrante a su intelecto.
¿Sobre qué discerniremos? Nadie sabe con exactitud. Muchas son las opciones que generan debate y análisis, sin embargo, el plebiscito no debe convertirse en un juguete de distracción del gobierno hacia la población para ganar credibilidad.
En cambio, detrás quedan las verdaderas reformas a los sistemas de salud, educación y seguridad que difícilmente podrían definirse entre un “si” o un “no”.
La idea de instalar la pena de muerte es ridícula. Mas bien parece una frase populista que busca identificarse con las víctimas impotentes, en vez de implementar una verdadera estrategia contra el crimen organizado.
El sistema judicial ha sido cuestionado sobre investigaciones fiscales en temas sensitivos, al igual que los fallos de la corte, o incluso las decisiones de jurados de conciencia. Pronto entrará en vigencia el sistema acusatorio con un presupuesto limitado, y la capacitación en proceso de los funcionarios a cargo de las investigaciones. ¿no cree usted que hasta su propia vida se pone en riesgo con la pena de muerte?
Centrémonos mejor en conducir al país con una agenda de Estado, no de gobierno, respetemos pactos actuados y adoptemos verdaderas estrategias de reingeniería que logren dar al ciudadano una mejor oportunidad en su calidad de vida. Decidir sobre temas tan sensitivos, alimentados por una emoción acalorada, corre el peligro de obtener una respuesta inapropiada e incapaz de despertar el menor raciocinio sobre temas fundamentales que deben poner en marcha al país.