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A qué vino Donald Rumsfeld


Puede ser un misterio para muchos, no para nosotros ni nuestros lectores. El principal de los asesores en seguridad nacional del recién electo presidente de Estados Unidos George Bush hijo, no vino a Panamá con rumbo a Ecuador para una mera visita de cortesía. Su presencia aquí y en el Cono Sur es señal del nuevo giro que tendrá el gobierno del mandatario norteamericano en su política hacia nuestro hemisferio.
Su presencia en Panamá y Ecuador, donde participó en un encuentro de jefes de defensa sudamericana, mientras sus tropas peleaban casa por casa en una sangrienta ofensiva contra el bastión de la resistencia iraquí en Faluya, con centenares de combatientes muertos de ambos bandos, de por sí denota la importancia que dispensó a su visita. En efecto, bien pudo haber enviado a un representante o a un uniformado de alto rango cualquiera; pero no. Prefirió venir él mismo, personalmente.
Para entender en su amplio pero preciso concepto lo que planteamos, debemos tener presente que Rumsfeld es el principal artífice de la política exterior de Estados Unidos, muy ligada a la de seguridad y la guerra contra el terrorismo, en cuyo manejo está por encima del secretario de Estado y ex jefe de Estado Mayor, general Colin Powell. El, por ejemplo, es quien trazó la estrategia geopolítica de las invasiones a Afganistán e Irak; y él es quien ha dado un virtual cheque en blanco al primer ministro israelí, Ariel Sharon, en su política de mano dura conta los palestinos.
El mismo Rumsfeld, seguramente, es quien está trazando el nuevo juego del control de las cada vez más escasas fuentes petroleras del planeta; y ha respaldado activamente al presidente de Colombia, Alvaro Uribe, en su política de procurar una victoria militar contra la narcoguerrilla teniendo como puntos de apoyo a Panamá y Ecuador, entre otros.También es Rumsfeld quien ha delineado una nueva política de reconstruir y fortalecer los lazos de su gobierno con las fuerzas armadas latinoamericanas, maltrechos durante la década del 90 cuando las dictaduras militares del área cedieron su espacio a la democracia, en parte bajo presión precisamente de Estados Unidos.
¿Qué persigue Rumsfeld de su nueva y estrecha relación con los ejércitos de América Latina? Es fácil. En parte, desea contar con un gendarme que cuide su "patio trasero" mientras sus propias tropas se diseminan por el mundo en otros campos de batalla. Pero además de eso, que velen por los intereses estadounidenses en el área, para que no vuelva a repetirse otro fenómeno como el de Hugo Chávez, en Venezuela, cuyo desafiante gobierno ha sobrevivido gracias al insólito apoyo de la mayoría pobre del país y sus fuerzas armadas. Lo que persigue es volver a los viejos esquemas de ejércitos latinoamericanos proclives a compartir los intereses norteamericanos y no necesariamente el de sus respectivas naciones.

101 años de Panamá América

 
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