Quebrar el país: mal negocio
Me he atrevido, bajo qué licencia, confieso no saberlo, tal vez guiado por el sentido y deseo de querer un mejor país, a señalarle a un alto funcionario del Gobierno del Presidente Martinelli, que ante las protestas que se están dando en el país y tras los últimos acontecimientos que han dejado réditos lamentables, tanto en lo que respecta a la libertad individual como a la paz colectiva y ello sin descontar los daños económicos y el distanciamiento de parte y parte, que si el Presidente, en días pasados, desde el extranjero, hizo un llamado a la concertación nacional expresando su deseo de que todos colaboremos con el cambio propuesto y anhelado en la institucionalidad de nuestra vida política y social, era menester que dicho llamado o desiderátum no se quedara tan solo en un simple deseo, sino que había que pasar a los hechos.
Por ello, somos del criterio, que el señor Presidente Martinelli bien podría convocar a todas las fuerzas vivas del país, sus dirigentes, sea en la Presidencia o en el lugar que a bien se tenga elegir, a efectos de escuchar sus planteamientos e intercambia con ellos pareceres. Nada se pierde, pero mucho se gana. De hecho sentarse a hablar ya es indicativo de querer tomar en cuenta la opinión de los dirigentes. Gana el pueblo que es escuchado y gana el Presidente y su Gobierno que se verían fortalecidos en la vida democrática.
Estoy convencido que el Presidente Martinelli es un hombre de convicciones democráticas, por ello es necesario concertar hablando, concertar escuchando. Un dialogo es menester, siempre hay que dialogar. Nadie, ninguno de esos dirigentes, desde luego, podrá imponer criterios y menos adoptar posiciones retrógradas o recalcitrantes, odiosas e intransigibles.
De otra suerte, la dirigencia de los diversos sectores que se agitan en la vida política, debe anteponer intereses políticos por el bienestar de la nación entera, de todo nuestro pueblo. No aplaudimos encierros pero tampoco tranques y olas de disturbios. La beligerancia política nos indica que se puede protestar sin destruir bienes públicos, sin caer en la violencia o en los ataques injustificados o en los infundios y las diatribas que lastiman, ofenden y denigran la autoestima y la dignidad personal, sea de esos dirigentes o de las autoridades gubernamentales.
Panamá requiere y demanda con carácter inminente acuerdos. Nadie puede aspirar o pretender acordar desestabilizar al país; acordar destruir la paz y el sosiego domésticos; nadie puede pretender derrocar o tumbar a las autoridades legalmente elegidas e instituidas; nadie, que se llame cuerdo y prudente, puede acordar quebrar a la nación y con ello el advenimiento de aciagos días para nuestra pobre gente pobre. Se impone cordura, mesura en el discurso de parte y parte. Hay que anteponer orgullos y construir un discurso social sobre la base del respeto, primeramente, y luego sobre el bienestar de nuestra gente. Al final de cuentas, los réditos sociales, sus beneficios, no hacen distingos entre ricos ni pobres, todos nos beneficiamos.
Dios bendiga a la Patria y a nuestra gente.