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¿Queremos más de lo mismo?


Leí las cifras de la Organización Internacional de Trabajo (OIT) y me entristecí al ver la difícil situación que atraviesa el pueblo panameño. Y es que muchos cifraron sus esperanzas en una mujer que con un discurso muy agresivo, pero sin ninguna propuesta, se identificaba en su campaña como "la Presidenta de los Pobres".
Ser pobre es sólo una condición social, no es un pecado ni mucho menos; pero son los pobres los que menos acceso a la educación tienen y por eso, opino, caló tan fácil el discurso de la hoy mandataria con ese importante segmento de la población; tal vez porque la señora en eso precisamente se parecía a los pobres (poco nivel educativo, mas ello tampoco es un pecado ni mucho menos).
Lo que sí me parece pecaminoso es tratar de esconder la realidad basándose en cifras que distan mucho de la verdad. El gobierno no puede tapar el sol con un dedo. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en Panamá, hoy, el 40% de la población es pobre, algo así como 1,400,000 panameños, de los cuales 163,410 viven en la ciudad capital; un tercio de la población vive en pobreza extrema (950,000), son los campesinos e indígenas los más pobres entre los pobres en este país.
Según la OIT, 48,000 niños entre 5 y 17 años trabajan y no asisten a la escuela, más de un millón de panameños subsiste con menos de B/. 76 al mes, el 15.8% de la población económicamente activa está desempleada, la provincia con el porcentaje de desempleo más alto es Colón con 28%, el 40% de los panameños está subempleado, o sea que no reciben los beneficios de la seguridad social. El 16% de los jóvenes de 18 a 20 años en el área urbana están desempleados. El promedio latinoamericano de desempleados es de 11.3 % y Panamá lo supera, siendo el cuarto más alto de América Latina. El 40% de la población no recibe los beneficios del crecimiento económico.
Los dos gobiernos arnulfistas, el de Endara y el de Mireya, han aumentado el desempleo y la pobreza. Gracias a la presidenta de los pobres ahora hay más pobres. La pobreza y el desempleo campean, lo triste es que no son sólo números fríos sino gente de carne y hueso; la miseria tiene cara de niño desnutrido, de mujer abandonada, de hombre desempleado de indio y campesino. Se pueden palpar y esta gente lo puede sentir. ¿Queremos más de lo mismo?
Y pidió perdón para todos. Un perdón que debe interpretarse en su correcta dimensión, que no es el "borrón y cuenta nueva" de la impunidad.
A renglón seguido a la muerte terrenal, el cielo se desgarra en terremoto poniendo en fuga a los victimarios, cómplices y gestores del crimen, destruyendo los palacios del privilegio y la corrupción. Antes los había sacado a latigazos del templo.
En consecuencia, más que especular, anatemar o sollozar, el espectador, en este caso los panameños, deberíamos reflexionar con mucho más profundidad en torno a la llamada tragedia del Calvario, particularmente en estos tiempos en que el país se aboca a uno de esos momentos decisivos de su historia, como lo son las próximas elecciones generales. Hemos de reflejarnos, para bien o para mal, en cada uno de los pasos transitados por Jesucristo en sus crueles y últimas doce horas.
Allí veremos las pupilas de cada uno: los que van a los templos con rostros plañideros y de arrepentimientos relativos, para al minuto siguiente destrozar los juramentos.
Aquellos que oran por la justicia y la pobreza de los demás, para seguir exacerbando el egoísmo, haciendo de Panamá uno de los países con mayor desigualdad en el Continente, en medio de enormes fortunas.
Quisiera pensar que quienes a la fecha han dejado en las taquillas de los cines del mundo cientos de millones de dólares, aprendieron el hondo significado del sufrimiento, nada más y nada menos, que del Hijo de Dios. De los miles que todavía sufren la intolerancia, la opresión, la tortura y el destierro, o el exterminio por el hambre, la cibernética guerrerista, física o mediática de millones de seres humanos, en todas partes del mundo, sobre todo niños, hijos igualmente de Dios.
De poco y nada valdrán, pues, nuestros pasajeros y quejumbrosos gemidos ante los azotes y la crucifixión fílmica o real del Maestro, las peregrinaciones, las grotescas representaciones "en vivo", así como y los golpes de pechos en Semana Santa, si al cabo y como quien dice "antes que cante el gallo", el 2 de mayo próximo persistimos en la mentira, la corrupción y la desvergüenza.
Que ese mismo Dios, nos ilumine.
*El autor es Presidente de la Red de Periodistas Ambientalistas de Panamá -REDPA -
(adagal43@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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