"Querido Año Viejo, querido Año Nuevo"
Chao y bienvenido... A ti, viejo enclenque, te despido sin odios porque eso no es cristiano, ni hebreo, ni musulmán, ni budista, ni zen, ni nada. No obstante, siendo franco, fuiste bien injusto: nada hiciste para acabar las guerras, más bien estimulaste la de Irak fuera del marco de Naciones Unidas y casi nos quedamos sin arbitraje internacional. No hubo esfuerzo tuyo para terminar con las masacres prolongadas del mundo como las de Colombia, plagada de asesinatos mutuos, secuestros, luto y dolor. Además, dejaste que aumentara esa brecha diabólica entre los poquísimos ricos y la muchedumbre de menesterosos, a pesar del excelso Sermón del Monte y las palabras de Jesús sobre lo difícil que será para los potentados entrar al Reino de los Cielos. En fin, querido Año Viejo, te digo lo de "querido" por diplomacia y tacto, pero muchos te dirán odiado Año Viejo, probablemente los cientos de miles de indigentes en nuestro país que no pueden tener la mínima esperanza de redención, la pléyade de niños en desamparo, los miles de jóvenes introducidos al círculo infernal de la droga, el alcohol y el tabaco (pese a que muchos de esos magnates enriquecidos a costa de esos vicios se han vuelto hasta líderes políticos o dueños de partidos que proclaman discursos "sensibles y llenos de humanidad" y hasta son mecenas de hospitales y hogares de rehabilitación para los mismos que indujeron a ingerir sus sustancias exterminantes).
Para qué seguir contigo, so viejo inútil; mejor termino esto dirigido a ti, porque me está entrando una rabia del carajo... No me vengas con eso de que tú no tuviste la culpa de tantos sismos, inundaciones, terremotos, crímenes, secuestros, muertes de bebés en pleno juego. Si no es tu culpa, ¿de quién es? No, no mires hacia el cielo, que Dios no desea nuestro mal. Somos nosotros los que hemos destruido la Madre Tierra, con todas nuestras irresponsabilidades. La tierra sólo produce lo que nosotros sembramos en ella. En fin, vete ya viejo despreciable a tu cementerio.
Querido Año Nuevo: Desde las 12 de la noche del 31, te dedicamos las 12 uvas del tiempo, entrechocamos copas, nos abrazamos y, entre tragos y risas, como en el Brindis del Bohemio, dizque nos alegramos y te saludamos con el "Happy New Year", que ya es más común que el "Feliz Año Nuevo" por aquello de la globalización del inglés, que nos está haciendo olvidar el antes precioso castellano (qué curioso, el nuestro se matan por repetirlo en las películas norteamericanas, al igual que la salsa; pero nosotros, al revés, queremos copiar lo de ellos). Y luego, de que los viejos celebremos un rato con los hijos y nietos, éstos se desparraman, como 3 ó 4 días de la semana, por toda la retahíla de discotecas como señal de "modernidad y de índices de incremento de la economía". Allí, en todos esos lugares "lindos", nuestros descendientes se llenarán sus pancitas de guaro, mínimo, porque ya no es como antes, que nos metíamos el seco, el ron, y muy pocos el whisky, y si bien podíamos pegarnos una pelea de "machiguas", hasta allí llegábamos. No, ahora el menú es de película. La película que precisamente viene por cable y que les enseña a los nuestros a estar "in". Y eso significa probar, para no parecer pendejos, la cocaína o pichi, el pegón, el perico, la bazuka, el éxtasis, el LSD, o tantas otras cositas nuevas. Y, te aseguro, igual que los caballeros de corbatas de seda y vestidos Pier Cardini, los que fabrican el tabaco y el alcohol, los nuevos mercaderes de la droga, los de arriba, son condecorados y honrados como "gente de éxito". Si no lo crees, fíjate si en el primer país consumidor del mundo aparecen las capturas de los nuevos Al Capone o Lucky´s Lucianos. No, sólo se detienen traficantes medios y pequeños. Y los multibillones de dólares del negocio diabólico que está lisiando al mundo, se guardan principalmente en ese mismo país, que se supone que encabeza la lucha contra ese flagelo de la Humanidad.
A ver Querido Año Nuevo: Haz algo realmente que te deje bien parado, y no termines como los políticos y las instituciones. Sin que te podamos creer un carajo. Por ejemplo, cuando duermen nuestros líderes, échales con rociador una anestesia total y hazles una transfusión de la sangre de Ghandi, o de Martin Luther, y trasládales el ADN de esos gigantes, y que todos aprendamos que al morir físicamente no hay bancos allá arriba donde guardar nada, ni aceptan chequeras ni tarjetas, ni existen "parking´s" para los Lexus, ni cajas de seguridad para los Rolex u otras joyas. Si no, que le pregunten a algunos millonarios que no hace mucho se fueron en ese tren, y han tenido que vivir en el mismo barrio de los vecinos de Curundú y El Chorrillo. Incluso, en el mismo cuarto. Y ni modo de que se quejen.
Bienvenido, pues, Año Nuevo, a ver qué puedes hacer para que terminemos como amigos y hasta me den ganas de darte un buen entierro. Y a ver qué haces en mayo, con lo de las elecciones. Tremendo trepa que sube, el país está lleno de promesas que casi nadie cree, pero tenemos que seguir en democracia y para eso iremos a las urnas. Busca santificarnos a todos para que pensemos más en Panamá y menos en nuestros intereses. Ven entonces a reír y, sobre todo, a sufrir con nosotros querido Año Nuevo.
Ante la crisis actual de la educación, los valores y los derechos humanos resulta, pues, un imperativo impostergable hacer lo que esté en nuestro alcance para sustentar y fortalecer estos baluartes de la sociedad en general.
Para qué seguir contigo, so viejo inútil; mejor termino esto dirigido a ti, porque me está entrando una rabia del carajo... No me vengas con eso de que tú no tuviste la culpa de tantos sismos, inundaciones, terremotos, crímenes, secuestros, muertes de bebés en pleno juego. Si no es tu culpa, ¿de quién es? No, no mires hacia el cielo, que Dios no desea nuestro mal. Somos nosotros los que hemos destruido la Madre Tierra, con todas nuestras irresponsabilidades. La tierra sólo produce lo que nosotros sembramos en ella. En fin, vete ya viejo despreciable a tu cementerio.
Querido Año Nuevo: Desde las 12 de la noche del 31, te dedicamos las 12 uvas del tiempo, entrechocamos copas, nos abrazamos y, entre tragos y risas, como en el Brindis del Bohemio, dizque nos alegramos y te saludamos con el "Happy New Year", que ya es más común que el "Feliz Año Nuevo" por aquello de la globalización del inglés, que nos está haciendo olvidar el antes precioso castellano (qué curioso, el nuestro se matan por repetirlo en las películas norteamericanas, al igual que la salsa; pero nosotros, al revés, queremos copiar lo de ellos). Y luego, de que los viejos celebremos un rato con los hijos y nietos, éstos se desparraman, como 3 ó 4 días de la semana, por toda la retahíla de discotecas como señal de "modernidad y de índices de incremento de la economía". Allí, en todos esos lugares "lindos", nuestros descendientes se llenarán sus pancitas de guaro, mínimo, porque ya no es como antes, que nos metíamos el seco, el ron, y muy pocos el whisky, y si bien podíamos pegarnos una pelea de "machiguas", hasta allí llegábamos. No, ahora el menú es de película. La película que precisamente viene por cable y que les enseña a los nuestros a estar "in". Y eso significa probar, para no parecer pendejos, la cocaína o pichi, el pegón, el perico, la bazuka, el éxtasis, el LSD, o tantas otras cositas nuevas. Y, te aseguro, igual que los caballeros de corbatas de seda y vestidos Pier Cardini, los que fabrican el tabaco y el alcohol, los nuevos mercaderes de la droga, los de arriba, son condecorados y honrados como "gente de éxito". Si no lo crees, fíjate si en el primer país consumidor del mundo aparecen las capturas de los nuevos Al Capone o Lucky´s Lucianos. No, sólo se detienen traficantes medios y pequeños. Y los multibillones de dólares del negocio diabólico que está lisiando al mundo, se guardan principalmente en ese mismo país, que se supone que encabeza la lucha contra ese flagelo de la Humanidad.
A ver Querido Año Nuevo: Haz algo realmente que te deje bien parado, y no termines como los políticos y las instituciones. Sin que te podamos creer un carajo. Por ejemplo, cuando duermen nuestros líderes, échales con rociador una anestesia total y hazles una transfusión de la sangre de Ghandi, o de Martin Luther, y trasládales el ADN de esos gigantes, y que todos aprendamos que al morir físicamente no hay bancos allá arriba donde guardar nada, ni aceptan chequeras ni tarjetas, ni existen "parking´s" para los Lexus, ni cajas de seguridad para los Rolex u otras joyas. Si no, que le pregunten a algunos millonarios que no hace mucho se fueron en ese tren, y han tenido que vivir en el mismo barrio de los vecinos de Curundú y El Chorrillo. Incluso, en el mismo cuarto. Y ni modo de que se quejen.
Bienvenido, pues, Año Nuevo, a ver qué puedes hacer para que terminemos como amigos y hasta me den ganas de darte un buen entierro. Y a ver qué haces en mayo, con lo de las elecciones. Tremendo trepa que sube, el país está lleno de promesas que casi nadie cree, pero tenemos que seguir en democracia y para eso iremos a las urnas. Busca santificarnos a todos para que pensemos más en Panamá y menos en nuestros intereses. Ven entonces a reír y, sobre todo, a sufrir con nosotros querido Año Nuevo.
Ante la crisis actual de la educación, los valores y los derechos humanos resulta, pues, un imperativo impostergable hacer lo que esté en nuestro alcance para sustentar y fortalecer estos baluartes de la sociedad en general.