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¿Quiebra en la unidad magisterial?


CÓMO lamentaríamos la quiebra de la unidad magisterial; de ese núcleo de educadores que en el año 1979, con el liderazgo del maestro Marcos Alarcón, echaron por la borda la intentona del gobierno de implantar una reforma educativa al servicio de la dictadura imperante. En ese entonces, los educadores del país, sin distingos de ninguna clase y solamente pensando en los intereses de un sistema educativo que respondiera a las aspiraciones de la comunidad nacional, salieron a las calles, unidos como un solo hombre, para defender sus conquistas y lo lograron.
Hoy, estamos necesitando, con urgencia, que los encargados de la formación y orientación de la niñez y juventud de la República, hagan un solo haz de voluntades en momentos en que este importante renglón de la vida nacional, atraviesa por una situación de verdadera crisis; estamos necesitando la unidad de todos los educadores para mejorar la enseñanza, para lograr que el proceso educativo sea bien orientado y estructurado, dada su importancia en el desarrollo y progreso de la nación.
Es lamentable que los niños panameños de la ciudad y del campo estén perdiendo clases; que las escuelas y colegios del país se encuentren en una situación de incertidumbre, porque siguen los debates entre las autoridades del Ministerio de Educación y los educadores en torno al aumento solicitado. Todo pareciera indicar que lo importante es alcanzar un mejor salario. El gobierno ha escuchado el clamor y les ha ofrecido la suma de B/.90.00 balboas que han sido aceptados por los gremios de la Coordinadora de Unidad Magisterial, pero los gremios del Frente de Acción Magisterial, lo han rechazado dando, de esa manera, una demostración de división entre los educadores de la República.
Hay tantos retos en el panorama nacional, que necesitan de un frente de educadores bien compacto y con plena conciencia de sus responsabilidades. Por ningún motivo servidores que en el pasado han sido clave para el éxito en la lucha por un "Panamá Mejor", deben romper esa fuerza solidaria de tanta importancia para el presente y futuro de Panamá.
Lo importante ahora es salvar la educación, llevar a cada rincón del territorio nacional el mensaje de una mejor vida a través del proceso enseñanza aprendizaje; lo importante ahora, con los padres de familia que esperan que sus esfuerzos y sus sueños de una mejor educación para sus hijos se realicen. Lo que esperamos, en estos momentos, es ver a educadores, autoridades del Ministerio de Educación, padres de familia, sociedad civil buscando, a través del diálogo sincero, soluciones a corto y a largo plazo para la problemática de la educación panameña, porque así lo exige la realidad actual. Los estímulos que debe recibir el educador panameño por la labor realizada, han de llegar a su debido tiempo y siempre deben ser una respuesta a sus esfuerzos, capacidad y vocación.
Ahora es el momento para que los educadores panameños demuestren que en sus luchas no caben las huelgas sin justificación, los intereses partidistas y personales, que siempre los ha movido el sentimiento patrio y los anhelos por una educación a tono con los cambios que se operan en el país.
Esperamos que los educadores de la República reflexionen y se dispongan, como un solo hombre, a trabajar con mayor ahínco y responsabilidad para mejorar el sistema educativo panameño, hoy, tan cuestionado y en verdadera crisis.

101 años de Panamá América

 
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