¿Quién es de izquierda?
Después de haber pasado algún tiempo del revuelo causado por las aseveraciones de Lula, afirmando que la izquierda es una ideología que se pierde con los años, y es un fenómeno de la juventud, considero conveniente efectuar algunas reflexiones.
El traspié de Lula no es original, pero evidencia un equívoco muy generalizado, aún dentro de la izquierda misma. La izquierda no es una ideología. La opción por la izquierda es una actitud proveniente de la esfera de las emociones y de la ética. No es una construcción cognitiva que podamos llamar ideología.
Esta es una construcción mental de un sistema organizado de ideas, en donde se elabora un esquema analítico que permite interpretar los fenómenos de la vida, la sociedad y la naturaleza, a partir de una cadena de relaciones causa-efecto que admiten un método interpretativo y propositivo para todo lo observado, tanto para los fenómenos como para sus causas.
Una ideología admite también, en el procesamiento de las ideas, el reconocimiento de nuevos fenómenos con sus respectivas causas, lo que debe impulsar la ampliación del método de análisis. En cambio, lo que no admite justificativos de modificación es la actitud, es decir la capacidad para la acción que surge de la ética humanista. Quien es de izquierda tiene una moral que solo admite superación sobre sí misma, a medida en que la conciencia crece.
Los humanos desgastamos nuestro material biológico en el curso de la vida, pero nuestra espiritualidad crecerá hasta el final, porque el amor a los demás no admite mermas.
Desde la ideología se pueden incorporar otras realidades que enriquecen la versión original. Religiosos o marxistas, pueden terminar asimilando que la objetividad del mundo material es un nutriente del espíritu, o que la espiritualidad es un componente de la realidad no tangible.
Para ser de izquierdas solo falta alertar a los sentidos, abiertos a la realidad, ponerle freno al egoísmo y darle rienda suelta a la conciencia.
Así pues, la ideología admite su modificación hacia atrás por: pérdida del poder interpretativo si no se nutre de información; o puede ir adelante con la incorporación de nuevos elementos analíticos hasta que el núcleo original desemboque en el ancho mar de la conciencia universal.
La izquierda, originada en la Revolución Francesa, tiene connotaciones que aluden, no a estratificaciones de clase, ni a esquemas cognitivos sino a actitudes. En la Asamblea francesa se sentaban a izquierda quienes creían que el poder y la riqueza admiten propósitos deliberados. Ellos debían ser distribuidos completamente hacia la base social. El poder solo admite como norma arbitrar las medidas para que la riqueza -al distribuirse- no merme sino crezca. A la izquierda asentaban nobles, curas y plebeyos con esas orientaciones. Actualmente, se mezcla la ideología con la actitud confundiéndose las orientaciones hacia la izquierda con la metodología de análisis marxista, lo que es un error reduccionista.
A izquierda caben todos: religiosos, sindicalistas, intelectuales y empresarios. La única condición es un espíritu de universalidad creciente y la única exclusión es el egoísmo de grupo. Este es el punto de confluencia cultural e ideológica.