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¿Quién es el autor real del libreto?


Hemos podido observar que existen personas que se dirigen o conducen, durante sus vidas, atendiendo a la mera apariencia de las cosas. Son sujetos acientíficos, asistémicos, acríticos, algo así como "perezosos mentales", "ingenuos", que se han ontologizado o que se han convertido en arlequines de los demás. Todo cuanto escuchan u observan lo creen, lo mitifican, lo esoterizan y se niegan a toda posibilidad de construir la crítica.
En mis reflexiones cotidianas meditaba, hace poco, sobre esta clase de personas. Ellos me preocupan, porque son seres que se erigen o constituyen en verdaderos obstáculos a la concreta posibilidad del conocimiento. Se castran o mutilan, intelectualmente, quienes forman parte de ese ejército de hombres: los hombres hielos. Son seres fríos, indiferentes, poco importa, no analizan ni piensan y mucho menos reflexionan. Todo les parece coherente y acomodado a la actualidad. No hay nada, según ellos, nuevo; no existe nada que pueda ser descubierto. No hay teoría, conforme a ellos, que no haya sido ya objeto de tratamiento por pensadores del pasado.
Quede claro que ignorantes e instruidos pasan a formar parte de esas filas. Esto no tiene nada que ver con la concreta posibilidad del conocimiento, de la racionalidad y de la crítica reflexiva. Repito, miles y miles de profesionales, sin distinción del saber, son repetitivos, verdaderos juglares de lo que ya ha sido dicho o hecho. Nada les incita al análisis; nada les apasiona el intelecto; nada los compele a la búsqueda de verdades supremas, últimas y radicales: son sujetos afilósofos.
Viven diciendo permanentemente "sí" a todo. Ese no es el pecado: valga decir "sí" o "no", pero conociendo las razones y las motivaciones últimas y extremas que compelen a la afirmación o a la negación. Esa es la distinción que pondera la filosofía: auténtico amor a la sabiduría. Se trata de la "ansiedad filosófica", de los estados reflexivos de la naturaleza humana, de la "perplejidad" ante los acontecimientos o sucesos pero proyectando, siempre, la búsqueda incesante de las "razones" que nos disuaden o persuaden provocando en nosotros el convencimiento.
Son estas reflexiones, las de cabecera, las que nos han conducido a aportar esta expresión: ¿Quién está detrás del libreto? No se trata, obsérvese, de contestar a la interrogante: ¿Quién hizo o redactó el libreto?, sino de una muy específica: ¿Quién es el que está detrás del mismo? Esta pregunta conduce o nos obliga a que indaguemos siempre, ante todo problema, situación o circunstancia, sea en las relaciones personales o sociales, quién es el que determina o decide realmente las cosas. Esto es bueno para la mente aguda: aquella que no se conforma con lo que escucha o con lo que observa: siempre indagará qué o quién decide, algo así como procurar establecer "quién es el poder detrás del poder". Aconsejo, siguiendo en este sentido la línea de pensamiento del célebre Werner Goldschmidt, que demos aplicación a la Teoría del Reparto y así determinemos si lo que se reparte corresponde a las nociones de lo justo y de lo equitativo en un plano de dignidad y de perfecta igualdad.
Lo que se reparte siempre habrán de ser "bienes de interés individual o particular y bienes de interés social". No hay duda alguna en sostener, desde esta perspectiva, que el proceso judicial deviene en un modo de reparto que dilucida cuestiones propias de intereses individuales. Advierto que las cuestiones de mera constitucionalidad que pudieran afectar a grandes sectores de la sociedad no entrañan procesos, sino procedimientos constitucionales. El consejo que doy sirve a creyentes y a profanos, políticos y no políticos, ignorantes e intelectuales, serios y no serios, poetas e insensibles, dulces o amargados, humildes u orgullosos, sencillos y pedantes, ricos o pobres, hombres y mujeres.
Insisto, siempre debemos preguntarnos: ¿Quién está detrás del libreto? ¿Por qué es importante saberlo? Porque descubriendo quién, realmente, orquesta el libreto podemos emitir juicios de valor más apegados a la racionabilidad de las cosas y así, evitarnos decepciones o crearnos mitos y eufemismos que enloquecen o aturden a la razón. Sólo así evitaremos las conjeturas que surgen cuando se desconoce la verdadera relación entre causa y efecto. Luego, entonces, queda claro que respondernos a la interrogante planteada nos conduce a la crítica científica y sistémica propia de los hombres y mujeres que no se conforman con pertenecer a lo que podríamos llamar "masas acríticas".
El monto total para la primera fase de la será de B/.96 mil y la licitación de la empresa ya fue realizada el 5 marzo.

101 años de Panamá América

 
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