¿Quién es el Zar Anticorrupción?
Aveces los medios de comunicación crean los monstruos que después quieren destruir. O simplemente le dan un realce injustificado a un funcionario, para luego pedirle la renuncia porque no estuvo a la altura de las (falsas) expectativas que ellos mismos crearon a partir de errores y medias verdades. Esto último es lo que está ocurriendo, y va a ocurrir, con el ya famoso, y mal llamado "Zar Anticorrupción", quien es el resultado, no de la política de "Cero Corrupción" del actual gobierno, sino de la de "Cero Comprensión" por parte de reporteros y editores.
Como a nadie le gusta pelear con los medios, y los medios, a su vez, no están prestos a retractarse cuando se les sugiere amablemente que han tergiversado la verdad de los hechos, es probable que la onda expansiva de la equivocación cometida el lunes 18 de octubre en radio y televisión, y que tuvo su primera aparición en las rotativas al día siguiente, termine por vencer cualquier intento de enderezar el navío de la opinión pública. Ya se lo he advertido personalmente al propio Cristóbal Arboleda, el Zar en cuestión, que ha comenzado a comportarse como si en realidad él fuera el jefe máximo de la lucha anticorrupción. Este error que hoy disfruta, con la pose de un personaje de farándula, mañana podría ser fuente de lamentaciones para él, no menos que para el gobierno.
Las reacciones al nombramiento de la nueva figura han sido mixtas, hasta donde he podido constatar. Algunos piensan "¡qué bueno, ahora sí se van a meter presos a los corruptos!" (caso en el cual nuestro Zar va a causar una gran frustración dentro de poco tiempo), y otros, con mejor olfato y el ceño fruncido, se preguntan cómo es posible que el gobierno de Martín haya comenzado a crear cargos ineficientes que le restan seriedad a sus propuestas (caso en el que la noticia, dada en la forma que se dio, merma la credibilidad del discurso presidencial).
Pues bien, el Zar Anticorrupción es una invención de los medios y es innecesario entrar a determinar aquí cuál fue el medio que se equivocó primero. Todos han contribuido a enturbiar las aguas de la lucha anticorrupción y cada uno deberá hacer su examen interno. Si de allí resultara algún editor sin cabeza, entonces los medios se estarían aplicando los mismos estándares que exigen de los funcionarios objeto de su inflexible escrutinio. Después de todo, los medios de comunicación son empresas particulares dedicadas a asuntos públicos y nunca se puede sobredimensionar su importancia como formadores del ambiente público.
Pues bien, los hechos verdaderos son éstos. El lunes pasado, luego de que Transparencia Internacional, Capítulo de Panamá, presentara un diagnóstico de las instituciones que previenen e investigan la corrupción en Panamá, habló el Presidente de la República e hizo una serie de anuncios importantes. Como yo estaba presente en el acto y colaboré con la investigación presentada, puedo dar fe de que las palabras del mandatario fueron precisas y atinadas.
Lamentablemente, la página web de la Presidencia de la República no permite acceder al discurso que el mandatario pronunció ese día, pero sí el que hizo tres días después, cuando asistió al Primer Aniversario del Pacto Etico Empresarial de APEDE, y que reitera los puntos más importantes de la intervención del lunes 18. Arboleda ni siquiera fue mencionado en la alocución del jueves.
El contexto en que el Presidente mencionó al ex fiscal fue el siguiente: "No habrá borrón y cuenta nueva, lo que significa que el gobierno denunciará y facilitará todas las informaciones y documentos que requieran la Contraloría y el Ministerio Público, que son las instituciones que tienen la función constitucional de velar por la integridad del patrimonio público y perseguir los delitos, respectivamente. La lucha contra la corrupción es una política pública, y no la tarea de "una oficina de tercer nivel". (Estas fueron las palabras precisas del Presidente en una velada referencia a la Dirección Nacional contra la Corrupción creada por Moscoso en 1999 y de la cual nació la idea de que tendríamos un Zar anticorrupción). Según el Presidente, y cito de memoria, de lo que se trata es de crear un ambiente sano, en el que la función pública se ejerza con probidad y se perciba como tal, situación que hoy no existe. En efecto, y esto lo digo yo, la sospecha está siendo utilizada por los sospechosos mismos para menoscabar la legitimidad de las pesquisas que debe llevar a cabo el ministerio fiscal.
Con el objetivo de adelantar esta transformación, el Presidente anunció la creación de un Consejo Nacional de Transparencia contra la Corrupción, que dicho sea de paso, no es una Comisión ad-hoc, como la anterior que nombró Moscoso, y cuyo trabajo la propia Moscoso ignoró y entregó al olvido. El Consejo es una estructura permanente del Estado y es de carácter paritario (mitad gobierno, mitad sociedad civil). Allí se consultarán las decisiones fundamentales de política en cuanto a las cosas concretas que debe hacer la administración del Estado para prevenir la corrupción y hacer que se investigue y se castigue a los corruptos.
Dicho de otro modo, el Consejo se propondrá facilitar la investigación contra la corrupción, pero no investigará nada ni a nadie, porque el Ejecutivo tiene claro que esa es una tarea que en distintas facetas cumplen la Contraloría y el Ministerio Público.
Martín Torrijos explicó que designaba a Cristóbal Arboleda para que fungiese como secretario técnico de dicho organismo, lo cual es apropiado ya que los entes que tienen la tarea de formular políticas de Estado normalmente requieren de apoyo técnico.
No me cabe ninguna duda de que el ex fiscal Arboleda, a quien conozco desde hace 20 años, tiene la capacidad de hacer el trabajo que le ha pedido el Presidente y que dicho Consejo, por el elemento de participación ciudadana que contiene, puede aportar mucho para que la lucha anticorrupción se convierta en un eje institucional de toda la gestión pública y deje de percibirse como la excusa que tiene el grupo político vencedor en las elecciones para perseguir a los derrotados.
Pregunta: ¿Es el secretario técnico de un consejo consultivo un zar anticorrupción? Por supuesto que no, sobre todo porque Arboleda no tiene a nadie a quien pueda impartir órdenes de ningún tipo como no sea a sí mismo. El secretario no tiene recursos para luchar contra la corrupción; él es un recurso del Consejo en la lucha del Estado contra la corrupción. Es probable que el Consejo, por las recomendaciones que apruebe, pueda tener algún protagonismo; pero el secretario es una figura anónima que no tiene nada que expresar a los medios, salvo lo que determine el Consejo.
¿Significa esto que no hay nadie que lidere la lucha contra la corrupción en Panamá? No señor. Panamá sí tiene un zar anticorrupción, su nombre es Martín Torrijos Espino. El que proponga rebajar la jerarquía de los recursos que se necesitan en esta lucha, pierde de vista el tamaño real del problema y se hace el sordo a los reclamos de la sociedad. Porque, ¿quién sino el Presidente de la República para personificar la salud del país contra la peste que lo amenaza?
Como a nadie le gusta pelear con los medios, y los medios, a su vez, no están prestos a retractarse cuando se les sugiere amablemente que han tergiversado la verdad de los hechos, es probable que la onda expansiva de la equivocación cometida el lunes 18 de octubre en radio y televisión, y que tuvo su primera aparición en las rotativas al día siguiente, termine por vencer cualquier intento de enderezar el navío de la opinión pública. Ya se lo he advertido personalmente al propio Cristóbal Arboleda, el Zar en cuestión, que ha comenzado a comportarse como si en realidad él fuera el jefe máximo de la lucha anticorrupción. Este error que hoy disfruta, con la pose de un personaje de farándula, mañana podría ser fuente de lamentaciones para él, no menos que para el gobierno.
Las reacciones al nombramiento de la nueva figura han sido mixtas, hasta donde he podido constatar. Algunos piensan "¡qué bueno, ahora sí se van a meter presos a los corruptos!" (caso en el cual nuestro Zar va a causar una gran frustración dentro de poco tiempo), y otros, con mejor olfato y el ceño fruncido, se preguntan cómo es posible que el gobierno de Martín haya comenzado a crear cargos ineficientes que le restan seriedad a sus propuestas (caso en el que la noticia, dada en la forma que se dio, merma la credibilidad del discurso presidencial).
Pues bien, el Zar Anticorrupción es una invención de los medios y es innecesario entrar a determinar aquí cuál fue el medio que se equivocó primero. Todos han contribuido a enturbiar las aguas de la lucha anticorrupción y cada uno deberá hacer su examen interno. Si de allí resultara algún editor sin cabeza, entonces los medios se estarían aplicando los mismos estándares que exigen de los funcionarios objeto de su inflexible escrutinio. Después de todo, los medios de comunicación son empresas particulares dedicadas a asuntos públicos y nunca se puede sobredimensionar su importancia como formadores del ambiente público.
Pues bien, los hechos verdaderos son éstos. El lunes pasado, luego de que Transparencia Internacional, Capítulo de Panamá, presentara un diagnóstico de las instituciones que previenen e investigan la corrupción en Panamá, habló el Presidente de la República e hizo una serie de anuncios importantes. Como yo estaba presente en el acto y colaboré con la investigación presentada, puedo dar fe de que las palabras del mandatario fueron precisas y atinadas.
Lamentablemente, la página web de la Presidencia de la República no permite acceder al discurso que el mandatario pronunció ese día, pero sí el que hizo tres días después, cuando asistió al Primer Aniversario del Pacto Etico Empresarial de APEDE, y que reitera los puntos más importantes de la intervención del lunes 18. Arboleda ni siquiera fue mencionado en la alocución del jueves.
El contexto en que el Presidente mencionó al ex fiscal fue el siguiente: "No habrá borrón y cuenta nueva, lo que significa que el gobierno denunciará y facilitará todas las informaciones y documentos que requieran la Contraloría y el Ministerio Público, que son las instituciones que tienen la función constitucional de velar por la integridad del patrimonio público y perseguir los delitos, respectivamente. La lucha contra la corrupción es una política pública, y no la tarea de "una oficina de tercer nivel". (Estas fueron las palabras precisas del Presidente en una velada referencia a la Dirección Nacional contra la Corrupción creada por Moscoso en 1999 y de la cual nació la idea de que tendríamos un Zar anticorrupción). Según el Presidente, y cito de memoria, de lo que se trata es de crear un ambiente sano, en el que la función pública se ejerza con probidad y se perciba como tal, situación que hoy no existe. En efecto, y esto lo digo yo, la sospecha está siendo utilizada por los sospechosos mismos para menoscabar la legitimidad de las pesquisas que debe llevar a cabo el ministerio fiscal.
Con el objetivo de adelantar esta transformación, el Presidente anunció la creación de un Consejo Nacional de Transparencia contra la Corrupción, que dicho sea de paso, no es una Comisión ad-hoc, como la anterior que nombró Moscoso, y cuyo trabajo la propia Moscoso ignoró y entregó al olvido. El Consejo es una estructura permanente del Estado y es de carácter paritario (mitad gobierno, mitad sociedad civil). Allí se consultarán las decisiones fundamentales de política en cuanto a las cosas concretas que debe hacer la administración del Estado para prevenir la corrupción y hacer que se investigue y se castigue a los corruptos.
Dicho de otro modo, el Consejo se propondrá facilitar la investigación contra la corrupción, pero no investigará nada ni a nadie, porque el Ejecutivo tiene claro que esa es una tarea que en distintas facetas cumplen la Contraloría y el Ministerio Público.
Martín Torrijos explicó que designaba a Cristóbal Arboleda para que fungiese como secretario técnico de dicho organismo, lo cual es apropiado ya que los entes que tienen la tarea de formular políticas de Estado normalmente requieren de apoyo técnico.
No me cabe ninguna duda de que el ex fiscal Arboleda, a quien conozco desde hace 20 años, tiene la capacidad de hacer el trabajo que le ha pedido el Presidente y que dicho Consejo, por el elemento de participación ciudadana que contiene, puede aportar mucho para que la lucha anticorrupción se convierta en un eje institucional de toda la gestión pública y deje de percibirse como la excusa que tiene el grupo político vencedor en las elecciones para perseguir a los derrotados.
Pregunta: ¿Es el secretario técnico de un consejo consultivo un zar anticorrupción? Por supuesto que no, sobre todo porque Arboleda no tiene a nadie a quien pueda impartir órdenes de ningún tipo como no sea a sí mismo. El secretario no tiene recursos para luchar contra la corrupción; él es un recurso del Consejo en la lucha del Estado contra la corrupción. Es probable que el Consejo, por las recomendaciones que apruebe, pueda tener algún protagonismo; pero el secretario es una figura anónima que no tiene nada que expresar a los medios, salvo lo que determine el Consejo.
¿Significa esto que no hay nadie que lidere la lucha contra la corrupción en Panamá? No señor. Panamá sí tiene un zar anticorrupción, su nombre es Martín Torrijos Espino. El que proponga rebajar la jerarquía de los recursos que se necesitan en esta lucha, pierde de vista el tamaño real del problema y se hace el sordo a los reclamos de la sociedad. Porque, ¿quién sino el Presidente de la República para personificar la salud del país contra la peste que lo amenaza?