¿Quién es responsable de la actual crisis?
Durante los siete primeros años del mandato del presidente Bill Clinton, se experimentó un crecimiento y un desarrollo sostenido sin precedentes en aquel país, sin embargo, durante el último año de dicho mandato, la economía comenzó a experimentar un descenso vertiginoso, al punto que se vislumbraba y se decía lo que en efecto ha ocurrido. Tenemos que, por un lado, el descenso se inició en el período del mandatario exitoso y por el otro, el gobierno de Bush recibió al país en amplio deterioro económico. ¿A quién responsabilizar de tal situación? Definitivamente que a ninguno.
En Argentina encontramos un panorama muy semejante, por un lado el ex presidente Menem recibió a su país con una economía escalofriante, al punto que el presidente Alfonsín abandonó su mandato antes del término de su gobierno. Luego Menem logró encausar la economía tal como ha quedado en los anales de la historia de ese país, sin embargo, la economía argentina volvió a caer, pero en manos de quien la levantó; es así como por segunda vez, en el término de diez años más o menos, se repite el mismo episodio y corresponde ahora al presidente de la Rúa recibir al país en los mismos términos que lo recibiera el presidente Menem. ¿A quién culpar de tal hecho, si también Menem como Clinton fueron exitosos? Me aventaría a expresar que ninguno.
Panamá no escapa a los vaivenes de la política económica que viene socavando los cimientos mismos de las naciones pobres de nuestra América Hispana. La América Latina no está preparada para cambios tan abruptos como los que se están dando. El criterio de la gradualidad debió ser el derrotero que debimos seguir. Hace dos años, la presidenta Mireya Moscoso recibió la nave de la nación, en donde ya la economía había iniciado su descenso, ¿por qué no la detuvo en ese entonces quien ostentaba el poder? Muy sencillo. Cuando los fenómenos económicos se van a suceder, como está ocurriendo desde hace tres años, es difícil detenerlo y menos en un país como el nuestro, cuya economía gira alrededor de tantos otros y aún para lograrlo, corresponde a los países que lideran la economía del mundo vencer los obstáculos y diseñar nuevas estrategias. Cuando el gobierno de turno conoció los resultados electorales, se dio a la tarea de levantar muros que dificultaran la labor del nuevo gobierno. Este es un hecho conocido.
Con frecuencia escuchamos a personas duchas en los avatares económicos que cualquier medida económica que se implemente, mala o buena, muestra sus efectos, aproximadamente, dos años después de su puesta en marcha, por lo que si estamos a dos años más o menos de las acciones del gobierno anterior, entonces salta a la vista que esos efectos negativos es ahora cuando dando sus funestos frutos. Por otra parte, debemos ser consecuentes en que los primeros 12 meses de gobierno los ocupó la presidenta Moscoso tratando de diluir, en parte, el daño que se le dejó con propósitos aviesos.
Si el Gobierno de la Presidenta ocupó su primer año en demoler las barreras que pusieron a su paso para poder gobernar, y que ha sido después de ese primer año cuando ha iniciado la puesta en marcha de su programa de gobierno, tenemos que concluir que los efectos de sus gestiones se notarán al cabo de dos años de haberla iniciado y por haber perdido el primero, será al término de los próximos 12 meses cuando se notarán los efectos de su programa.
A diferencia de los casos de Clinton vs. Bush y de Menem vs. De la Rúa, que no se les puede imputar culpabilidad premeditada e inducida por tratarse de situaciones inevitables, el caso de Panamá difiere con el de los ejemplos expuestos, porque en este país sí podemos hablar de culpables, por cuanto que hubo medidas en donde prevaleció el cálculo, la premeditación, la alevosía, la ventaja, y como corolario, no permitieron la transición que cuatro años atrás permitió, en forma juiciosa, el presidente Endara.
Volviendo a la pregunta de este artículo, la respuesta salta a la vista, puesto que son muchas las medidas económicas de orden exógenas y endógenas que han contribuido y seguirán contribuyendo a la actual crisis, y que sin la menor duda, no son imputables a la presidenta Moscoso. Sin embargo, lo más importante que debemos destacar es que si los Estados Unidos, el monarca de la economía mundial por antonomasia, está frente a una elevada taza de desempleo, a una recesión, a ingentes problemas sociales por resolver, etc., ¿qué esperamos que ocurra en Panamá y en el resto de las naciones pobres de América Latina? Quiera Dios que jamás se repita la recesión de los años "30, porque la población que tiene el planeta no lo soportaría y menos lo soportarían las naciones del tercer mundo.
Todos los estadistas del mundo deben volver a la historia, como dijera Santayana y aprender de los hechos históricos y luchar a brazo partido, de tal suerte que no se repita jamás el holocausto económico de los años "30.
Si los panameños sin banderías políticas no unimos fuerzas en procura de mejores días para toda la nación, en donde el despuntar de cada día sea un bello aliciente para seguir luchando y en la medida en que comprendamos que la solución de los problemas sociales no es el "levántate y anda" que a Lázaro despertó, en esa misma medida podríamos seguir adelante y trazar planes con la vista en el horizonte de un porvenir venturoso, deponiendo diferencias políticas, liberándonos del resto de animalidad que llevamos latente, para que emerja un ser más humano y en donde el sentimiento de panameñidad se presente firme, sublime y permanente.
En Argentina encontramos un panorama muy semejante, por un lado el ex presidente Menem recibió a su país con una economía escalofriante, al punto que el presidente Alfonsín abandonó su mandato antes del término de su gobierno. Luego Menem logró encausar la economía tal como ha quedado en los anales de la historia de ese país, sin embargo, la economía argentina volvió a caer, pero en manos de quien la levantó; es así como por segunda vez, en el término de diez años más o menos, se repite el mismo episodio y corresponde ahora al presidente de la Rúa recibir al país en los mismos términos que lo recibiera el presidente Menem. ¿A quién culpar de tal hecho, si también Menem como Clinton fueron exitosos? Me aventaría a expresar que ninguno.
Panamá no escapa a los vaivenes de la política económica que viene socavando los cimientos mismos de las naciones pobres de nuestra América Hispana. La América Latina no está preparada para cambios tan abruptos como los que se están dando. El criterio de la gradualidad debió ser el derrotero que debimos seguir. Hace dos años, la presidenta Mireya Moscoso recibió la nave de la nación, en donde ya la economía había iniciado su descenso, ¿por qué no la detuvo en ese entonces quien ostentaba el poder? Muy sencillo. Cuando los fenómenos económicos se van a suceder, como está ocurriendo desde hace tres años, es difícil detenerlo y menos en un país como el nuestro, cuya economía gira alrededor de tantos otros y aún para lograrlo, corresponde a los países que lideran la economía del mundo vencer los obstáculos y diseñar nuevas estrategias. Cuando el gobierno de turno conoció los resultados electorales, se dio a la tarea de levantar muros que dificultaran la labor del nuevo gobierno. Este es un hecho conocido.
Con frecuencia escuchamos a personas duchas en los avatares económicos que cualquier medida económica que se implemente, mala o buena, muestra sus efectos, aproximadamente, dos años después de su puesta en marcha, por lo que si estamos a dos años más o menos de las acciones del gobierno anterior, entonces salta a la vista que esos efectos negativos es ahora cuando dando sus funestos frutos. Por otra parte, debemos ser consecuentes en que los primeros 12 meses de gobierno los ocupó la presidenta Moscoso tratando de diluir, en parte, el daño que se le dejó con propósitos aviesos.
Si el Gobierno de la Presidenta ocupó su primer año en demoler las barreras que pusieron a su paso para poder gobernar, y que ha sido después de ese primer año cuando ha iniciado la puesta en marcha de su programa de gobierno, tenemos que concluir que los efectos de sus gestiones se notarán al cabo de dos años de haberla iniciado y por haber perdido el primero, será al término de los próximos 12 meses cuando se notarán los efectos de su programa.
A diferencia de los casos de Clinton vs. Bush y de Menem vs. De la Rúa, que no se les puede imputar culpabilidad premeditada e inducida por tratarse de situaciones inevitables, el caso de Panamá difiere con el de los ejemplos expuestos, porque en este país sí podemos hablar de culpables, por cuanto que hubo medidas en donde prevaleció el cálculo, la premeditación, la alevosía, la ventaja, y como corolario, no permitieron la transición que cuatro años atrás permitió, en forma juiciosa, el presidente Endara.
Volviendo a la pregunta de este artículo, la respuesta salta a la vista, puesto que son muchas las medidas económicas de orden exógenas y endógenas que han contribuido y seguirán contribuyendo a la actual crisis, y que sin la menor duda, no son imputables a la presidenta Moscoso. Sin embargo, lo más importante que debemos destacar es que si los Estados Unidos, el monarca de la economía mundial por antonomasia, está frente a una elevada taza de desempleo, a una recesión, a ingentes problemas sociales por resolver, etc., ¿qué esperamos que ocurra en Panamá y en el resto de las naciones pobres de América Latina? Quiera Dios que jamás se repita la recesión de los años "30, porque la población que tiene el planeta no lo soportaría y menos lo soportarían las naciones del tercer mundo.
Todos los estadistas del mundo deben volver a la historia, como dijera Santayana y aprender de los hechos históricos y luchar a brazo partido, de tal suerte que no se repita jamás el holocausto económico de los años "30.
Si los panameños sin banderías políticas no unimos fuerzas en procura de mejores días para toda la nación, en donde el despuntar de cada día sea un bello aliciente para seguir luchando y en la medida en que comprendamos que la solución de los problemas sociales no es el "levántate y anda" que a Lázaro despertó, en esa misma medida podríamos seguir adelante y trazar planes con la vista en el horizonte de un porvenir venturoso, deponiendo diferencias políticas, liberándonos del resto de animalidad que llevamos latente, para que emerja un ser más humano y en donde el sentimiento de panameñidad se presente firme, sublime y permanente.