¿Quién quiere tumbar a Mireya?
El señor Mitchell Doens, de reconocida capacidad mercurial para pasar del neoliberalismo al anti-yankismo en cuestión de segundos, se ha referido recientemente al tema de un supuesto golpe contra la Presidenta de la República y acusa a los plutócratas y a los norteamericanos de estar detrás de la intentona. Previamente, en pleno uso de la paranoia que por derecho histórico tienen los viejos arnulfistas, el secretario de ese partido, Víctor Juliao, alertó sobre planes en marcha de figuras que no nombró para dar al traste con la presidencia de Mireya Moscoso.
¿A quiénes beneficia promover el rumor de un golpe de Estado? Este gobierno ha otorgado a los norteamericanos todo lo que le han pedido en materia de seguridad y ha sido más flexible y cooperador con ellos que la administración de Pérez Balladares.
No le conviene a los Estados Unidos, concentrados como están en el problema de los paisas, crear inestabilidad política en el país del canal que, además, tiene frontera con Colombia. Definitivamente los gringos no están interesados en un golpe.
¿Y la plutocracia? El término significa "gobierno de los ricos". En Panamá hay pocos ricos y muchos pobres, pero no hay un gobierno de los ricos. De hecho, hay ricos que son amigos de todos los gobiernos y se cambian el nombre con cada nuevo presidente. Por ejemplo, están los ricos reunidos en el grupo autodenominado "Los amigos de Mireya", dueños de un diario de la localidad, quienes antes se llamaban "Los amigos del Toro" y seguramente se presentarán en el año 2004 como "Los amigos de Martín". Existen los ricos alérgicos a la política que se dedican únicamente a tratar de seguir siendo ricos y aquellos que se involucran en ésta, se vuelven oposición y arriesgan su riqueza. Lo que definitivamente no hay es una clase social cohesionada y monolítica de ricos, planeando organizadamente tumbar a la Presidenta, ni este es un gobierno que adversa a los ricos. Por el contrario, los niveles de corrupción son tan altos en la gestión de Moscoso que, quien no sea rico ya, muy pronto podrá catalogarse como tal. Por tanto, la propuesta de Doens queda descartada.
Las razones de Juliao son más complejas y están relacionadas con el pésimo desempeño de su gobierno que hasta ahora se ha llenado la boca con la demagogia populista de el amor por los pobres, pero no ha dado soluciones reales a ningún problema social ni económico del país. La mejor defensa es el ataque, dice un viejo adagio, y en estos momentos en que un pueblo desilusionado critica el bajísimo desempeño del gobierno mireyista, nada mejor que malinterpretar intencionalmente las críticas y confundirlas con conatos de golpes. No, Sr. Juliao, nadie quiere en Panamá rotrotraer la democracia a etapas funestas de nuestra historia reciente, ni volver a vivir la tragedia del descalabro político. Ese apego a la democracia es la mejor garantía de que, pese a la profunda desesperación por la situación económica que estamos viviendo, nadie recurrirá a la subversión de la institucionalidad. Aunque se nos revuelva el estómago cada vez que conocemos de una nueva corruptela,, como la relacionada con las decoraciones navideñas de la ciudad capital, que apunta directamente a Palacio, la solución no es el golpe de Estado. Este está en la imaginación de los que lo predicen y es la excusa a su incapacidad manifiesta.
Ruego a Dios que ilumine a nuestra Presidenta y le permita corregir el rumbo que lleva, antes de que se profundice la crisis económica y social que ya se perfila en el horizonte de todos.
¿A quiénes beneficia promover el rumor de un golpe de Estado? Este gobierno ha otorgado a los norteamericanos todo lo que le han pedido en materia de seguridad y ha sido más flexible y cooperador con ellos que la administración de Pérez Balladares.
No le conviene a los Estados Unidos, concentrados como están en el problema de los paisas, crear inestabilidad política en el país del canal que, además, tiene frontera con Colombia. Definitivamente los gringos no están interesados en un golpe.
¿Y la plutocracia? El término significa "gobierno de los ricos". En Panamá hay pocos ricos y muchos pobres, pero no hay un gobierno de los ricos. De hecho, hay ricos que son amigos de todos los gobiernos y se cambian el nombre con cada nuevo presidente. Por ejemplo, están los ricos reunidos en el grupo autodenominado "Los amigos de Mireya", dueños de un diario de la localidad, quienes antes se llamaban "Los amigos del Toro" y seguramente se presentarán en el año 2004 como "Los amigos de Martín". Existen los ricos alérgicos a la política que se dedican únicamente a tratar de seguir siendo ricos y aquellos que se involucran en ésta, se vuelven oposición y arriesgan su riqueza. Lo que definitivamente no hay es una clase social cohesionada y monolítica de ricos, planeando organizadamente tumbar a la Presidenta, ni este es un gobierno que adversa a los ricos. Por el contrario, los niveles de corrupción son tan altos en la gestión de Moscoso que, quien no sea rico ya, muy pronto podrá catalogarse como tal. Por tanto, la propuesta de Doens queda descartada.
Las razones de Juliao son más complejas y están relacionadas con el pésimo desempeño de su gobierno que hasta ahora se ha llenado la boca con la demagogia populista de el amor por los pobres, pero no ha dado soluciones reales a ningún problema social ni económico del país. La mejor defensa es el ataque, dice un viejo adagio, y en estos momentos en que un pueblo desilusionado critica el bajísimo desempeño del gobierno mireyista, nada mejor que malinterpretar intencionalmente las críticas y confundirlas con conatos de golpes. No, Sr. Juliao, nadie quiere en Panamá rotrotraer la democracia a etapas funestas de nuestra historia reciente, ni volver a vivir la tragedia del descalabro político. Ese apego a la democracia es la mejor garantía de que, pese a la profunda desesperación por la situación económica que estamos viviendo, nadie recurrirá a la subversión de la institucionalidad. Aunque se nos revuelva el estómago cada vez que conocemos de una nueva corruptela,, como la relacionada con las decoraciones navideñas de la ciudad capital, que apunta directamente a Palacio, la solución no es el golpe de Estado. Este está en la imaginación de los que lo predicen y es la excusa a su incapacidad manifiesta.
Ruego a Dios que ilumine a nuestra Presidenta y le permita corregir el rumbo que lleva, antes de que se profundice la crisis económica y social que ya se perfila en el horizonte de todos.