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¿Quién será presidente en el año 2009?


SIN SER UN clarividente, ni nada que se le parezca, me atrevería a esbozar algunas ideas sobre quién podría ser el candidato ideal para el 2009, con opciones muy fuertes de ganar la elección presidencial. Panamá esta ávida de tener candidatos que le ofrezcan a la población un cambio drástico a lo que vive, que desde el punto de vista que se vea, ha seguido el mismo patrón desde 1990 cuando los norteamericanos, mediante la invasión, desalojaron del poder al General Noriega y sus secuaces.
El partido que gana, se olvida de las principales promesas que hizo. Critican al nepotismo cuando en la oposición; apenas llegan no les queda pariente sin nombrar, aunque no sirvan para taco de escopeta, como decía mi difunta suegra. Hablan de perseguir la corrupción, pero se tapan los ojos cuando alguno de los suyos coge lo que no debe, porque simplemente hay que darles otra oportunidad. Participan en toda clase de negocios desde el poder. Prometen despojarse de privilegios; apenas ganan, quieren ver cómo le sacan más a la Asamblea. Llenan al gobierno de sus amigos y arribistas de siempre, olvidándose de cuadros preparados que se fajaron por ellos.
Sean de oposición o de gobierno, olvidan su rol partidario durante los cuatro años anteriores a las campañas. En la Asamblea se confunden opositores con gobiernistas; nadie cuestiona nada y cuando lo hace, caso de la ampliación del Canal, lo hacen después como para salvar cara. Todos andan en busca de las odiosas prebendas; tienen más de 16 años discutiendo si a los que no asisten no se les debe pagar el día. No hay partidos haciendo propuestas, parecieran que han desaparecido. Sólo se mencionan cuando el Tribunal Electoral les dice que sus cuentas por el subsidio que reciben no están claras; incluyendo el que participé por 44 años y que supuestamente hacía todo bien.
Hace unos tres meses, en visita que realizara a Panamá el ex presidente de Chile, Patricio Aylwin, el primero de la democracia después de Pinochet, me invitaron a un almuerzo con él. A su pregunta de las ideologías existentes en Panamá, uno de los presentes, con gran seguridad en lo que decía, aseguraba que además de los pocos izquierdistas que existían, habían dos marcadas ideologías en el país: la social demócrata interpretada por el PRD y la social cristiana por el Partido Popular. Cual necio Pepito, pedí varias veces la palabra, mientras algunos explicaban al preclaro ex mandatario demócrata cristiano, que de seguro sabía muy bien lo que pasaba en Panamá, lo profundo de las ideologías en nuestro medio. Finalmente me concedieron la palabra, y le dije al amigo Aylwin que en Panamá la única ideología existente era la de "Washington", que todos los partidos estaban cortados con la misma tijera, y que prácticamente no existían más que diferencias personales entre ellos. Fui categórico al decir que el problema de los políticos era que nadie se atrevía a ser diferente a los demás.
Los presentes, sumidos en un cómplice silencio, aceptaban la realidad de un partido que, con sólo cinco diputados del ´84 al ´89, logró tenerlo todo en 1989, pero no supo seguir siendo diferente a los demás, y ahora, quizás por última vez en su historia, se debatirá entre la vida y la muerte, por no decir que la cerebral le habría llegado, aunque todavía el Tribunal Electoral lo mantenga en la lista de partidos vivos. Esto que menciono causará molestias a algunos, otros quizás hasta traidor me quieran llamar. Cumplo con la conciencia crítica que adquirí en mis tantos años en la Democracia Cristiana.
Ejemplos de lo que pinto aquí no hay que ir muy lejos para encontrarlos: la gente no quiere saber de los partidos tradicionales; de los que se parecen todos; de los que no van más allá de las promesas; de los que les resulta casi imposible ser diferentes a los demás. Si no, que lo pregunten a los venezolanos, a los ecuatorianos y a los bolivianos.

(* El autor es demócrata cristiano desde 1962.)

101 años de Panamá América

 
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