¿Quiénes darían un golpe de Estado en Panamá?
A pocos días de celebrarse la X Cumbre Iberoamericana, el secretario general del partido arnulfista y ministro de Obras Públicas, Ing. Víctor Juliao, declaró que existe una conspiración de "sectores políticos poderosos y del poder económico" para sacar de la presidencia a la Sra. Mireya Moscoso. El Ing. Juliao optó ( supongo que fue una decisión colectiva de la dirigencia arnulfista al considerar de suma gravedad la situación) por alertar a la opinión pública. Lo hizo en la víspera de la Cumbre y cuando el ambiente económico del país no está para recibir estas clases de noticias.
Después de tomada la decisión y hecho el anuncio saltan las preguntas derivadas de las graves declaraciones: ¿ Por qué y quién quiere y puede dar un golpe de Estado en Panamá? Y, después, bullen las conjeturas, las hipótesis y las especulaciones sobre tan delicado tema. Ya no existe Guardia Nacional, ni oficiales como el general Torrijos y Boris Martínez, situaciones similares a las de 1968, para dar un golpe, aunque por allí anden algunos ex uniformados de mentes afiebradas, haciendo coloquios para recordar los tiempos idos. En el movimiento popular y revolucionario del país no existe, hasta donde yo sé, una fuerza que se esté planteando la lucha armada para derrocar a los arnulfistas ni ala presidenta Moscoso. Las capas medias tampoco ganan ni pierden con una aventura de ese tipo, y la cúpula eclesiástica más mireyista no puede ser.
Descartados los anteriores actores políticos el espacio, se reduce entonces a dos sectores que anteriormente se han unido cuando sus intereses políticos y económicos se han visto afectados por el poder político. Nos referimos a los grupos económicamente poderosos del país y a ciertas agencias del gobierno estadounidense. Públicamente voceros de esos sectores plutócratas de Panamá han señalado que la Sra. Presidenta debe abandonar el poder por ser la causante de los males económicos que vivimos. De igual forma, medios, voceros de esos sectores, se han hecho eco de esas declaraciones. Algunos dirigentes políticos, más cautos por ser más viejos y más bichos, han sugerido una solución que calificamos de intermedia, ante la potencialidad de que se enrarezca el ambiente nacional, planteando que sería conveniente para la nación que la Presidenta nombre una especie de primer ministro que se encargue de los asuntos del gobierno.
No es secreto que los señores estadounidenses están disgustados con el gobierno actual por no habérsele cumplido acuerdos (de los que quizás podrían hablar el Premier y el Canciller) y por la bola negra que le han dado a algunos de los productos que se importan desde Estados Unidos, y por que el Gobierno Nacional, sorpresiva y agradablemente para mí (por ahora), no le da luz verde a las pretensiones de involucrar a Panamá en el Plan Colombia, lo que implicaría movimientos de tropas norteamericanas en el territorio panameño con status especiales que, como diría la periodista Betty Brennan, les daría facultades de hacer lo que les venga en ganas.
En el caso de que sean estos los sectores que tenía en mente el Ing. Juliao al momento de dar sus declaraciones sobre el supuesto golpe a la Sra. Moscoso, entonces la cosa es seria y no debemos permitirlo, porque no es verdad que todos los sacrificios de generaciones de panameños por darnos un país libre y soberano se vayan a tirar a la cesta por las pretensiones del Pentágono de involucrarnos en una lucha que lleva más de 160 años en Colombia, ni que porque a ciertos riquitos irresponsables del país, que incluso en las elecciones pasadas la apoyaron cuando era candidata, porque sus negocios no andan bien, tengan que meter al país en aventuras peligrosas de las cuales todos sabemos como comienzan, pero no como ni cuando terminan.
Al final lo que está en juego es si permitimos que se vuelva nuevamente a las prácticas del pasado oligárquico, donde por intereses económicos de clanes nacionales y por razones hegemónicas de los Estados Unidos se ponían y se quitaban presidentes; o si somos capaces de mantener el espacio que Torrijos abrió a las clases populares, a las capas medias e intelectuales, a los empresarios honestos y al pueblo en general de participar, democráticamente, en el ejercicio real del poder. A la plutocracia neo-oligárquica del país y a los sectores aventureristas norteamericanos que impulsan intervenciones, se les debe hacer entender que Panamá dejó de ser una hacienda al servicio de sus mezquinos intereses y que el resto de los panameños no somos marionetas que pueden manejar a sus antojos, como hacían en el pasado.
La denuncia del Ing. Juliao no deben tomarse a la ligera ni dejarla caer en saco roto y que es necesario, frente a los peligros anotados, que todas las fuerzas políticas y sociales organizadas del país se unan y hagan causa común contra cualquier acción que afecte el orden constitucional, los poderes establecidos, y a nuestra joven democracia darle garantías y apoyo para que la Sra. Presidenta se mantenga en su cargo, porque esa fue la voluntad soberana del pueblo panameño en las pasadas elecciones. Volver al pasado podría ser mil veces peor que los cuatros años que restan de gobierno a los arnulfistas.
Después de tomada la decisión y hecho el anuncio saltan las preguntas derivadas de las graves declaraciones: ¿ Por qué y quién quiere y puede dar un golpe de Estado en Panamá? Y, después, bullen las conjeturas, las hipótesis y las especulaciones sobre tan delicado tema. Ya no existe Guardia Nacional, ni oficiales como el general Torrijos y Boris Martínez, situaciones similares a las de 1968, para dar un golpe, aunque por allí anden algunos ex uniformados de mentes afiebradas, haciendo coloquios para recordar los tiempos idos. En el movimiento popular y revolucionario del país no existe, hasta donde yo sé, una fuerza que se esté planteando la lucha armada para derrocar a los arnulfistas ni ala presidenta Moscoso. Las capas medias tampoco ganan ni pierden con una aventura de ese tipo, y la cúpula eclesiástica más mireyista no puede ser.
Descartados los anteriores actores políticos el espacio, se reduce entonces a dos sectores que anteriormente se han unido cuando sus intereses políticos y económicos se han visto afectados por el poder político. Nos referimos a los grupos económicamente poderosos del país y a ciertas agencias del gobierno estadounidense. Públicamente voceros de esos sectores plutócratas de Panamá han señalado que la Sra. Presidenta debe abandonar el poder por ser la causante de los males económicos que vivimos. De igual forma, medios, voceros de esos sectores, se han hecho eco de esas declaraciones. Algunos dirigentes políticos, más cautos por ser más viejos y más bichos, han sugerido una solución que calificamos de intermedia, ante la potencialidad de que se enrarezca el ambiente nacional, planteando que sería conveniente para la nación que la Presidenta nombre una especie de primer ministro que se encargue de los asuntos del gobierno.
No es secreto que los señores estadounidenses están disgustados con el gobierno actual por no habérsele cumplido acuerdos (de los que quizás podrían hablar el Premier y el Canciller) y por la bola negra que le han dado a algunos de los productos que se importan desde Estados Unidos, y por que el Gobierno Nacional, sorpresiva y agradablemente para mí (por ahora), no le da luz verde a las pretensiones de involucrar a Panamá en el Plan Colombia, lo que implicaría movimientos de tropas norteamericanas en el territorio panameño con status especiales que, como diría la periodista Betty Brennan, les daría facultades de hacer lo que les venga en ganas.
En el caso de que sean estos los sectores que tenía en mente el Ing. Juliao al momento de dar sus declaraciones sobre el supuesto golpe a la Sra. Moscoso, entonces la cosa es seria y no debemos permitirlo, porque no es verdad que todos los sacrificios de generaciones de panameños por darnos un país libre y soberano se vayan a tirar a la cesta por las pretensiones del Pentágono de involucrarnos en una lucha que lleva más de 160 años en Colombia, ni que porque a ciertos riquitos irresponsables del país, que incluso en las elecciones pasadas la apoyaron cuando era candidata, porque sus negocios no andan bien, tengan que meter al país en aventuras peligrosas de las cuales todos sabemos como comienzan, pero no como ni cuando terminan.
Al final lo que está en juego es si permitimos que se vuelva nuevamente a las prácticas del pasado oligárquico, donde por intereses económicos de clanes nacionales y por razones hegemónicas de los Estados Unidos se ponían y se quitaban presidentes; o si somos capaces de mantener el espacio que Torrijos abrió a las clases populares, a las capas medias e intelectuales, a los empresarios honestos y al pueblo en general de participar, democráticamente, en el ejercicio real del poder. A la plutocracia neo-oligárquica del país y a los sectores aventureristas norteamericanos que impulsan intervenciones, se les debe hacer entender que Panamá dejó de ser una hacienda al servicio de sus mezquinos intereses y que el resto de los panameños no somos marionetas que pueden manejar a sus antojos, como hacían en el pasado.
La denuncia del Ing. Juliao no deben tomarse a la ligera ni dejarla caer en saco roto y que es necesario, frente a los peligros anotados, que todas las fuerzas políticas y sociales organizadas del país se unan y hagan causa común contra cualquier acción que afecte el orden constitucional, los poderes establecidos, y a nuestra joven democracia darle garantías y apoyo para que la Sra. Presidenta se mantenga en su cargo, porque esa fue la voluntad soberana del pueblo panameño en las pasadas elecciones. Volver al pasado podría ser mil veces peor que los cuatros años que restan de gobierno a los arnulfistas.