¿Quiénes decidirán las elecciones?
Han salido publicados varios artículos de opinión respecto a las proyecciones de las elecciones de mayo. En tales escritos, algunos connotados personajes de la política nacional y también amanuenses y alabarderos a sueldo con cargos "botellísticos", que no le hacen nada bien al país en estos momentos, se apasionan haciendo análisis sesgados que no toman en cuenta la evolución de la opinión pública panameña con relación a la conducta de los políticos que monopolizan el escenario. Con ello tratan de manipular a la ciudadanía sobre cómo tiene que votar, porque sus "sesudas" conjeturas son ley divina y por ende, qué se esperan de ellos, los votantes, para el 2 de mayo.
Es cierto que hay constantes históricas sobre el comportamiento electoral del panameño en los últimos 15 años cuando se dieron los primeros comicios en la transición de la dictadura a la democracia; pero ocurre además que hay cambios o giros en la tendencia del electorado de una competencia política a la siguiente.
Tenemos que en 1989 se pensaba que la ciudadanía no iría a votar masivamente y que aún así, la dictadura iba a poder completar un fraude porque el margen no sería tan amplio y manipularían los datos de las actas en las mesas de escrutinio. En 1994 se decía que el PRD era un "cadáver político" y que los 21 años de represión militar eran suficiente escarmiento para que menos del 20% del electorado le diera el favor al candidato de dicho partido.
En 1999 se pensaba que si la oposición se dividía ganaba el PRD al salir dos candidatos antigubernamentales en ese momento, Mireya y Alberto Vallarino. Ahora, en 2004, se dice que los militantes de los partidos grandes y su organización, así como el mito de "los arnulfistas salen debajo de las piedras a votar por el arnulfismo" y las "encuestas de carne y hueso", serán la nota que darán el triunfo al partido de gobierno. Con ello se presupone que sólo dos partidos recibirán la mayoría de los votos: el arnulfismo y el PRD. Es lógico, entonces, inferir que los no militantes o los llamados independientes son una mayoría aplastante que es la que decide quién se sienta en la silla presidencial en cada elección y que Mireya está allí por esos votantes.
En 1999, con la nueva situación electoral de revancha contra el gobierno PRD obtienen por primera vez un legislador en el 8-8 y casi obtienen un segundo cupo.
Para el 2004 es posible que se repita la situación de 1994, en cuanto a sufragios presidenciales aunque no para legislador pudiendo conservar una curul por residuo.
Los votos del arnulfismo de 1999 fueron en un 60% de electores no militantes o llamados independientes que no tienen un compromiso fuerte con banderías políticas partidistas. Ese mismo electorado se volcará ahora a dar doble voto castigo a los partidos mayoritarios principalmente en la capital y centros urbanos donde el voto es volátil y es mucho menos tradicionalista porque son electores sin "amarres". Las elecciones de 2004 se van a decidir en las ciudades de más habitantes. No valdrán tanto los "amarres" que se tengan en áreas rurales pequeñas.
Las concentraciones masivas tampoco son un termómetro fiel de la fidelidad de la ciudadanía. He escuchado más de una docena de anécdotas desde la famosa y publicitada "encuesta de carne y hueso" de la plaza Porras el 25 de enero pasado, en que personas fueron a la misma para poder "escaparse" y comprar en la Central o para echar el paseo desde Las Tablas y lograr comer gratis al mediodía o simplemente para que lo viera el jefe.
Tales anécdotas, escuchadas espontáneamente, me dan la plena seguridad de que el 2 de mayo va a darse una segunda gran rebelión silenciosa del electorado de los gamonales partidistas, hacia la candidatura de quien represente la sinceridad y la experiencia; en pocas palabras, votarán por lo seguro y lo conocido.
El 3de mayo veremos cuáles pronósticos habrá que tirar al basurero: los de la lógica o los de quienes desean seguir con la "pelechadera" descarada de los fondos públicos.
Es cierto que hay constantes históricas sobre el comportamiento electoral del panameño en los últimos 15 años cuando se dieron los primeros comicios en la transición de la dictadura a la democracia; pero ocurre además que hay cambios o giros en la tendencia del electorado de una competencia política a la siguiente.
Tenemos que en 1989 se pensaba que la ciudadanía no iría a votar masivamente y que aún así, la dictadura iba a poder completar un fraude porque el margen no sería tan amplio y manipularían los datos de las actas en las mesas de escrutinio. En 1994 se decía que el PRD era un "cadáver político" y que los 21 años de represión militar eran suficiente escarmiento para que menos del 20% del electorado le diera el favor al candidato de dicho partido.
En 1999 se pensaba que si la oposición se dividía ganaba el PRD al salir dos candidatos antigubernamentales en ese momento, Mireya y Alberto Vallarino. Ahora, en 2004, se dice que los militantes de los partidos grandes y su organización, así como el mito de "los arnulfistas salen debajo de las piedras a votar por el arnulfismo" y las "encuestas de carne y hueso", serán la nota que darán el triunfo al partido de gobierno. Con ello se presupone que sólo dos partidos recibirán la mayoría de los votos: el arnulfismo y el PRD. Es lógico, entonces, inferir que los no militantes o los llamados independientes son una mayoría aplastante que es la que decide quién se sienta en la silla presidencial en cada elección y que Mireya está allí por esos votantes.
En 1999, con la nueva situación electoral de revancha contra el gobierno PRD obtienen por primera vez un legislador en el 8-8 y casi obtienen un segundo cupo.
Para el 2004 es posible que se repita la situación de 1994, en cuanto a sufragios presidenciales aunque no para legislador pudiendo conservar una curul por residuo.
Los votos del arnulfismo de 1999 fueron en un 60% de electores no militantes o llamados independientes que no tienen un compromiso fuerte con banderías políticas partidistas. Ese mismo electorado se volcará ahora a dar doble voto castigo a los partidos mayoritarios principalmente en la capital y centros urbanos donde el voto es volátil y es mucho menos tradicionalista porque son electores sin "amarres". Las elecciones de 2004 se van a decidir en las ciudades de más habitantes. No valdrán tanto los "amarres" que se tengan en áreas rurales pequeñas.
Las concentraciones masivas tampoco son un termómetro fiel de la fidelidad de la ciudadanía. He escuchado más de una docena de anécdotas desde la famosa y publicitada "encuesta de carne y hueso" de la plaza Porras el 25 de enero pasado, en que personas fueron a la misma para poder "escaparse" y comprar en la Central o para echar el paseo desde Las Tablas y lograr comer gratis al mediodía o simplemente para que lo viera el jefe.
Tales anécdotas, escuchadas espontáneamente, me dan la plena seguridad de que el 2 de mayo va a darse una segunda gran rebelión silenciosa del electorado de los gamonales partidistas, hacia la candidatura de quien represente la sinceridad y la experiencia; en pocas palabras, votarán por lo seguro y lo conocido.
El 3de mayo veremos cuáles pronósticos habrá que tirar al basurero: los de la lógica o los de quienes desean seguir con la "pelechadera" descarada de los fondos públicos.