Quiero cumplir con las leyes y pagar mis impuestos, ¡y no puedo!
Panamá es percibido allende a las fronteras como un país moderno, eficiente, con un dinamismo creciente en su economía, con personas triunfadoras en el deporte, arte, ciencias, negocios, etc. He vivido varios años fuera y creo que es una percepción merecida. He vuelto a mi país, dispuesto a integrarme a la vida nacional. Empezando por cumplir con las leyes y me encuentro con situaciones kafkianas para hacerlo.
Me explico. Importé un auto de mi uso personal. Registrarlo y obtener las placas de circulación, ha sido un suplicio. Para empezar, en todas las dependencias que he tenido que visitar se utilizan las computadoras como maquinas de escribir. No hay transferencia electrónica de datos entre las distintas entidades involucradas, desde Aduanas, hasta el Municipio, pasando por la DIJ, Transito, etc. En segundo lugar, en todas las instancias, te piden fotocopias de todos los papeles. Te ponen plazos de quince días para cada trámite. Pero si no cumples los trámites en los 15 días, tienes que rehacer el camino, incurriendo en los costos correspondientes. ¡Nadie ha sabido explicarme el por qué los 15 días!
Para que la DIJ revise el auto, tienes que madrugar para conseguir uno de los 50 cupos que los excelentes funcionarios de la DIJ otorgan diariamente. La revisión empieza a las 8 de la mañana. Llegas a un patio sin pavimentar, al lado de los multifamiliares de Santa Cruz. De allí envían los documentos la siguiente semana (al menos, esa es la promesa) a una de las oficinas de Municipio, y en mi caso tuve que ir al Hatillo, a Plaza Concordia y, finalmente, a Parque Lefevre. No hay un aviso que te indique el proceso a seguir. Fui a la DIJ cuatro veces y la última, me dijeron que mis papeles no habían sido enviados al Municipio (estaban ahí desde antes de los carnavales), porque la Interpol tenía que verificar que el auto no es robado y estaban sin sistema, ni se sabía cuándo volvería a funcionar. Una pareja de periodistas españoles estaba varada hace 7 días, esperando que la INTERPOL revise que el auto que traen rodando desde Miami no es robado, para seguir viaje en barco a Suramérica. Si esto que cuento le ocurre a una sola persona, puede pasar por anecdótico, ridículo, risible o aún, motivo de bromas. Pero es muy serio. Las implicaciones económicas y sociales son importantes. Volví a llevar otro auto que traje del exterior. El procedimiento de revisión había cambiado, y era más complicado.
El Estado ha hecho inversiones en todas las dependencias en equipos electrónicos, pero si la tecnología no se aprovecha es un gasto, no una inversión. Si un auto o una importación entra a una base de datos en Aduanas, desde la cual las entidades que tienen que ver con esa mercancía, bien o servicio tienen acceso, se agilizan todos los procesos, se reducen los costos de transacción, se ahorran valiosas horas de trabajo, espacio en archivar documentos o microfilmarlos, y se facilita el pago de los contribuyentes, etc. Esto e tiene que ver directamente con la competitividad de la sociedad. Si una empresa tiene servicios eficientes, puede ofrecer mejores precios a los consumidores, sueldos a sus trabajadores, etc. Todos ganamos, nadie pierde.