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Quinto de Cuaresma


Paralelos pero con diferentes talantes corren dentro de nosotros los desarrollos en el tiempo, de la Cuarentena preparatoria de penitencia y ayuno y de la campaña política electorera.
Por supuesto ésta última aventaja en vistosidad externa, fotos de candidatos y candidatas sonrientes "en su mejor ángulo", también en ruidos callejeros, en entrevistas y cuasi debates televisivos y radiales donde todo el mundo pareciera que tuviera la solución a todos los eternos problemas de la comunidad.
La Cuarentena penitencial les queda a los que ubican al ejercicio electorero como algo necesario pero transitorio, efímero e impredecible a pesar de las encuestas y por lo tanto, entran dentro de sí para esporádicamente, sumarse a los que toman en serio este tiempo litúrgico "fuerte".
El relato de la resurrección de Lázaro termina la serie de los tres evangelios mayores de la catequesis prebautismal (Samaritana, Ciego de Nacimiento y Lázaro).
El evangelio de la resurrección de Lázaro, prenuncio de la de Jesús, y de nuestra propia resurrección, confiere su unidad a la liturgia dominical de hoy.
Aquel que otorgó a su Hijo el poder de llamar a Lázaro de entre los muertos hizo que habitara en nosotros el Espíritu de vida. El mismo Espíritu fue quien llevó a cumplimiento, el día de Pentecostés, la promesa que había hecho a Israel por medio del profeta Ezequiel, pero dándole una dimensión insospechada en los tiempos antiguos, no sólo ofrece la salvación a un pueblo, sino a todo hombre que dé acogida al Espíritu del Señor.
Por el bautismo resucitamos con Cristo y por Cristo. Si resucitamos no podemos vivir como si estuviéramos muertos, porque El se nos ha dado, El es la vida y nos ha dado la vida como a Lázaro.
"Los hechos de la Palabra son también palabras". Los milagros de Jesús tienen un sentido en sí mismos.
En realidad los sacramentos son la verdadera prolongación de los signos de Cristo. El Evangelio de Juan es ejemplar a ese propósito. Fue escrito en una iglesia que llevaba más de medio siglo sintiendo al Señor en su presencia sacramental. Así la multiplicación de los panes alude a la Eucaristía como alimento, la curación del ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro aluden al Bautismo como iluminación y como nueva vida.
Los sacramentos son la verdadera continuación de los milagros de Jesús, El quiso que sus milagros terrenos pervivieran como signos en la Iglesia. "El Señor cooperaba con ellos y confirmaba su palabra por medio de los signos que los acompañaban". (Mc. 16)

101 años de Panamá América

 
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