Reacción a escándalos financieros
Las repercusiones de los últimos escándalos financieros en los mercados de capitales en Estados Unidos han generado una ola de propuestas de reformas, algunas positivas y otros negativas. Es necesario identificar las causas de la crisis actual para poder tomar los correctivos apropiados; sin embargo, tomar medidas extremas para apaciguar a los inquietos puede acabar con uno de los principales motores de desarrollo de toda economía.
Primero fue el estallido del mercado de acciones de empresas que pretendían convertir al Internet en la nueva economía. Durante los noventa se lanzaron miles de compañías que iban a utilizar el Internet para todo tipo de propósito, desde vender artículos personales e inmobiliarios, hasta aplicaciones de computadora y películas. Prometieron economías y mejoras en la productividad que revolucionarían los negocios. Después de miles de millones de dólares en inversión, hoy son muy pocas las compañías que sobrevivieron el más sencillo de los exámenes: ¿La actividad produce suficientes ingresos para cubrir gastos?
Luego vinieron los escándalos de compañías como Enron y Global Crossing. Al parecer, las empresas, cuyas acciones se vendían en algunos casos a cincuenta veces las ganancias, estaban fabricando las pocas que tenían y escondían sus deudas en negocios satélites que no se recogían en sus estados financieros. En muchos casos, esas irregularidades fueron propiciadas, promovidas y hasta ocultadas por auditores, asesores financieros y abogados.
Lo anterior ha causado absoluta desconfianza en los mercados de capitales. Los inversionistas, que vieron sus portafolios de inversión crecer durante los noventa, han sufrido pérdidas significativas durante los últimos dos años, principalmente producto de la estampida en sus filas. Ellos, sin embargo, son en parte culpables de su propia suerte, toda vez que optaron por sumarse en el derroche sin hacer su tarea.
También han reaccionado los reguladores y legisladores, buscando señalar culpables, identificar deficiencias y dictar nuevas reglas del juego para evitar situaciones similares en el futuro. Este esfuerzo es saludable para los mercados, pero no debe desembocar en regulaciones extremas que limiten al libre mercado. Aunque no es perfecto, todavía es la mejor opción.
También reconoció que se registró un aumento del desempleo, lo que es un reflejo de la situación internacional.
El sociólogo y presidente del Centro de Estudio y Acción Social Panameño (CEASPA), Raúl Leis, consideró que la pobreza es un problema que requiere establecer cambios estructurales que trascienda los gobiernos.
Advirtió que Panamá es uno de los países que más recursos invierte en gasto social, pero no hay eficiencia ni trasparencia.
"Existe un divorcio entre los ingresos que se destinan a materia social y la pobreza, porque no debería existir ese alto porcentaje", sustentó.
Apuntó que este flagelo ha aumentado en los últimos 10 años del 37% al 41%, y no es culpa de los gobiernos, sino de cómo se ataca el problema.
Puntualizó que lo fundamental es redefinir la distribución de los ingresos y realizar cambios estructurales en el modelo de desarrollo del país.
"El problema de la pobreza es estructural, porque si no, lo hubiésemos solucionado con TELETON y otras actividades", acotó.
Bajo ninguna circunstancia se justifica que Panamá, con indicadores promedio mejores a los de la mayoría de los países en vías de desarrollo, presente índices de pobreza y condiciones de vida peores que otros con ingreso similar.
Al final el patrón sigue siendo el mismo: El 20% más rico de la población concentra más de la mitad de todo el consumo nacional y el 20% más pobre apenas logra adquirir el 3% del consumo total, lo que coloca a Panamá entre los países con mayor desigualdad en la distribución del ingreso del mundo.
Primero fue el estallido del mercado de acciones de empresas que pretendían convertir al Internet en la nueva economía. Durante los noventa se lanzaron miles de compañías que iban a utilizar el Internet para todo tipo de propósito, desde vender artículos personales e inmobiliarios, hasta aplicaciones de computadora y películas. Prometieron economías y mejoras en la productividad que revolucionarían los negocios. Después de miles de millones de dólares en inversión, hoy son muy pocas las compañías que sobrevivieron el más sencillo de los exámenes: ¿La actividad produce suficientes ingresos para cubrir gastos?
Luego vinieron los escándalos de compañías como Enron y Global Crossing. Al parecer, las empresas, cuyas acciones se vendían en algunos casos a cincuenta veces las ganancias, estaban fabricando las pocas que tenían y escondían sus deudas en negocios satélites que no se recogían en sus estados financieros. En muchos casos, esas irregularidades fueron propiciadas, promovidas y hasta ocultadas por auditores, asesores financieros y abogados.
Lo anterior ha causado absoluta desconfianza en los mercados de capitales. Los inversionistas, que vieron sus portafolios de inversión crecer durante los noventa, han sufrido pérdidas significativas durante los últimos dos años, principalmente producto de la estampida en sus filas. Ellos, sin embargo, son en parte culpables de su propia suerte, toda vez que optaron por sumarse en el derroche sin hacer su tarea.
También han reaccionado los reguladores y legisladores, buscando señalar culpables, identificar deficiencias y dictar nuevas reglas del juego para evitar situaciones similares en el futuro. Este esfuerzo es saludable para los mercados, pero no debe desembocar en regulaciones extremas que limiten al libre mercado. Aunque no es perfecto, todavía es la mejor opción.
También reconoció que se registró un aumento del desempleo, lo que es un reflejo de la situación internacional.
El sociólogo y presidente del Centro de Estudio y Acción Social Panameño (CEASPA), Raúl Leis, consideró que la pobreza es un problema que requiere establecer cambios estructurales que trascienda los gobiernos.
Advirtió que Panamá es uno de los países que más recursos invierte en gasto social, pero no hay eficiencia ni trasparencia.
"Existe un divorcio entre los ingresos que se destinan a materia social y la pobreza, porque no debería existir ese alto porcentaje", sustentó.
Apuntó que este flagelo ha aumentado en los últimos 10 años del 37% al 41%, y no es culpa de los gobiernos, sino de cómo se ataca el problema.
Puntualizó que lo fundamental es redefinir la distribución de los ingresos y realizar cambios estructurales en el modelo de desarrollo del país.
"El problema de la pobreza es estructural, porque si no, lo hubiésemos solucionado con TELETON y otras actividades", acotó.
Bajo ninguna circunstancia se justifica que Panamá, con indicadores promedio mejores a los de la mayoría de los países en vías de desarrollo, presente índices de pobreza y condiciones de vida peores que otros con ingreso similar.
Al final el patrón sigue siendo el mismo: El 20% más rico de la población concentra más de la mitad de todo el consumo nacional y el 20% más pobre apenas logra adquirir el 3% del consumo total, lo que coloca a Panamá entre los países con mayor desigualdad en la distribución del ingreso del mundo.