Reacciones estudiantiles
En la vida encontramos diferentes etapas, las cuales tienen, cada una de ellas, sus características. La juventud, con la adolescencia, llena de energía, de vivencias, de rebeldía, no importa contra quién, pero no está de acuerdo con las actitudes reposadas y pensadas de los adultos. Hemos soportado la violencia que los artesanos y los universitarios han querido demostrar, muchas veces sin razón, trastornando la vida entera de la ciudad cuando se les ocurre no dar clases, disturbando a los compañeros que buscan su preparación para tener una profesión y vivir mejor en el futuro.
Comprendo las inquietudes de los jóvenes, porque también lo fui y era bastante inquieta, a escondidas de mis padres; no tenía sosiego y siempre inventaba algo nuevo que debía llevar a cabo. Pero no recuerdo haber cerrado calles sin un objetivo determinado y justificado, sabiendo que está mal hecho. No es posible que los estudiantes de un colegio secundario porten armas dentro ni fuera del colegio; no es perdonable los diferentes espectáculo que han escenificado con estudiantes de otros colegios por medio de enfrentamientos entre ellos, ocasionando heridos y reyertas. Aparentemente son los mismos que lideran estos movimientos y que, ni las autoridades ni los sociólogos se han interesado en investigar la causa sobre reacciones a cualquier factor desencadenante.
Cada vez que los estudiantes del Artes y Oficios y de la Universidad de Panamá salen a la calle, se forma el desastre más grande en materia de tránsito. No es posible que un pueblo que desea y necesita trabajar, se vea obstaculizado por la violencia de esos grupos minúsculos. Durante la última manifestación, con el pretexto de que se les reintegrara al anterior director del plantel, las autoridades dejaron pasar demasiado tiempo para reaccionar. Fueron cinco horas que debimos soportar inconvenientes hasta que, finalmente, llegaron las fuerzas del orden y se llevaron a cuarenta estudiantes y cerraron indefinidamente el plantel. Los gobernantes no deben temer reacciones secundarias; tienen que actuar a como dé lugar, aún a expensas de costos políticos sin darse cuenta que, cada vez que ponen mano fuerte, son puntos positivos que gana el gobierno.
Repito, no quiero juzgar a los jóvenes rebeldes ni criticar a los que no lo son. Pero, tanto los estudiantes como padres de familia tienen una obligación con la sociedad que paga el funcionamiento de los colegios y, por lo tanto, tiene derechos sobre su funcionamiento. Los estudiantes deben saber que no son autónomos y que se deben a una sociedad que paga impuestos. Pero, la mayoría de las autoridades temen a la reacción de los estudiantes: los directores de los colegios temen los levantamientos y los rectores de la Universidad temen al rechazo para sus planes de trabajo y una posible reelección cuando finalice su período. En todas partes es igual; en los hogares, los niños buscan la autoridad de los padres; en las escuelas y universidades también necesitan sentir el peso de una autoridad para controlar sus energías y castigar sus desmanes. En toda la sociedad sucede igual: nos agrada sentir la fuerza de una mano que mande correctamente y que decida sobre el futuro y el desenvolvimiento del país o de una institución.
Es hora de poner orden en el país y no permitir desmanes con el pretexto de que son estudiantes y que estamos obligados a rendirles pleitesía. Pues, no. Los jóvenes tienen derechos, pero también tienen deberes y consideraciones, sobre todo con quienes pagan su educación y su formación para el futuro. En los medios escuché que muchos de los muchachos que detuvieron eran mayores de edad. ¿Qué hacían en un movimiento estudiantil? O las autoridades trabajan con mano fuerte, los medios de comunicación dejan de criticar cuando se los reprime o viene la anarquía que es lo que buscan pseudo líderes trasnochados que apadrinan estos movimientos. Mano fuerte.
Comprendo las inquietudes de los jóvenes, porque también lo fui y era bastante inquieta, a escondidas de mis padres; no tenía sosiego y siempre inventaba algo nuevo que debía llevar a cabo. Pero no recuerdo haber cerrado calles sin un objetivo determinado y justificado, sabiendo que está mal hecho. No es posible que los estudiantes de un colegio secundario porten armas dentro ni fuera del colegio; no es perdonable los diferentes espectáculo que han escenificado con estudiantes de otros colegios por medio de enfrentamientos entre ellos, ocasionando heridos y reyertas. Aparentemente son los mismos que lideran estos movimientos y que, ni las autoridades ni los sociólogos se han interesado en investigar la causa sobre reacciones a cualquier factor desencadenante.
Cada vez que los estudiantes del Artes y Oficios y de la Universidad de Panamá salen a la calle, se forma el desastre más grande en materia de tránsito. No es posible que un pueblo que desea y necesita trabajar, se vea obstaculizado por la violencia de esos grupos minúsculos. Durante la última manifestación, con el pretexto de que se les reintegrara al anterior director del plantel, las autoridades dejaron pasar demasiado tiempo para reaccionar. Fueron cinco horas que debimos soportar inconvenientes hasta que, finalmente, llegaron las fuerzas del orden y se llevaron a cuarenta estudiantes y cerraron indefinidamente el plantel. Los gobernantes no deben temer reacciones secundarias; tienen que actuar a como dé lugar, aún a expensas de costos políticos sin darse cuenta que, cada vez que ponen mano fuerte, son puntos positivos que gana el gobierno.
Repito, no quiero juzgar a los jóvenes rebeldes ni criticar a los que no lo son. Pero, tanto los estudiantes como padres de familia tienen una obligación con la sociedad que paga el funcionamiento de los colegios y, por lo tanto, tiene derechos sobre su funcionamiento. Los estudiantes deben saber que no son autónomos y que se deben a una sociedad que paga impuestos. Pero, la mayoría de las autoridades temen a la reacción de los estudiantes: los directores de los colegios temen los levantamientos y los rectores de la Universidad temen al rechazo para sus planes de trabajo y una posible reelección cuando finalice su período. En todas partes es igual; en los hogares, los niños buscan la autoridad de los padres; en las escuelas y universidades también necesitan sentir el peso de una autoridad para controlar sus energías y castigar sus desmanes. En toda la sociedad sucede igual: nos agrada sentir la fuerza de una mano que mande correctamente y que decida sobre el futuro y el desenvolvimiento del país o de una institución.
Es hora de poner orden en el país y no permitir desmanes con el pretexto de que son estudiantes y que estamos obligados a rendirles pleitesía. Pues, no. Los jóvenes tienen derechos, pero también tienen deberes y consideraciones, sobre todo con quienes pagan su educación y su formación para el futuro. En los medios escuché que muchos de los muchachos que detuvieron eran mayores de edad. ¿Qué hacían en un movimiento estudiantil? O las autoridades trabajan con mano fuerte, los medios de comunicación dejan de criticar cuando se los reprime o viene la anarquía que es lo que buscan pseudo líderes trasnochados que apadrinan estos movimientos. Mano fuerte.