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Realidad y esperanza


"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamientos, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo…", nos enseña García Márquez para tomarnos de la mano por el camino que nos permita unir esperanza y realidad en un presente único, como nos plantea Cortazar. Y de eso se trata, sin duda alguna: de la realidad y de la esperanza en la que pendulamos ahora que ya las cosas tienen nombre pero nos falta "señalarlas con el dedo".

Por ello, leyendo un interesante artículo que me remitió un amigo, y aprender que "Palimpsesto", según el diccionario significa: "Pergamino manuscrito cuya primera escritura ha sido borrada para escribir en él de nuevo"; y que: "Mirar en palimpsesto el pasado de una ciudad, o de un país, y mirar de la misma forma su presente, con su consecuente previsión del futuro, tendría que ser un deber ciudadano…", me he preguntado si los ciudadanos panameños, a ocho años de iniciado el presente siglo, estamos haciendo lo que nos corresponde como parte integrante de nuestros deberes ciudadanos.

Sin embargo, un recorrido por nuestra realidad, no debería permitir la evasión que realizan, ya de manera permanente, los sectores más llamados a contar con una visión activa y transformadora que nos acerque de manera efectiva, a los progresos sociales y políticos que vive la sociedad mundial de la cual formamos parte y que, nuestros gobernantes y los factores reales de poder por ellos representados, insisten y persisten en darle la espalda.

Las últimas decisiones de los Organos del Estado, en el marco de los últimos días del año que sirven para todo, producen espanto. Pero nada, ¡que la farsa política sigue su curso!, y abriéndole camino a la tragedia social que algunos anhelan para satisfacer su voracidad por el poder.

La esperanza es tan escasa como la sangre en los hospitales, como auditores para las auditorías pendientes ante tan generalizada corrupción; como la voluntad de mirar lo que ya nos ocurrió para que no se repita; como el convencernos que el acuerdo entre moral y política es no sólo necesario, es urgente y posible, y tenemos que alcanzarlo con acciones democratizadoras y cotidianas.

Estamos desperdiciando oportunidades preciosas de cambio y, con ello, apuntalando las repudiables inmoralidades de prácticas políticas que ya no deberíamos permitir, y de actuaciones que pretenden darle cuerda a un sistema que busca mantenernos a espaldas de la realidad, para que no creamos en la esperanza de días mejores… si recuperamos nuestra dignidad ciudadana y, actuamos!

101 años de Panamá América

 
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