Realidades e ilusiones eleccionarias
Ahora que está en marcha la maquinaria electoral que despejará sus "incógnitas" en cuanto a triunfos y fracasos en el mes de mayo próximo, presenciamos el espectáculo cuasi carnestoléndico en que en ordinario se concreten las elecciones nacionales de todas las categorías de cargos sujetos a votación popular. La partidocracia constitucional plasmada en la Carta Magna (monopolio de candidaturas en manos de los partidos políticos); un sistema electoral agujereado por innegables imperfecciones de facto y de jure; dos o tres partidos con fuerte caudal eleccionario y mayor número de colectivos políticos que a causa de su reducida membresía son partidos satélites; un imperio del personalismo en materia de candidatos, por ausencia total de calificación ideológica partidista; una cruda ambición por alcanzar triunfos eleccionarios, que caracteriza la transitoria movilización electoral, son las notas específicas que casi siempre han distinguido nuestras contiendas electorales del pasado siglo y que coloran la que hoy está en sus primeros vaivenes. El país se encuentra abrumado por una crisis total profunda, pues no hay sector del mismo que no muestre grandes fallas de eficiencia y de funcionamiento. Una existencia nacional que no ha podido ensayar posiciones de rectificación de problemas colectivos, y en lo que han fracasado los escasísimos y recientes intentos de aglutinamiento conforme a ideas que surgieron hace poco en grupos sociales constituidos ad hoc (los perfiles de lo que se columbra por algunos, que necesitamos para alcanzar metas de real progreso; un fallido planteamiento para hallar respuestas a los crímenes, a las atrocidades y a los enriquecimientos ilícitos de la dictadura torrijista y de la narcodictadura norieguista, etc.). Una podredumbre general que nos ahoga por todos los costados, como expresión de la acostumbrada sanguaza que corroe las venas del cuerpo social.
En contraste, un Centenario que tuvo algunas gotas de elixir positivo, muertas en la adelantada celebración poco digna de tal efeméride y en la concomitante indiferencia de la sociedad global.
Y ahora, recién salidos de los escarceos centenarios, que más bien fueron oportunidad para que se desatara una propaganda mercachifle que proponía triunfalismos huecos y cuando más sólo patrioteros; ahora, se reitera, nos abocamos al propagandismo del proceso eleccionario que culminará en el mes de mayo, con su chapucería tradicional, porque nada hay que pueda presagiar desenlaces alentadores y perspectivas de calado.
Sin embargo, también venimos presenciando una alta concentración de efigies personales por todo el país, de candidaturas fundadas en la ilusión de triunfos que se creen seguros (muchos son los llamados y pocos los elegidos, en el reino de los cielos), que algunos consideran ser "prueba de democracia".. quinquenal y de pocos meses.
Nosotros no somos ni pesimistas estructurales ni optimistas ilusos. La crítica social y política que formulamos es reflejo clásico (es decir, ni disminuido, ni exagerado) de las realidades con que vive nuestra nación, nuestra sociedad. Y si hacemos tal crítica, ello se debe a que nunca hemos abdicado, y jamás abdicaremos a un optimismo que nos alienta desde las honduras viscerales de nuestra historia.
En esa historia auténtica, el pueblo panameño siempre ha sido el protagonista colectivo de hechos históricos relevantes, naturalmente que no en crecido número, peor sí en escala suficiente para que mantengamos también un optimismo histórico, que no nos ha abandonado nunca y que hace la crítica de las circunstancias desfavorables, como podemos demostrarlo con nuestra obra en dos tomos denominada El 3 de noviembre de 1903 visto desde el Centenario, a la que sólo por prevención nos referimos, ya que quien nos puede considerar como pesimista debería leerla, a fin de que pueda experimentar cómo y por qué siempre hemos alentado un optimismo histórico, fundado en el periplo de siglos que ha recorrido el pueblo de Panamá, a partir de la colonia española.
Pasarán las elecciones; todo pasa; sólo el pueblo queda, con sus problemas insolutos y con su optimismo histórico, que algún día le dará la razón y sus compensaciones.
En contraste, un Centenario que tuvo algunas gotas de elixir positivo, muertas en la adelantada celebración poco digna de tal efeméride y en la concomitante indiferencia de la sociedad global.
Y ahora, recién salidos de los escarceos centenarios, que más bien fueron oportunidad para que se desatara una propaganda mercachifle que proponía triunfalismos huecos y cuando más sólo patrioteros; ahora, se reitera, nos abocamos al propagandismo del proceso eleccionario que culminará en el mes de mayo, con su chapucería tradicional, porque nada hay que pueda presagiar desenlaces alentadores y perspectivas de calado.
Sin embargo, también venimos presenciando una alta concentración de efigies personales por todo el país, de candidaturas fundadas en la ilusión de triunfos que se creen seguros (muchos son los llamados y pocos los elegidos, en el reino de los cielos), que algunos consideran ser "prueba de democracia".. quinquenal y de pocos meses.
Nosotros no somos ni pesimistas estructurales ni optimistas ilusos. La crítica social y política que formulamos es reflejo clásico (es decir, ni disminuido, ni exagerado) de las realidades con que vive nuestra nación, nuestra sociedad. Y si hacemos tal crítica, ello se debe a que nunca hemos abdicado, y jamás abdicaremos a un optimismo que nos alienta desde las honduras viscerales de nuestra historia.
En esa historia auténtica, el pueblo panameño siempre ha sido el protagonista colectivo de hechos históricos relevantes, naturalmente que no en crecido número, peor sí en escala suficiente para que mantengamos también un optimismo histórico, que no nos ha abandonado nunca y que hace la crítica de las circunstancias desfavorables, como podemos demostrarlo con nuestra obra en dos tomos denominada El 3 de noviembre de 1903 visto desde el Centenario, a la que sólo por prevención nos referimos, ya que quien nos puede considerar como pesimista debería leerla, a fin de que pueda experimentar cómo y por qué siempre hemos alentado un optimismo histórico, fundado en el periplo de siglos que ha recorrido el pueblo de Panamá, a partir de la colonia española.
Pasarán las elecciones; todo pasa; sólo el pueblo queda, con sus problemas insolutos y con su optimismo histórico, que algún día le dará la razón y sus compensaciones.