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Realismo


Lo hemos dicho antes, la construcción de cárceles y la reconstrucción de las existentes se requiere con urgencia. La inmensa cantidad de reclusos en ellas ha traído un sofocante hacinamiento, contagio de enfermedades terminales, atención médica difícil, sublevaciones, reyertas con saldo de heridos y muertos. Ante tan dantesco cuadro, las autoridades se ven en la necesidad de inventar fórmulas de desahogo: permisos  de salida y de trabajo, casa por cárcel, y hasta inmerecidas rebajas de penas con lo que se reinserta en el seno de la sociedad a delincuentes que volverán a las andadas, ya que las estadísticas han demostrado que, en su  mayoría, son reincidentes. Con todo y eso, el fatídico y funesto hacinamiento se agravará.

Los millones de dólares que correrán en nuestro país con motivo del ensanche del Canal constituirán un muy apetecible atractivo para toda clase de embaucadores, como brujos, charlatanes, falsos parapsicólogos, narcotraficantes y tumbadores, y hasta los más audaces ladrones, asaltantes y despiadados criminales. Y si ahora vivimos en zozobra, lo que se avecina es peor. Tendremos que encarcelar a más gente de la que encarcelamos ahora y que ya no demora en llegar. No es que seamos pesimistas, sino realistas. Tan sólo damos la voz de alerta, y más que un reclamo, imploramos acción.

101 años de Panamá América

 
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