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Realmente ms pobres que los ms pobres


ERRADICAR LA pobreza es un objetivo nacional acogido por los diversos actores sociales del país. Aunque en Panamá hemos realizado sustanciales esfuerzos por disminuirla, encuestas efectuadas en 1970, 1997 y 2003, reiteran, insistentemente, que poco menos del 40% de la población es pobre.
Peor aún, si consideramos además del consumo o el ingreso, el impacto que ejerce sobre los pobres el entorno socioeconómico y humano que los rodea, en numerosos cinturones urbanos las poblaciones serían impresionantemente más pobres que los más pobres. Entre 1997 y 2003 (según consumo) el número de pobres urbanos se incrementó en 59.8%, en la República se incrementó 10.6%.
Es acertado ponderar en qué medida ciertos escenarios urbanos contribuyen al empobrecimiento de la población y determinar qué tan pobres son realmente diversas poblaciones. Un entorno favorable aumenta el capital humano, por ejemplo, tener acceso a bibliotecas, escuelas, universidades, teatros, centros deportivos y de recreación, instalaciones de salud, eventos culturales y deportivos, diálogo, comida, medicinas, libros, servicios básicos, Internet, correo electrónico, empleo, oportunidades, crédito, justicia, iglesias, esperanza...
La pobreza es una condición inhumana en cualquier dimensión espacial (urbana, indígena, rural), pero tiene como agravante el entorno de numerosos cinturones urbanos, en los que se vive una guerra delincuencial entre pandillas que impacta a los moradores, los que además están afectados por múltiples problemas sociales. En muchos lugares se combinan ignorancia, deserción escolar, desempleo, pobreza, hambre, inseguridad, droga, enfermedad, robos, alcohol, violaciones carnales, promiscuidad, maltratos, cantinas, bodegas, corrupción, sobornos, irresponsabilidad paterna, maternidad infantil, prostitución, secuestros, linchamientos, apuñalamientos, tiroteos, revanchas, impunidad...
Debido al impacto de esos problemas, dables en cualquier estrato social, se están reproduciendo notoriamente el número de indigentes, locos, enfermos venéreos, lisiados, pandilleros, bandas, violadores, drogadictos, piedreros, alcoholitos, homicidas, secuestradores, meretricias, ladrones, narcotraficantes, convictos fugitivos, presidiarios, proxenetas, lo cual afecta en mayor medida a niños y jóvenes de numerosas fajas de pobreza urbana, que están atrapados en entornos extremadamente empobrecedores como los descritos, que le obstaculizan superar la pobreza.
Es preciso examinar la situación de los pobres como excluidos o desfavorecidos del escenario económico de la República (señalado entre los de mayor desigualdad estructural del orbe) e implementar en distintos conglomerados urbanos, programas de desarrollo social, orientados a erradicar los problemas delineados y la exclusión, con actividades de inserción a partir de la niñez y la juventud (los de mayores porcentajes de pobreza según edad), intentando servir al creciente número de pobres urbanos, que suman 370,840 (2003) y evitar que conmocionen. La OIT señala 35.7% de desempleo juvenil metropolitano en 2004.
Un programa consultado de Desarrollo Económico y Social con Valor Agregado (que organice, adecue e incorpore a la actividad productiva, pertinentemente remunerados a los excluidos en las diversas regiones del país), que plasme las políticas económicas y sociales que propicien una substancial expansión económica sostenida, la distribución equitativa de sus beneficios, implementado con respaldo de los diversos actores sociales (el Estado no cuenta con suficientes recursos para eliminar la pobreza), reducirá paulatinamente los efectos adversos de los entornos, el desplazamiento de pobres hacia las urbes y la exclusión. Sin esta incorporación, no disminuirá significativamente la pobreza.
Debido a la pobrísima situación de numerosos núcleos de población, en el campo y la ciudad, es pertinente implementar programas de ayuda pública directa transitoria, hasta la incorporación económica de sus beneficiarios. Es preciso avanzar en la reducción de la pobreza rural e indígena y simultáneamente frenar (atender) el extraordinario crecimiento de la urbana, que compagina con violencia y convulsión social (disturbios, enfrentamientos, resistencia, detenciones, zozobra), lo que a futuro afectará a los no pobres, las expectativas de crecimiento económico y nuestra forma de vida.
Se estima en más de tres millones los nacimientos vivos en Panamá entre 2005 y 2050. Habrá que invertir cuantiosos recursos en salud, educación y desarrollo humano, para afrontar el compromiso de formar mujeres y hombres sanos y preparados y hacer al país competitivo en un mundo crecientemente globalizado, lo cual debe ser convenientemente planificado. Debido a inconsistencias estructurales del entorno socioeconómico, 1.5 millones de estos niños serán pobres, si no tienen suficientes oportunidades para superar tal condición.
Es ineludible transformar ese entorno y mejorar integralmente al capital humano, la actividad productora y la administración pública, para adecuarlos a las exigencias de un mundo cambiante e inflexible (competitividad). Hagámoslo realidad.

101 años de Panamá América

 
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