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¿Rebaja de impuestos o propaganda preelectoral?


Con tanto por hacer y componer en el país, el Gobierno ha decidido decretar una rebaja de impuestos, que si bien beneficia a la clase media, es claro que sólo tiene el objetivo político de anzuelo para captar votantes para las elecciones. Es como un soborno a la clase media para que no critique las evasiones mayores de los ricos y la gula de los capitalistas que se están banqueteando aprovechando las bondades que ofrece Panamá, dejando sólo migajas y problemas aquí. Todo el que invierta en este país tiene derecho a recibir un rendimiento adecuado, pero vemos un abuso en pretender ganar una millonada y únicamente repartir centavos entre los nacionales.

Todos los que lucran en Panamá, que disfrutan de nuestra paz social, la alegría y del don de gente de los panameños, quienes solicitan que se mejore la seguridad, deben estar comprometidos a tributar los recursos para que esto que se solicita se pueda lograr. Hay un compromiso social tácito de todos los que habitamos en el país si se desea preservar el “status quo”, para tener una sociedad más justa, no sea que nos sorprenda un “Chávez “ del patio y nos haga dar marcha atrás en todo lo que hemos logrado avanzar, un fenómeno que no sería nuevo en el país, pues ya se vivió en 1968 con el golpe de estado de Omar Torrijos.

Ninguno de los que lucra en exceso se siente aludido con ese compromiso social que tenemos para mantener un país balanceado, donde todos puedan acceder a trabajos y sueldos dignos.  

Es responsabilidad del Gobierno, como regente de Estado, servir de catalizador en esta conjunción de fuerzas y propugnar por un mejor reparto de los ingresos en el país; es decir, hacer esfuerzos para achicar la brecha entre ricos y pobres, disminuir los niveles de pobreza con iniciativas creativas posibles. Sólo falta imaginación y deseos de trabajar, ya que el dinero, al parecer, sobra. Por ejemplo, podrían convertir a humildes indígenas que viven en las montañas, que son los que “tumban” los indicadores económicos del país, en reforestadores y fruticultores autosostenibles, que generen sus empleos en su comarca, o podríamos subsidiar el arroz cultivado en el país para mantener un precio accesible a las clases populares, y que el arroz Compita sea producido por nuestros campesinos y no que provenga de países donde se esclaviza a la gente para lograr esos precios; o, ¿por qué no subsidiar la afiliación al Seguro Social de los trabajadores informales para poderles  dar acceso a una jubilación y que no terminen siendo carga del Estado, o una mejora sustancial en la calidad de las cárceles.

Sabemos que la educación contribuye a mejorar los niveles socioeconómicos, pero en este país estamos empantanados con un sistema educativo deficiente con profesores y alumnos deficientes. Hagamos como en el Fútbol Nacional, traigamos personal calificado, instructores de otras latitudes que puedan enseñarle valores a educadores y educandos, y entonces, en poco tiempo, podremos ver una diferencia, tal como ha ocurrido con nuestro fútbol, en sorprendente superación en pocos años.

Sería bueno que en este gobierno alguien pensara en el beneficio de Panamá y pudiera implementar estas u otras iniciativas y desarrollarlas usando el cacareado superávit e invertirlo en el progreso estable de los panameños más humildes, no sólo en desarrollo momentáneo, superficial y cosmético como ocurre ahora.

Arturo Rebollón Hernández
Ingeniero Civil

101 años de Panamá América

 
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