Rebelión en Bocas
Más de una veintena de policías heridos, cuatro de ellos de gravedad y una decena de civiles golpeados con otros varios detenidos, fue parte del saldo de la violencia callejera que tuvo lugar terminando la semana pasada en Changuinola y Almirante, provincia de Bocas del Toro. El Ministro de Gobierno y Justicia, Héctor Alemán, calificó a los manifestantes de "facinerosos"; y podría tener razón, pero sólo parcialmente.
El duro término puede ser merecido si consideramos la magnitud maliciosa de las heridas infligidas a algunos agentes del orden. Un detalle que acredita este aserto, es el hecho que tres de ellos fueron secuestrados por algunas horas y, mientras yacían en manos de los manifestantes, fueron sujetos de maltrato, incluso hubo uno a quien le rompieron ambas piernas. Con seguridad, no volverá a caminar como antes y sufrirá por el resto de su vida de molestosos dolores.
Pero la anterior es tan sólo una visión parcial si no se examinan también los motivos de la revuelta que surgió de las entrañas de una población harta de abandono gubernamental, que no es de ahora, sino de siempre. De los índices de pobreza y la miseria que se palpa a flor de tierra es drámatica. Almirante parece Vietnam de tiempos de la guerra, con sus casuchas de madera y penca, y sus servicios que van al río. Los niños de abdomen pronunciados, los cuerpos enflaquecidos y ojos minados por la sub-alimentación; las calles de tierra que semejan paisajes lunares, ropas de arapo, etc. Aquello es una inmundicia.
Al lado de lo anterior está la difícil situación económica de la decadente industria bananera. Cada vez se paga menos por caja de fruta y es más difícil competir con otros países que le ganan a Bocas el mercado internacional, como Ecuador. Las restricciones de la Unión Europea, que favorecen el banano africano, tampoco ayudan. La industria está condenada al fracaso; y no hay un sólo esfuerzo serio para sustituirla.
De ese modo, el pueblo de Bocas ha perdido la esperanza; y la violencia es su manifestación más dramática. Por respuesta inmediata se requiere mayor atención, pero no sólo eso. Es menester laborar una estrategia a largo plazo que sustituya el mono cultivo con otra actividad económica de muchos empleos. Sugerimos el turismo en pleno por su efecto multiplicador e impacto social. La Isla Colón y alrededores es al respecto un buen ejemplo. Hay que elaborar desde ya una estrategia hacia ese objetivo, que incorpore a toda la comunidad. Los bananales pueden convertirse en sitios de atracción turística a donde se lleven a los visitantes por tren, con estaciones bien ubicadas que incluya interacción con los indígenas. Esa es sólo una sugerencia propuesta por la Hutchinson. Pero hay mucho más por hacer.
Según Bartlett, los trabajadores norteamericanos contratados aquí por empresas extranjeras ganan 16.5 por ciento por encima del sueldo promedio y un tercio de esos trabajos son industriales.
Aquellos ciudadanos que pierden su puesto porque la empresa decide mudar la operación al extranjero confrontan dolorosos ajustes, pero ¿acaso eso es razón suficiente para imponer barreras proteccionistas que afectan y empobrecen a toda la ciudadanía?
Revisemos nuestras estadísticas laborales.
El desempleo en septiembre fue 5.4%, uno de los más bajos del mundo. El desempleo en Francia es 9.4%, en Alemania 9.9%, en Italia 8.6% y en Canadá 6.6%.
El alboroto sobre el desempleo es porque estamos en año electoral y una de las maneras como los políticos alcanzan el poder es asustando a la gente. La próxima vez que oiga a un político despotricar por el desempleo, pregúntele a cuál país europeo debiéramos imitar en nuestras políticas de empleo.
La realidad es que Estados Unidos es el líder mundial en la creación de empleos y donde el mundo entero quiere invertir su dinero.
(*) Prof. de Economía de la Universidad George Mason y académico asociado de Cato Institute. www.aipenet.com
El duro término puede ser merecido si consideramos la magnitud maliciosa de las heridas infligidas a algunos agentes del orden. Un detalle que acredita este aserto, es el hecho que tres de ellos fueron secuestrados por algunas horas y, mientras yacían en manos de los manifestantes, fueron sujetos de maltrato, incluso hubo uno a quien le rompieron ambas piernas. Con seguridad, no volverá a caminar como antes y sufrirá por el resto de su vida de molestosos dolores.
Pero la anterior es tan sólo una visión parcial si no se examinan también los motivos de la revuelta que surgió de las entrañas de una población harta de abandono gubernamental, que no es de ahora, sino de siempre. De los índices de pobreza y la miseria que se palpa a flor de tierra es drámatica. Almirante parece Vietnam de tiempos de la guerra, con sus casuchas de madera y penca, y sus servicios que van al río. Los niños de abdomen pronunciados, los cuerpos enflaquecidos y ojos minados por la sub-alimentación; las calles de tierra que semejan paisajes lunares, ropas de arapo, etc. Aquello es una inmundicia.
Al lado de lo anterior está la difícil situación económica de la decadente industria bananera. Cada vez se paga menos por caja de fruta y es más difícil competir con otros países que le ganan a Bocas el mercado internacional, como Ecuador. Las restricciones de la Unión Europea, que favorecen el banano africano, tampoco ayudan. La industria está condenada al fracaso; y no hay un sólo esfuerzo serio para sustituirla.
De ese modo, el pueblo de Bocas ha perdido la esperanza; y la violencia es su manifestación más dramática. Por respuesta inmediata se requiere mayor atención, pero no sólo eso. Es menester laborar una estrategia a largo plazo que sustituya el mono cultivo con otra actividad económica de muchos empleos. Sugerimos el turismo en pleno por su efecto multiplicador e impacto social. La Isla Colón y alrededores es al respecto un buen ejemplo. Hay que elaborar desde ya una estrategia hacia ese objetivo, que incorpore a toda la comunidad. Los bananales pueden convertirse en sitios de atracción turística a donde se lleven a los visitantes por tren, con estaciones bien ubicadas que incluya interacción con los indígenas. Esa es sólo una sugerencia propuesta por la Hutchinson. Pero hay mucho más por hacer.
Según Bartlett, los trabajadores norteamericanos contratados aquí por empresas extranjeras ganan 16.5 por ciento por encima del sueldo promedio y un tercio de esos trabajos son industriales.
Aquellos ciudadanos que pierden su puesto porque la empresa decide mudar la operación al extranjero confrontan dolorosos ajustes, pero ¿acaso eso es razón suficiente para imponer barreras proteccionistas que afectan y empobrecen a toda la ciudadanía?
Revisemos nuestras estadísticas laborales.
El desempleo en septiembre fue 5.4%, uno de los más bajos del mundo. El desempleo en Francia es 9.4%, en Alemania 9.9%, en Italia 8.6% y en Canadá 6.6%.
El alboroto sobre el desempleo es porque estamos en año electoral y una de las maneras como los políticos alcanzan el poder es asustando a la gente. La próxima vez que oiga a un político despotricar por el desempleo, pregúntele a cuál país europeo debiéramos imitar en nuestras políticas de empleo.
La realidad es que Estados Unidos es el líder mundial en la creación de empleos y donde el mundo entero quiere invertir su dinero.
(*) Prof. de Economía de la Universidad George Mason y académico asociado de Cato Institute. www.aipenet.com