Receta médica para todo
Santiago de Chile (AIPE) - Eres un extremista, me dijeron, cuando en una columna planteé que, así como iban las cosas, muy pronto tendríamos que acudir al médico por una receta para poder tomar una agüita perra de menta o boldo, un té, un café o un mate.
No era una exageración y en estos días hemos visto el intento totalitario de la burocracia del Ministerio de Salud chileno para que las yerbas medicinales naturales sólo se puedan vender con receta médica. Los influyentes dirigentes de los indios mapuches lograron postergar esta aberración argumentando que ellos, automáticamente, se convertirían en delincuentes porque en sus ceremonias y prácticas culturales fabrican, consumen o usan variadas especies y mezclas de origen natural. Como seguramente la máquina represiva estatal tendrá éxito, los araucanos deberán en el futuro llevar a sus reuniones a uno o más médicos huincas con un talonario de boletas que se entregarán a los partícipes, seguramente a cambio de un modesto honorario. El día de mañana, si usted quisiera hacer un tecito en su casa o servir otra infusión, quizás le ocurra lo mismo. Para no hablar de lo que le pasará si practica la medicina naturista.
Como, en definitiva, casi todo lo que consumimos tiene alguna contraindicación, aumenta el colesterol o genera potencialmente algún daño, vamos a tener que vivir con un médico al lado que nos acompañe a los restaurantes, locales de comida rápida y hasta a nuestro hogar, donde se usan variados productos proclives a la obesidad, el cáncer, los infartos, la presión alta y otros males todavía por descubrir.
La violación que la burocracia hace de nuestra libertad y derechos obedece a las presiones del grupo de interés llamado Colegio Médico. Muchos de sus directivos han captado, como el mejor de los empresarios cabilderos, que invocando un noble fin -la salud- se pueden conseguir políticas públicas que les generen rentas indebidas, por la vía de aumentar artificialmente la demanda de sus servicios, como es el caso de la receta obligatoria, u obteniendo una protección a su trabajo limitando la libre entrada a su mercado. Esto último se consigue hostigando a los médicos extranjeros, oponiéndose a la creación de nuevas escuelas de medicina, imponiendo cuotas a las becas de postgrado y solicitando toda clase de acreditaciones, diplomas y excelencias. En una de éstas, para ejercer la medicina, van a exigir 20 años de estudios superiores y un examen de "resistencia", de un par de años, ante el propio Colegio.
Hay productos complejos que requieren de supervisión médica. Pero a éstos se han ido agregando los tranquilizantes, los antibióticos y muchos otros que por ignorancia sobre el tema desconozco. Ahora, las medicinas naturales y, pronto, las aguas perras.
Muchos doctores serios y de trabajo manifiestan en privado su crítica y dicen: "Son cosas de los funcionarios públicos y de los dirigentes del gremio". Pero, claro, son cosas que afectan nuestra libertad, encarecen la medicina, en especial para los pobres, y enrarecen la gestión pública en salud, ya que ésta parece obedecer sólo a los intereses corporativos de un grupo de presión. Se trata de restricciones a nuestros derechos constitucionales que se hacen sin ley, por simples resoluciones de funcionarios de tercera que viven de nuestros impuestos.
Habría que consultar a la gente sobre su opinión y gasto en recetas forzadas. Lo que no debe continuar es que la política de salud esté a cargo de un grupo de interés.
Decano de economía de la Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central.
No era una exageración y en estos días hemos visto el intento totalitario de la burocracia del Ministerio de Salud chileno para que las yerbas medicinales naturales sólo se puedan vender con receta médica. Los influyentes dirigentes de los indios mapuches lograron postergar esta aberración argumentando que ellos, automáticamente, se convertirían en delincuentes porque en sus ceremonias y prácticas culturales fabrican, consumen o usan variadas especies y mezclas de origen natural. Como seguramente la máquina represiva estatal tendrá éxito, los araucanos deberán en el futuro llevar a sus reuniones a uno o más médicos huincas con un talonario de boletas que se entregarán a los partícipes, seguramente a cambio de un modesto honorario. El día de mañana, si usted quisiera hacer un tecito en su casa o servir otra infusión, quizás le ocurra lo mismo. Para no hablar de lo que le pasará si practica la medicina naturista.
Como, en definitiva, casi todo lo que consumimos tiene alguna contraindicación, aumenta el colesterol o genera potencialmente algún daño, vamos a tener que vivir con un médico al lado que nos acompañe a los restaurantes, locales de comida rápida y hasta a nuestro hogar, donde se usan variados productos proclives a la obesidad, el cáncer, los infartos, la presión alta y otros males todavía por descubrir.
La violación que la burocracia hace de nuestra libertad y derechos obedece a las presiones del grupo de interés llamado Colegio Médico. Muchos de sus directivos han captado, como el mejor de los empresarios cabilderos, que invocando un noble fin -la salud- se pueden conseguir políticas públicas que les generen rentas indebidas, por la vía de aumentar artificialmente la demanda de sus servicios, como es el caso de la receta obligatoria, u obteniendo una protección a su trabajo limitando la libre entrada a su mercado. Esto último se consigue hostigando a los médicos extranjeros, oponiéndose a la creación de nuevas escuelas de medicina, imponiendo cuotas a las becas de postgrado y solicitando toda clase de acreditaciones, diplomas y excelencias. En una de éstas, para ejercer la medicina, van a exigir 20 años de estudios superiores y un examen de "resistencia", de un par de años, ante el propio Colegio.
Hay productos complejos que requieren de supervisión médica. Pero a éstos se han ido agregando los tranquilizantes, los antibióticos y muchos otros que por ignorancia sobre el tema desconozco. Ahora, las medicinas naturales y, pronto, las aguas perras.
Muchos doctores serios y de trabajo manifiestan en privado su crítica y dicen: "Son cosas de los funcionarios públicos y de los dirigentes del gremio". Pero, claro, son cosas que afectan nuestra libertad, encarecen la medicina, en especial para los pobres, y enrarecen la gestión pública en salud, ya que ésta parece obedecer sólo a los intereses corporativos de un grupo de presión. Se trata de restricciones a nuestros derechos constitucionales que se hacen sin ley, por simples resoluciones de funcionarios de tercera que viven de nuestros impuestos.
Habría que consultar a la gente sobre su opinión y gasto en recetas forzadas. Lo que no debe continuar es que la política de salud esté a cargo de un grupo de interés.
Decano de economía de la Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central.