Receta para un costoso desastre comercial
Nómbrese primero por nepotismo a una persona sin calificaciones, que no tenga la más mínima idea de comercio exterior, como embajador de Panamá ante la Unión Europea en Bruselas. El único requisito es que sea hermano de una política del partido gobernante convertida en candidata presidencial.
Luego de darse la buena vida en el puesto diplomático, abandone sus funciones en un momento crucial para las exportaciones panameñas. Tómese vacaciones y regrese al país a politiquear en la campaña de su hermana, que de todas maneras usted no sabe nada de comercio exterior.
Si la Unión Europea le advierte que el plazo para solicitar la renovación de las preferencias arancelarias en favor de las exportaciones panameñas está por expirar, no haga nada. Súbase al avión, que para eso tiene palanca en el gobierno.
De vuelta en Panamá, tómese una larga, larga siesta, que los despistados funcionarios del Ministerio de Comercio e Industrias, la Cancillería y hasta los propios exportadores interesados, o duermen el sueño de los distraídos o se encuentran todos en Babia.
Si por estar dormido o politiqueando fuera del puesto, se le quemó el cocinado -porque el plazo de renovación expiró y por culpa de su incapacidad los panameños perdimos el trato preferencial a nuestras exportaciones a Europa- despreocúpese. Pásele la sartén caliente al atolondrado gobierno, que buscará alguna tapa con qué esconder su gigantesca metida de pata.
Publique en los medios un absurdo comunicado sin pies ni cabeza, en donde se obvie mencionar que fueron las autoridades panameñas las negligentes en no solicitar la renovación a tiempo. Rechace con firmeza "la acción de la Unión Europea", como si los europeos tuvieran algo que ver con tamaña irresponsabilidad diplomática.
Ya en manos del gobierno, añada al cocinado chamuscado un saco entero de sal, para restregárselo al pueblo. Advierta que ante la crítica situación, el país debe subsidiar con decenas de millones a los exportadores. Claro, evite señalar que cada uno de esos millones saldrá del menguado bolsillo de los contribuyentes panameños.
Cuando la sartén explote, diga que sale de la cocina para irse en misión oficial a Europa a gestionar una solución imaginaria. Como sabe que tal misión no va a ningún lado, prepare un anteproyecto de ley para que la obediente Asamblea Nacional apruebe millonarios subsidios, "eurobonos", certificados de ahorro tributario (CAT) y así aplacar con recursos del Estado a los exportadores afectados, que al fin despertaron.
Siendo flagrantemente violatorios de las normas de la Organización Mundial del Comercio, ignore las demandas millonarias que esos subsidios ocasionarán a Panamá, porque para entonces este desgobierno ya habrá terminado. Será un nuevo cocinero electo el 3 de mayo el que deberá enfrentar las enormes deudas de este inmenso desastre y pagar por los platos rotos.