Rechacemos la corrupción
Históricamente, la aceptación del Estado constituye un consenso muy generalizado: lo rechazaba el anarquismo radical, pero incluso distintas concepciones marxistas admitieron las posibilidades que brindaba para las reivindicaciones de principios vinculados a la libertad y la justicia y la explotación inhumana en las concepciones económicas. Por supuesto, hubo alertas sobre la dominación del Estado por la burocracia y la necesidad de separar los poderes para evitar la concentración del mismo en una clase en particular, que a su vez pudiera absorber toda la sociedad.
En este contexto debemos aceptar que para alcanzar la consolidación del Estado se requiere garantizar la independencia política y económica de sus instituciones, intervenir en la búsqueda permanente de la paz y del resguardo de los derechos humanos, e impulsar el bienestar como único camino que otorgará a la población la fortaleza necesaria para superar la dependencia y el atraso.
A la luz de nuestra historia y de las actuales realidades, una alternativa posible para cimentar el Estado panameño es consolidar la democracia. A los panameños nos unen mucho más factores que los que nos dividen. Es más, en estos momentos estamos de frente ante un grave problema común, el de la corrupción, que pesa sobre nuestra economía, nuestra cultura, nuestra riqueza y sobre los valores ciudadanos. Hacer frente y prevenir la corrupción implica para nosotros la misma función impulsora de esfuerzos que tuvo la contienda contra la dictadura para quienes la padecimos. Debemos superar el problema de la corrupción por la única vía posible, que es el ejercicio de una democracia auténtica, y en ella la búsqueda de justicia, que sólo será eficaz mediante el adecentamiento de nuestras instituciones.
Debemos impulsar la voluntad de trabajar por el fortalecimiento de la democracia en Panamá, que nos permita alcanzar la verdadera liberación en el respeto a la dignidad de todos y asegurar la real soberanía de nuestro pueblo. Para lograrlo hay que evitar el miedo a estar en contra de la corriente política prevaleciente, sin transigir en nuestras convicciones, ni olvidar nuestros principios. El único pez que va siempre a favor de la corriente es el que muere.
En este contexto debemos aceptar que para alcanzar la consolidación del Estado se requiere garantizar la independencia política y económica de sus instituciones, intervenir en la búsqueda permanente de la paz y del resguardo de los derechos humanos, e impulsar el bienestar como único camino que otorgará a la población la fortaleza necesaria para superar la dependencia y el atraso.
A la luz de nuestra historia y de las actuales realidades, una alternativa posible para cimentar el Estado panameño es consolidar la democracia. A los panameños nos unen mucho más factores que los que nos dividen. Es más, en estos momentos estamos de frente ante un grave problema común, el de la corrupción, que pesa sobre nuestra economía, nuestra cultura, nuestra riqueza y sobre los valores ciudadanos. Hacer frente y prevenir la corrupción implica para nosotros la misma función impulsora de esfuerzos que tuvo la contienda contra la dictadura para quienes la padecimos. Debemos superar el problema de la corrupción por la única vía posible, que es el ejercicio de una democracia auténtica, y en ella la búsqueda de justicia, que sólo será eficaz mediante el adecentamiento de nuestras instituciones.
Debemos impulsar la voluntad de trabajar por el fortalecimiento de la democracia en Panamá, que nos permita alcanzar la verdadera liberación en el respeto a la dignidad de todos y asegurar la real soberanía de nuestro pueblo. Para lograrlo hay que evitar el miedo a estar en contra de la corriente política prevaleciente, sin transigir en nuestras convicciones, ni olvidar nuestros principios. El único pez que va siempre a favor de la corriente es el que muere.