Rechazo al indulto de Eduardo Herrera
Recientemente los universitarios y la sociedad civil fueron sorprendidos con la infausta noticia que el señor presidente Ernesto Pérez Balladares , otorgó indulto al gobernador de la provincia de Panamá, señor Eduardo Herrera, a quien se le seguía un proceso judicial por la violación a la autonomía universitaria, amenazas y desmanes cobardes en contra de los universitarios.
Mis primeras reacciones, que de seguro son compartidas, fueron una mezcla de sorpresa, perplejidad y sobre todo, un rechazo a tan abominable decisión. El señor presidente ha plasmado su firma en un documento que intenta conferirle indulto al subalterno que en su administración asumió transitoriamente la responsabilidad del hecho violatorio del recinto universitario y a los derechos humanos, con la seguridad del perdón, hoy día anunciado. Este funesto acontecimiento, que probablemente le produjo a los protagonistas la satisfacción de haber completado de esta forma, un insano sentimiento, a los universitarios nos indica la aceptación pública del nivel jerárquico desde el cual se ordenó, la entrada intempestiva de la fuerza pública a la Universidad de Panamá, violentando leyes contenidas en la Carta Magna y reiteradas en diversas legislaciones nacionales.
La autonomía no es una concesión otorgada en el tiempo a las universidades, por lo contrario, ha representado históricamente múltiples luchas para garantizar un recinto sagrado, que los pueblos se reservan, para erigir sus tribunas en donde debe prevalecer la libertad de ideología, de pensamiento y respeto mutuo, por mencionar algunos de los rasgos que definen el concepto autonomía.
El 9 de diciembre de 1998, esta institución fue embestida por la fuerza, acto que físicamente alcanzó a un par de centenares de universitarios y moralmente lastimó a miles de hombres y mujeres de todos los estratos sociales y de todas las ideologías, que en los claustros universitarios deponen sus intereses personales y partidarios y empuñan la bandera tricolor, como símbolo de confraternidad e identidad con los principios y misión de esta Primera Casa de Estudios Superiores.
Conocido los hechos de diciembre antes mencionados, las distintas organizaciones de la sociedad civil, hicieron sentir sus denuncias en forma pública, por los vejámenes a que fue sometida la Universidad, además, fueron múltiples y nutridas las voces de aliento y solidaridad por los ideales universitarios. También se recibieron mensajes y apoyo moral de organizaciones regionales y nacionales de Educación Superior.
Debo manifestarles, que el intento de indulto al señor Eduardo Herrera, anunciado por el señor Pérez Balladares, en modo alguno debe interpretarse como una bofetada en la otra mejilla de la comunidad universitaria. La Institución deberá continuar por los senderos del orden y las leyes, sin perder el derecho a expresar su absoluta disconformidad y rechazo ante esta acción de provocación, cuyo fin está dirigida a crear en el país un ambiente ingobernable.
La Universidad de Panamá invocará y aplicará los recursos legales a los que pueda recurrir y en su momento el peso de la ley y la historia, le confirmarán la fuerza de la razón que le asiste.
Las consecuencias que ocasionó a nuestra Universidad Rectora, la violación a su autonomía no es un caso que se cierra con la expedición de un indulto presidencial. Esta Institución cuenta con su Código de tica, que ha sido aplicado por el máximo órgano de co-gobierno, el Consejo General Universitario. El 23 de diciembre de 1998, el CGU acordó la colocación de una placa en sus campus universitarios, en todo el territorio nacional que expresa: "9 de diciembre de 1998, la autonomía universitaria fue ultrajada por la sinrazón de la fuerza. No permitamos que este acto abominable se repita, ¡nunca, jamás!"
Estas palabras contienen la gama de sentimientos que esa fecha nos evoca y que son rechazados por nosotros, por siempre.
Sólo me resta como creyente, invocar a Dios, para pedirle humildemente que nos brinde a todos los universitarios la fortaleza espiritual, madurez, comprensión y postura enérgica para que acontecimientos y provocaciones de esta magnitud, no desvíen nuestra respetada misión:
"La Universidad de Panamá es una institución estatal de Educación Superior, autónoma, inspirada en los más altos valores, cívicos, morales y éticos, lugar donde se piensa, se crea y se transmite cultura autóctona, nacional y abierta a las corrientes del pensamiento universal.
Existe para servir a la nación, al pueblo de Panamá, asumiendo su rol de liderazgo en la formación integral científica, tecnológica y humanística de sus estudiantes, dentro del marco de la excelencia académica, para convertirlos en profesionales, técnicos en actitud reflexiva y crítica, con capacidad de adaptación, que les permitirá transformar la sociedad y darle respuesta a las tareas que nos impone el desarrollo del país, para lo cual contará con un cuerpo docente y administrativo del más alto nivel de formación científico-técnica y ética."
Mis primeras reacciones, que de seguro son compartidas, fueron una mezcla de sorpresa, perplejidad y sobre todo, un rechazo a tan abominable decisión. El señor presidente ha plasmado su firma en un documento que intenta conferirle indulto al subalterno que en su administración asumió transitoriamente la responsabilidad del hecho violatorio del recinto universitario y a los derechos humanos, con la seguridad del perdón, hoy día anunciado. Este funesto acontecimiento, que probablemente le produjo a los protagonistas la satisfacción de haber completado de esta forma, un insano sentimiento, a los universitarios nos indica la aceptación pública del nivel jerárquico desde el cual se ordenó, la entrada intempestiva de la fuerza pública a la Universidad de Panamá, violentando leyes contenidas en la Carta Magna y reiteradas en diversas legislaciones nacionales.
La autonomía no es una concesión otorgada en el tiempo a las universidades, por lo contrario, ha representado históricamente múltiples luchas para garantizar un recinto sagrado, que los pueblos se reservan, para erigir sus tribunas en donde debe prevalecer la libertad de ideología, de pensamiento y respeto mutuo, por mencionar algunos de los rasgos que definen el concepto autonomía.
El 9 de diciembre de 1998, esta institución fue embestida por la fuerza, acto que físicamente alcanzó a un par de centenares de universitarios y moralmente lastimó a miles de hombres y mujeres de todos los estratos sociales y de todas las ideologías, que en los claustros universitarios deponen sus intereses personales y partidarios y empuñan la bandera tricolor, como símbolo de confraternidad e identidad con los principios y misión de esta Primera Casa de Estudios Superiores.
Conocido los hechos de diciembre antes mencionados, las distintas organizaciones de la sociedad civil, hicieron sentir sus denuncias en forma pública, por los vejámenes a que fue sometida la Universidad, además, fueron múltiples y nutridas las voces de aliento y solidaridad por los ideales universitarios. También se recibieron mensajes y apoyo moral de organizaciones regionales y nacionales de Educación Superior.
Debo manifestarles, que el intento de indulto al señor Eduardo Herrera, anunciado por el señor Pérez Balladares, en modo alguno debe interpretarse como una bofetada en la otra mejilla de la comunidad universitaria. La Institución deberá continuar por los senderos del orden y las leyes, sin perder el derecho a expresar su absoluta disconformidad y rechazo ante esta acción de provocación, cuyo fin está dirigida a crear en el país un ambiente ingobernable.
La Universidad de Panamá invocará y aplicará los recursos legales a los que pueda recurrir y en su momento el peso de la ley y la historia, le confirmarán la fuerza de la razón que le asiste.
Las consecuencias que ocasionó a nuestra Universidad Rectora, la violación a su autonomía no es un caso que se cierra con la expedición de un indulto presidencial. Esta Institución cuenta con su Código de tica, que ha sido aplicado por el máximo órgano de co-gobierno, el Consejo General Universitario. El 23 de diciembre de 1998, el CGU acordó la colocación de una placa en sus campus universitarios, en todo el territorio nacional que expresa: "9 de diciembre de 1998, la autonomía universitaria fue ultrajada por la sinrazón de la fuerza. No permitamos que este acto abominable se repita, ¡nunca, jamás!"
Estas palabras contienen la gama de sentimientos que esa fecha nos evoca y que son rechazados por nosotros, por siempre.
Sólo me resta como creyente, invocar a Dios, para pedirle humildemente que nos brinde a todos los universitarios la fortaleza espiritual, madurez, comprensión y postura enérgica para que acontecimientos y provocaciones de esta magnitud, no desvíen nuestra respetada misión:
"La Universidad de Panamá es una institución estatal de Educación Superior, autónoma, inspirada en los más altos valores, cívicos, morales y éticos, lugar donde se piensa, se crea y se transmite cultura autóctona, nacional y abierta a las corrientes del pensamiento universal.
Existe para servir a la nación, al pueblo de Panamá, asumiendo su rol de liderazgo en la formación integral científica, tecnológica y humanística de sus estudiantes, dentro del marco de la excelencia académica, para convertirlos en profesionales, técnicos en actitud reflexiva y crítica, con capacidad de adaptación, que les permitirá transformar la sociedad y darle respuesta a las tareas que nos impone el desarrollo del país, para lo cual contará con un cuerpo docente y administrativo del más alto nivel de formación científico-técnica y ética."