Reciedumbre Moral
Con la mejor intención de que los lectores que nos honran con la lectura de esta columna la compartan con sus hijos, hoy ofrecemos un ejemplar modelo de moral y de honradez del que supimos cuando éramos aún bastante jóvenes.
Hacía los finales de la década del los años 30 o comienzos de los años 40 del siglo pasado, había un médico panameño, famoso ginecólogo y muy respetada persona, llamado Luis Prieto.
En un viaje que hizo él a la ciudad de Colón, mostró interés en comprar un inmueble con cuyo dueño se puso en contacto. Fueron a verlo, y convinieron en la venta y el precio. Era un día viernes. El doctor Prieto le dijo al propietario y vendedor del edificio que regresaría el lunes con el cheque respectivo para pagarle e ir ante notario para formalizar la compraventa del edificio ya que aquel podría considerar el bien como vendido y regresó a Panamá.
Desventuradamente, en la noche del día sábado el edificio se incendió y quedó totalmente reducido a cenizas. El doctor Prieto, para sorpresa del propietario, se presentó el lunes ante él en Colón para entregarle el cheque extendido a su nombre por el valor que habían pactado y manifestándole que habiéndole empeñado su palabra, para él la compra era un hecho desde el viernes.