Recompensas de la justicia
El narcotraficante guatemalteco Otto Roberto Herrera García tiene repudiable notoriedad, en razón de que su nombre es conocido a nivel internacional, no por hechos constructivos dignos de elogio, sino por ser uno de los máximos exponentes de la más ruin de las industrias.
Según informaciones que se han hecho públicas por parte de representantes de la ley, su nombre está vinculado directamente al Cartel del Golfo, cuya actividad se realiza en el área centroamericana y, en unión del Cartel de Sinaloa, uno de los más poderosos y nefastos de México, lleva a cabo acciones nada recomendables desde Colombia hasta la tierra azteca.
Se le acusa de ser el jefe de la indicada organización delictiva que mucho daño hace, especialmente a las pintorescas y hospitalarias latitudes de Centroamérica.
Se le identifica como el cabecilla del tráfico de toneladas de drogas colombianas que pasan por Panamá y los demás países centroamericanos hasta llegar a México y, desde allí, a Estados Unidos; como también de lavar grandes cantidades de dinero, producto precisamente del narcotráfico que, mediante ingentes sobornos, compra la conciencia de autoridades sin escrúpulos para alcanzar impunidad. Se cree que tiene la protección de experimentados capos mexicanos.
Una prueba de la magnitud del dinero sucio que maneja este personaje de triste memoria es el siguiente y revelador hecho: las autoridades decomisaron en una de las residencias de Herrera García nada menos que 14 millones de dólares en efectivo que estaban guardados en dos cajas fuertes. Allí también se descubrió escrituras de numerosas fincas y otras inmuebles a su nombre.
A pesar de haber orden de captura en su contra, no se le detiene hasta la actualidad, desconociéndose su paradero.
Es por ello que el Gobierno de los Estados Unidos ha ofrecido una recompensa de dos millones de dólares a la persona que informe dónde se encuentra este malhechor
El recurso de la recompensa, como en este caso, es legal, acertado y recomendable; ha proporcionado magníficos resultados, si se analiza que mediante este método se capturó al sanguinario sátrapa Sadam Hussein y a principales capos colombianos y mexicanos, tan sólo por referirme a las más sonadas aprehensiones al respecto.
La atracción de jugosas recompensas posibilita obtener las informaciones reservadas e indispensables para llegar a las madrigueras de los malandrines que deben pagar a la sociedad por sus crímenes, a fin de que no imperen la inmunidad y la ilegalidad. Con ello, quedan sanos precedentes para la sana convivencia dentro del Estado de Derecho que constituye el fundamento de la civilización.
Según informaciones que se han hecho públicas por parte de representantes de la ley, su nombre está vinculado directamente al Cartel del Golfo, cuya actividad se realiza en el área centroamericana y, en unión del Cartel de Sinaloa, uno de los más poderosos y nefastos de México, lleva a cabo acciones nada recomendables desde Colombia hasta la tierra azteca.
Se le acusa de ser el jefe de la indicada organización delictiva que mucho daño hace, especialmente a las pintorescas y hospitalarias latitudes de Centroamérica.
Se le identifica como el cabecilla del tráfico de toneladas de drogas colombianas que pasan por Panamá y los demás países centroamericanos hasta llegar a México y, desde allí, a Estados Unidos; como también de lavar grandes cantidades de dinero, producto precisamente del narcotráfico que, mediante ingentes sobornos, compra la conciencia de autoridades sin escrúpulos para alcanzar impunidad. Se cree que tiene la protección de experimentados capos mexicanos.
Una prueba de la magnitud del dinero sucio que maneja este personaje de triste memoria es el siguiente y revelador hecho: las autoridades decomisaron en una de las residencias de Herrera García nada menos que 14 millones de dólares en efectivo que estaban guardados en dos cajas fuertes. Allí también se descubrió escrituras de numerosas fincas y otras inmuebles a su nombre.
A pesar de haber orden de captura en su contra, no se le detiene hasta la actualidad, desconociéndose su paradero.
Es por ello que el Gobierno de los Estados Unidos ha ofrecido una recompensa de dos millones de dólares a la persona que informe dónde se encuentra este malhechor
El recurso de la recompensa, como en este caso, es legal, acertado y recomendable; ha proporcionado magníficos resultados, si se analiza que mediante este método se capturó al sanguinario sátrapa Sadam Hussein y a principales capos colombianos y mexicanos, tan sólo por referirme a las más sonadas aprehensiones al respecto.
La atracción de jugosas recompensas posibilita obtener las informaciones reservadas e indispensables para llegar a las madrigueras de los malandrines que deben pagar a la sociedad por sus crímenes, a fin de que no imperen la inmunidad y la ilegalidad. Con ello, quedan sanos precedentes para la sana convivencia dentro del Estado de Derecho que constituye el fundamento de la civilización.