Reconstrucción de la Universidad
Es cierto que el país está sumido desde hace tiempo en una crisis estructural pero, gracias a Dios, hay personas preparadas, con fe, esperanza y muchas ganas de trabajar, capaces de realizar el trabajo constante y gris de las labores necesarias para que la reconstrucción se haga correcta y eficientemente. Hay que reconstruir muchos sistemas, entre ellos, "la Universidad". Sí, hay que sacar a la luz este tema, tantas veces esquivado y olvidado por lo problemático; pero que es por su propia naturaleza, de primerísimo orden y a la altura de los tiempos en que vivimos, resulta imposible postergarlo para "mejores tiempos" o para cuando las "cosas se calmen".
La reconstrucción de la Universidad no puede entenderse como la simple corrección de situaciones que se generan en la misma. La Universidad debe de encontrar su verdadero papel dentro de la sociedad. Si nos quedamos en la corrección antes mencionada, modificaremos ésta en una forma interesada y chabacana, y al final caeremos en lo mismo, honrando la frase de Santayana. No pretendo establecer, bajo ningún concepto, que antes no se ha hecho algo al respecto. La labor realizada ha sido enorme, pero los tiempos y las circunstancias cambian. Ya no se puede sólo observar alegremente lo que se está haciendo en las universidades de países más avanzados que el nuestro, acción que en sí misma no es censurable, pero lo que no podemos creer es que al hacer esto, nos eximimos de resolver nuestros problemas y generar nuestro destino.
Si copiamos, eludimos el esfuerzo creador -cosa nefasta para un país como Panamá, en vías de desarrollo - ya que plagiamos lo que otras naciones hicieron. Estas, pensando y actuando, resolvieron sus problemas y necesidades, los cuales no necesariamente se identifican con los nuestros. Podemos acercarnos en busca de información, investigación, conocimientos, pero no buscando modelos para ser implantados per se en este país, basándonos en que funcionaron en otros.
El hombre nace en una época y desarrolla su vida en un nivel determinado de la evolución del destino humano. Si planteamos el concepto de cultura como el sistema vital de ideas de cada época, podemos deducir que para realizarse plenamente en su tiempo, el hombre tiene que tener un conocimiento cabal de este sistema vital de ideas; es decir, tiene que ser culto. Ser poseedor de la idea física, histórica, social, moral y filosófica de la época y el mundo en que vive, para poder comprenderlo e interactuar con él y en él; y para intentar, si es buena persona, dejarlo un poco mejor de cómo lo encontró.
Si bien es cierto que el proceso cultural se inicia desde que el hombre nace, se debe comprender el hecho de que durante sus primeros años de vida - niñez y adolescencia - comienza a recibir una gran cantidad de información que tiene que procesar e intentar asimilar en algo coherente, que le vaya dando la capacidad de percepción y de asimilación del mundo que le rodea y que actúa sobre él. Este proceso, bien realizado, prepara al joven en forma adecuada para su ingreso a la Universidad. Si no es bien realizado, el estudiante llega a la universidad siendo "un banco de datos, fechas y conocimientos", bastante inmaduro y con una mente en formación, lleno de dudas y lagunas, en algunos casos más bien mares..., sin comprender cabalmente quién es ni qué se espera de él, inseguro ante la vida, ante el mundo que le rodea y en esas condiciones tiene que tomar una decisión tan seria e importante para él, como es la elección de lo que va a hacer con su futuro.
La Universidad, hoy, cumple con dos funciones básicas: 1- Brinda la enseñanza/instrucción superior que debe recibir el hombre medio para que pueda actuar dentro de nuestra sociedad, como profesional de alguna disciplina específica. 2- Intenta hacer algo en el campo de la Investigación, y digo intenta, no por el hecho de que no posea las personas adecuadas que puedan llevar adelante los proyectos, sino porque la investigación, sobre todo la científica, conlleva normalmente ingentes sumas de dinero que no se le proporciona a la universidad, ni ella está en capacidad de generarlas. Esto tiene cierta lógica, ya que en Panamá, con amplia trayectoria comercial y de servicio por ahora, es más fácil vender y comprar que pensar.
También existen dentro de la universidad organismos que realizan labores de los más variados géneros. Mas, no se percibe a ciencia cierta su impacto dentro del estamento estudiantil, ya que más bien se dan como actividades aisladas que dan un barniz cultural al sistema universitario. Actualmente es un pálido reflejo del concepto que generó a la Universidad en el Medioevo. Se ha empobrecido tanto que sólo enseña disciplinas profesionales, con ligeras pinceladas de algo que se llama investigación e incluye en su curricula las mal llamadas asignaturas de "cultura general", intentando paliar así la falta de cultura de los educandos. Los estudiantes, al pasar por las aulas, se podrán convertir en sabios en alguna disciplina profesional; pero continuarán en el nivel de incultura que tenían cuando ingresaron a la misma. Por lo que les será difícil comprender las épocas que les precedieron, la época en que viven y proyectar los cambios necesarios a realizar en el futuro para que nuestra sociedad pueda seguir avanzando y evolucionando hacia un mejor futuro, en una forma apacible y tranquila.
Lo lamentable del caso es que entre estos sabios en disciplinas profesionales pero hombres incultos, emergerán, la mayoría de las veces, las personas que van a dirigir a nuestra sociedad hacia el mañana; y como les resulta muy difícil hacer proyecciones a través de planteamientos racionales, utilizarán en su lugar lo que les queda más a mano, el instinto, convirtiéndose en cómplices de elementos inescrupulosos que los manipulan a través de prebendas materiales y pasionales. Mediando el factor suerte, algunos de estos sabios, inquietos intelectualmente, se culturizarán por motivación propia y tendremos buenos dirigentes. En caso contrario, las palabras sobran.
La Universidad debe de estar en plena capacidad de interactuar con la sociedad en la que se encuentra inmersa, pero no sólo a través del claustro de profesores y del sector administrativo. Se debe incluir al estamento estudiantil, haciéndole pasar de elemento pasivo a activo en esta interacción. La universidad, como un todo, debe de ser capaz de comprender la época en que vive, el mundo y la sociedad que la rodea. Debe de ser el motor que conduzca a la sociedad a niveles más elevados, transmisora de cultura, preocupada por que sus estudiantes comprendan el sistema vital de ideas que mueve nuestro tiempo, para devolver a la sociedad hombres cultos y responsables, magníficos profesionales que comprendan su razón de ser dentro de la sociedad y que sean agentes de cambio reales y acertados dentro de la misma, logrando su superación. Debe ser la conciencia crítica de la Nación, convirtiéndose en la fuente de ideas en donde todos puedan beber.
Es imperativo para la existencia de La Universidad, entre otras, su condición de sobriedad, realismo y sinceridad, sin exigencias que no pueda dar ni condiciones que no pueda cumplir, centrada en el estudiante y no convertirse en una Torre de Marfil de profesores y administrativos. Debe comprender cuál es la vida efectiva de nuestra sociedad, con sus ineludibles urgencias y necesidades, y hacia eso dirigirse. La Universidad que se propone no es estática, por el contrario, es cambiante, siempre a la altura de los tiempos en que está inmersa, siempre en primera línea, dando la talla y cumpliendo su misión. La tarea no es fácil y requiere de análisis profundos de personas que piensen, que piensen bien y en la dirección correcta lo que, aunado a un arduo trabajo, al final dará por resultado lo que se propone.
El verdadero y único recurso que posee la nación somos los panameños. Si sabemos quiénes somos, si entendemos el mundo y la época que nos toca vivir; si sabemos hacia dónde queremos ir y nos preparamos de manera acorde, utilizaremos responsablemente los otros recursos que nos ha dado Dios y la Naturaleza para conseguir los fines que nos hemos propuesto como nación.
La reconstrucción de la Universidad no puede entenderse como la simple corrección de situaciones que se generan en la misma. La Universidad debe de encontrar su verdadero papel dentro de la sociedad. Si nos quedamos en la corrección antes mencionada, modificaremos ésta en una forma interesada y chabacana, y al final caeremos en lo mismo, honrando la frase de Santayana. No pretendo establecer, bajo ningún concepto, que antes no se ha hecho algo al respecto. La labor realizada ha sido enorme, pero los tiempos y las circunstancias cambian. Ya no se puede sólo observar alegremente lo que se está haciendo en las universidades de países más avanzados que el nuestro, acción que en sí misma no es censurable, pero lo que no podemos creer es que al hacer esto, nos eximimos de resolver nuestros problemas y generar nuestro destino.
Si copiamos, eludimos el esfuerzo creador -cosa nefasta para un país como Panamá, en vías de desarrollo - ya que plagiamos lo que otras naciones hicieron. Estas, pensando y actuando, resolvieron sus problemas y necesidades, los cuales no necesariamente se identifican con los nuestros. Podemos acercarnos en busca de información, investigación, conocimientos, pero no buscando modelos para ser implantados per se en este país, basándonos en que funcionaron en otros.
El hombre nace en una época y desarrolla su vida en un nivel determinado de la evolución del destino humano. Si planteamos el concepto de cultura como el sistema vital de ideas de cada época, podemos deducir que para realizarse plenamente en su tiempo, el hombre tiene que tener un conocimiento cabal de este sistema vital de ideas; es decir, tiene que ser culto. Ser poseedor de la idea física, histórica, social, moral y filosófica de la época y el mundo en que vive, para poder comprenderlo e interactuar con él y en él; y para intentar, si es buena persona, dejarlo un poco mejor de cómo lo encontró.
Si bien es cierto que el proceso cultural se inicia desde que el hombre nace, se debe comprender el hecho de que durante sus primeros años de vida - niñez y adolescencia - comienza a recibir una gran cantidad de información que tiene que procesar e intentar asimilar en algo coherente, que le vaya dando la capacidad de percepción y de asimilación del mundo que le rodea y que actúa sobre él. Este proceso, bien realizado, prepara al joven en forma adecuada para su ingreso a la Universidad. Si no es bien realizado, el estudiante llega a la universidad siendo "un banco de datos, fechas y conocimientos", bastante inmaduro y con una mente en formación, lleno de dudas y lagunas, en algunos casos más bien mares..., sin comprender cabalmente quién es ni qué se espera de él, inseguro ante la vida, ante el mundo que le rodea y en esas condiciones tiene que tomar una decisión tan seria e importante para él, como es la elección de lo que va a hacer con su futuro.
La Universidad, hoy, cumple con dos funciones básicas: 1- Brinda la enseñanza/instrucción superior que debe recibir el hombre medio para que pueda actuar dentro de nuestra sociedad, como profesional de alguna disciplina específica. 2- Intenta hacer algo en el campo de la Investigación, y digo intenta, no por el hecho de que no posea las personas adecuadas que puedan llevar adelante los proyectos, sino porque la investigación, sobre todo la científica, conlleva normalmente ingentes sumas de dinero que no se le proporciona a la universidad, ni ella está en capacidad de generarlas. Esto tiene cierta lógica, ya que en Panamá, con amplia trayectoria comercial y de servicio por ahora, es más fácil vender y comprar que pensar.
También existen dentro de la universidad organismos que realizan labores de los más variados géneros. Mas, no se percibe a ciencia cierta su impacto dentro del estamento estudiantil, ya que más bien se dan como actividades aisladas que dan un barniz cultural al sistema universitario. Actualmente es un pálido reflejo del concepto que generó a la Universidad en el Medioevo. Se ha empobrecido tanto que sólo enseña disciplinas profesionales, con ligeras pinceladas de algo que se llama investigación e incluye en su curricula las mal llamadas asignaturas de "cultura general", intentando paliar así la falta de cultura de los educandos. Los estudiantes, al pasar por las aulas, se podrán convertir en sabios en alguna disciplina profesional; pero continuarán en el nivel de incultura que tenían cuando ingresaron a la misma. Por lo que les será difícil comprender las épocas que les precedieron, la época en que viven y proyectar los cambios necesarios a realizar en el futuro para que nuestra sociedad pueda seguir avanzando y evolucionando hacia un mejor futuro, en una forma apacible y tranquila.
Lo lamentable del caso es que entre estos sabios en disciplinas profesionales pero hombres incultos, emergerán, la mayoría de las veces, las personas que van a dirigir a nuestra sociedad hacia el mañana; y como les resulta muy difícil hacer proyecciones a través de planteamientos racionales, utilizarán en su lugar lo que les queda más a mano, el instinto, convirtiéndose en cómplices de elementos inescrupulosos que los manipulan a través de prebendas materiales y pasionales. Mediando el factor suerte, algunos de estos sabios, inquietos intelectualmente, se culturizarán por motivación propia y tendremos buenos dirigentes. En caso contrario, las palabras sobran.
La Universidad debe de estar en plena capacidad de interactuar con la sociedad en la que se encuentra inmersa, pero no sólo a través del claustro de profesores y del sector administrativo. Se debe incluir al estamento estudiantil, haciéndole pasar de elemento pasivo a activo en esta interacción. La universidad, como un todo, debe de ser capaz de comprender la época en que vive, el mundo y la sociedad que la rodea. Debe de ser el motor que conduzca a la sociedad a niveles más elevados, transmisora de cultura, preocupada por que sus estudiantes comprendan el sistema vital de ideas que mueve nuestro tiempo, para devolver a la sociedad hombres cultos y responsables, magníficos profesionales que comprendan su razón de ser dentro de la sociedad y que sean agentes de cambio reales y acertados dentro de la misma, logrando su superación. Debe ser la conciencia crítica de la Nación, convirtiéndose en la fuente de ideas en donde todos puedan beber.
Es imperativo para la existencia de La Universidad, entre otras, su condición de sobriedad, realismo y sinceridad, sin exigencias que no pueda dar ni condiciones que no pueda cumplir, centrada en el estudiante y no convertirse en una Torre de Marfil de profesores y administrativos. Debe comprender cuál es la vida efectiva de nuestra sociedad, con sus ineludibles urgencias y necesidades, y hacia eso dirigirse. La Universidad que se propone no es estática, por el contrario, es cambiante, siempre a la altura de los tiempos en que está inmersa, siempre en primera línea, dando la talla y cumpliendo su misión. La tarea no es fácil y requiere de análisis profundos de personas que piensen, que piensen bien y en la dirección correcta lo que, aunado a un arduo trabajo, al final dará por resultado lo que se propone.
El verdadero y único recurso que posee la nación somos los panameños. Si sabemos quiénes somos, si entendemos el mundo y la época que nos toca vivir; si sabemos hacia dónde queremos ir y nos preparamos de manera acorde, utilizaremos responsablemente los otros recursos que nos ha dado Dios y la Naturaleza para conseguir los fines que nos hemos propuesto como nación.