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Reconversión


No estamos de acuerdo con que se dilapiden fondos de reconversión para indemnizar malas cosechas, ni para condonar intereses, ni para decisiones paternalistas similares, por más que haga ganar votos y simpatía a los políticos. A fin de cuentas, son dineros de los contribuyentes que merecen mejor destino que subsidiar ineficiencia y malas apuestas.
Con lo impredecible que se ha vuelto el clima, nadie debe sembrar con pretensión de devengar ganancias si no cuenta con riego. Depender de las providenciales lluvias es buscarse la ruina. Y quien entendiendo este hecho elemental asume el riesgo de sembrar en secano y sin seguro, debe asumir los riesgos, en vez de esperar que los contribuyentes lo hagan por él. La medida pues, a más de discriminatoria con respecto al trato que se dispensa a otros productores, se presta a abusos.
Es preferible destinar esos fondos a la verdadera reconversión, aquella que enseñe al productor a ser más eficiente y a comercializar sus frutos. Para ello es menester reunir lo mejor del talento nacional y requerir asistencia experta extranjera, y pagarlo porque sólo el que paga puede exigir resultados. Nos gustaría por ejemplo, ver a especialistas neozelandeses junto a agrónomos nacionales, dictando charlas y en sesiones prácticas con ganaderos panameños, sobre todo a los medianos y pequeños. Nos agradaría oírlos hablar de formar asociaciones cooperativas de importación de insumos, comercialización y exportación. Queremos que les hablen de la ganadería en establos, del pasto mejorado, de los cortes internacionalizados, de las alternativas naturales, genéticas y hormotécnicas.
Igual con los agricultores de otros rubros. Aspiramos a que sepan sembrar lo que más les conviene con miras a exportar. Queremos que les enseñen cómo manejar sus cosechas para conservar mejor los frutos, empacarlos en forma atractiva y comercializarlos al mejor precio. Deseamos que aprendan a utilizar Internet, a que se familiaricen con cartas de crédito, precios internacionales, ventas a futuro y bolsas agropecuarias.
Abandonar al sector agrario a su suerte en las circunstancias actuales en que el país padece 14% de desempleo y una pobreza cercana al 45% sería devastador e inadmisible. Aspirar a que cambie hacia otras actividades productivas puede ser teóricamente más redituable, pero no es realista ni práctico y quizás tampoco conveniente si se aspira a un Panamá equilibrado, con un área canalera metropolitana sobrepoblada, donde radique su fuerza industrial, comercial y de servicios, y un área agropecuaria que tenga al campo y a la riqueza turística y ecológica como entorno. Esa es la senda que han escogido los países desarrollados de Europa y América del Norte, en contraste con el desarrollo caótico y degradante del medioambiente de los tigres asiáticos. De allí sus masivos subsidios y protección a su agro.

101 años de Panamá América

 
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