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Recordando al abuelo


El 8 de noviembre pronuncié este discurso en la ciudad de Santiago: "La patria es el recuerdo, pedazos de la vida envueltos en jirones de amor y de dolor... los versos de Miró vienen a mi memoria para recordar a un gran patriota, que nació en esta ilustre ciudad de Santiago de Veraguas. Juan Bautista Amador García procedía de una distinguida familia colombiana de Cartagena de Indias. Cuando hace unos diez años estuve en esa ciudad, el famoso historiador Eduardo Lemaitre, al saber que descendía de aquellos Amador que pelearon hasta morir defendiendo la ciudad de Cartagena, cuando fue sitiada por el español Morillo con una fuerza descomunal, que prácticamente destrozó todas las resistencias que les opusieron el gobernador Juan de Dios Amador y su hermano Martín, me invitó a que lo acompañara a la Academia de la Historia para hablarme, documentalmente, de la raza heroica de la que procedían los Amador.
Don Juan B. Amador García fue el hombre que el 9 de noviembre de 1903 proclamó la independencia de Panamá de Colombia, en esta histórica ciudad. Su tío, el Dr. Manuel Amador Guerrero, había encabezado el movimiento separatista el 3 de noviembre en la capital. De modo que fueron dos Amador los que proclamaron la República en la capital y en la provincia de Veraguas. Don Juan fue el primer Gobernador de Veraguas y uno de los constituyentes que redactaron la primera Constitución de la República. El prócer Amador García había nacido, lo mismo que su esposa, Francisca (Pachita) García, alrededor de los años "50 del siglo XIX en Santiago de Veraguas.
Hace unos 30 años, conversando con el brillante hijo de esta provincia, don José Isaac Fábrega, me sorprendió con la noticia de que yo era familia del genial poeta nicaragüense Rubén Darío. Mi inolvidable amigo me contó que, a mediados del siglo XIX, llegaron a Santiago dos hermanos españoles de apellido García; uno de ellos, casó con dama veragüense, y fue el padre de Francisca García, quien luego fue la esposa de Juan B. Amador. Y el otro hermano, se fue a Nicaragua: ése fue el padre de Rubén Darío, cuyo nombre de pila era Félix Rubén García Sarmiento. Le confesé a don José Isaac que ignoraba tan ilustre parentesco, pero que indudablemente honraba a nuestra familia.
Del matrimonio de Juan B. Amador con Francisca García nacieron trece hijos: Arturo, Micaela, Raquel, Gustavo, José, Roberto, Jorge, Blanca, Consuelo, María, Esther María, Ida y Judith. Con respeto a nuestra madre, Blanca Amador, recuerdo que llegó a Santiago, en 1917, el chiricano Abel Gómez Araúz, maestro graduado en el Instituto Nacional de Panamá; conoció a Blanca; se casaron; y se fueron a vivir a Chiriquí. De ese matrimonio nacieron nueve hijos; y mi madre quiso que este servidor llevara el mismo nombre de su padre: Juan Bautista.
Recordamos al prócer Juan Bautista Amador con todo el respeto y la devoción que su nombre inspira. No obstante, quiero abrir un paréntesis para narrarles lo que ocurrió hace unos días en David. Me invitaron a la presentación de dos autores nacionales, cuyas obras renuevan una vieja leyenda negra que circula sobre la historia de la independencia de Panamá de Colombia. Unas versiones archiconocidas, tergiversadas y maliciosamente divulgadas sobre nuestra separación. Y me invitaron a cruzar ideas con ellos. No acepté. Por lazos irrevocables de sangre con los próceres, rechacé la invitación. Además, conozco todos sus puntos de vista. Todos sabemos, que sin la ayuda de Estados Unidos, nuestra independencia de Colombia hubiera sido imposible. Todos sabemos que la frágil separación estuvo llena de intereses ajenos a las que nos obligaron las circunstancias. Todo eso es muy conocido. Pero, les pregunto a los que después, y ahora aún critican lo que hicieron nuestros próceres, ¿qué hubieran hecho ustedes en aquellas circunstancias? ¿Qué historia a su gusto hubieran realizado? Vislumbro que por ellos nunca nos hubiéramos independizado. Los verdaderos patriotas panameños se dedicaron, casi desde el mismo momento de la independencia, a revisar y a superar las deficiencias que nos dejaron los próceres en momentos en que no tuvieron alternativas.
Todos sabemos que nuestros próceres cometieron errores. Sí, los cometieron; pero nunca los cometieron poniendo sus miras en intereses bastardos. Estos hombres que nos dieron la independencia pensaban en grande y pusieron a funcionar el motor para que nosotros lo perfeccionáramos. En esa lucha perfeccionista es que debemos estar empeñados. Nuestro deber deber consiste en mejorar cada día la República que ellos pusieron a marchar.
Me gusta comparar a nuestros próceres con los grandes inventores. Cuando Edison inventó el bombillo eléctrico fue algo muy imperfecto lo que inventó. Cuando se inventó el cine, la radio, la televisión, el avión, el teléfono y el automóvil, todos éstos estaban llenos de defectos. Pero se necesitaría estar en los linderos del cretinismo para vivir señalando los defectos que tuvieron los inventos de aquellos genios. A ellos se les recuerda con admiración y afecto porque fueron los primeros. Pero a veces...a los forjadores de la República, se les critica que nos dejaron marchando una república imperfecta. Los arquitectos de nuestra República primaria merecen el mismo respeto que los grandes inventores..."
En cuanto al homenaje que se le ofreció al prócer Juan Bautista Amador García, nuestra familia quiere expresar a la actual gobernadora de Veraguas, Olga Ríos y, al anterior, señor Mario Forero Mojica; al alcalde, profesor Plinio Donoso; a su Excelencia Reverendísima Oscar Brown, obispo de Veraguas; al arquitecto James Chavers Vega, bisnieto del prócer; y a todos los que de una manera u otra han hecho posible dicho evento, nuestro reconocimiento más sincero y nuestra eterna gratitud.
Ante una negativa de los usuarios a tal contribución, los que mejor conocen la industria naviera nos están, en efecto, informando de forma clara y sin ambigüedad que la esclusa Post-Panamax no es económicamente rentable. Una negativa de la industria naviera a tal iniciativa sería un barómetro muy lúcido de los niveles de riesgo asociados a tal empresa. Si los usuarios no se endeudan en igual proporción, eso debiera alertarnos del peligro que corre la estabilidad económica panameña si el país es el único que asume los riesgos del enorme endeudamiento que requeriría una esclusa Post-Panamax.
Después de presentarle la innecesaria Cuenca Occidental a los Poderes Ejecutivo y Legislativo, y haber gastado muchas decenas de millones de balboas en estudios y diseños enfocados a nuevas esclusas Post-Panamax, para un barco de diseño que no existe (y quizás nunca llegue a existir), es imprescindible que la ACP cambie de rumbo. Bien pudiera ser que la nueva esclusa Panamax es la única que nos cabe en el bolsillo a un nivel de riesgo y deuda prudente, si los usuarios se niegan a contribuir con su propio dinero porque perciben altos riesgos inherentes en la inversión de una esclusa Post-Panamax. No quiero pensar que se trata de un magno ejemplo de la célebre frase del filósofo francés Jean de la Fontaine: "La vergüenza de aceptar el primer error, nos hace cometer muchos más".

101 años de Panamá América

 
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