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Recordando a "Arnulfo el Grande" (II)


Mi difunto padre Vicente Peñalba, fiel seguidor del doctor Arnulfo Arias, me relató que en uno de los tantos cancelazos que sufrió al lado del caudillo, compartía junto a otros panameñistas, entre los que se encontraba Don Pantaleón Enrique Bernal, una celda en la cárcel Modelo en donde, entre otras cosas, no se les permitía salir para hacer sus necesidades y en la cual se turnaban para descansar, pues eran tantos los panameñistas que en dicha celda habían confinado, que no podían sentarse ni mucho menos acostarse para descansar o dormir. Al Dr. Arias, a su vez, lo mantenían recluido a solas y era el único que con el tiempo no le permitieron salir al patio a tomar el sol.
Transcurridos días de reclusión, se corría la voz de que pronto los dejarían libres (las noticias corren rápidamente en las cárceles), pues los acontecimientos nacionales militaban a favor de los detenidos ( a pesar de que en contra del doctor y de su ilustre hermano Don Harmodio Arias Madrid, gloria nacional, se imputaban cargos muy serios de querer realizar una revuelta armada) y la efervescencia nacional nuevamente se inclinaba a favor de Arnulfo, claramente despojado según la opinión pública del año "48- "49 del triunfo en los comicios electorales. Los días, dieron la razón a los rumores, Don Harmodio Arias fue sobreseído y entrevistado el Dr. Arias sobre su suerte y sobre las posibilidades de su salida respondió, según los detenidos: " Yo no tengo ningún apuro de salir de esta cárcel" - y tocando las paredes con los nudillos -expresó finalmente: " Estos muros y yo tenemos grandes recuerdos".
Así era Arnulfo, enorme en la adversidad, dotado de gran valor y confianza en sí mismo, con una extraordinaria facultad para irradiar de sus seguidores fe en él y en los ideales comunes trazados. Tenía la habilidad y la disciplina para sacar ventaja y conocimiento en la espera, pues de ella siempre el próximo paso firme y decidido.
El ilustrísimo historiador panameño Jorge Conte Porras, en su obra Réquiem por la Revolución, nos relata la entrevista que le realizaran al Dr. Arnulfo Arias en su finca de Boquete, el Dr. Carlos Iván Zúñiga y Zidia Candanedo de Zúñiga, y que consistió en lo siguiente: " Doctor Arias, ¿qué hace usted con las angustias? Usted pareciera vivir indiferente a ellas. ¿Cómo las soporta, cómo las supera? ¿Cómo puede vivir frente a ellas? Respondió: "Para vivir, hay que rotar las angustias. No se quede con ellas, pues terminarán por consumirle. Evite las ideas fijas. Cuando ellas le acosen, camine, siempre al caminar nuestra mente las disipa. Trabaje, ponga empeño en su tarea hasta la fatiga; lea, escuche música. Háblele a los árboles del camino; converse con las plantas... observe cuidadosamente el movimiento de los animales a su alrededor. Este ejercicio espiritual nos da vigor y fortalece nuestra mente en las horas de incertidumbre, de pesar, y de angustias".
Qué grande el doctor Arias, aún aquellos que no formaron parte de sus seguidores, que no estuvieron de acuerdo con él e incluso aquellos que lo adversaron, supieron reconocer en él facultades extraordinarias y singulares.
Roberto Eisenman Jr., en un artículo publicado en el diario La Prensa en 1981, manifestaba sobre Arnulfo Arias lo siguiente: " Arnulfo Arias nos habla del cosmos, las estrellas y la luna; lo que la gente define como sus ñamerías. Nos hace análisis lógicos de la situación política del país; de su situación, de su edad, de sus aspiraciones, de lo que él quiere para Panamá; de los problemas de ayer y de hoy; de lo que es el Panameñismo, de lo que se puede, y de lo que no se debe hacer, y sobre todo de la mucha paciencia, que hay que tener para ser político"
" Hay muchas cosas en las que nunca podré estar de acuerdo con Arnulfo Arias, y aún cuando no creo que él sea la solución, sé que mientras él viva, no hay solución sin él. "Lo que sí sé es que con la falta de liderazgo que existe, hay mucho que aprender de quien es sin duda el maestro del liderazgo en Panamá".
Finalmente, concluir un artículo sobre "Arnulfo el grande" es tarea difícil. No existe en la historia nacional persona alguna que haya ostentado por tanto tiempo un liderazgo y que aún después de su partida se conserve en el corazón de su pueblo.
Tal vez, a guisa de realizar dicha labor, resulte conveniente para este humilde tributo a su memoria, citar fragmentos de un grande: William Shakespeare, citado por nuestro gran historiador Jorge Conté Porras, al introducirnos al capítulo noveno de su obra Réquiem por la Revolución: "He visto a los mudos apretarse para verle, y a los ciegos para oírle hablar. Las matronas le arrojan flores a su paso, y las damas y vírgenes sus pañuelos blancos.
Los nobles se inclinan como delante de la estatua de Júpiter, y los plebeyos, provocan una lluvia de truenos y de aclamaciones. No he visto jamás cosa parecida".
(Nota de la editora: La primera entrega de este artículo, se publicó el pasado 29 de agosto)

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