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Recordando el Futuro: Política y Gobernantes. Establecimiento de la República, 1902-1931: Belisario Porras


La semana pasada abordé la relación entre conservadores y liberales que fue el eje político de nuestra Independencia y, por lo menos, de la primera década del establecimiento de la República. De 1910 a 1931 los liberales monopolizaron la Presidencia y casi podríamos decir el poder público. La personalidad liberal predominante durante este período e incluso en los primeros cien años de la República ha sido, sin duda, Belisario Porras. No sólo debemos decir que en buena parte construyó el aparato político de la República, sino también que con su carisma de caudillo-gobernante panameñizó la vivencia de la política republicana. Hoy comienzo una consideración de él y de su política:
Los dos presidentes conservadores, primero el colombiano, Manuel Amador Guerrero, que compartió la jefatura del movimiento independentista con el jefe panameño, José Agustín Arango, y segundo el panameño, José Domingo de Obaldía, quien fue el último Gobernador de Colombia en Panamá, a pesar de haberle advertido a sus colegas del Senado colombiano a propósito del voto sobre el Tratado Herrán-Hay "o canal o secesión", marcaron la ruptura de Panamá con Colombia, iniciando la República y garantizando en hechos políticos y gubernamentales incuestionables que no habría marcha atrás. Carlos Antonio Mendoza y Pablo Arosemena al completar el período presidencial de De Obaldía realizaron la transición a los presidentes liberales y el primero de ellos a la posibilidad de presidentes de extracción social más popular y que no fueran blancos. Pero fue con la elección de Porras por la Asamblea en 1912 (hasta 1916 no se estableció por ley la elección directa del Presidente, aún no de los Designados) que la República encontró a la vez quien se esforzaría por construirla lo más a lo grande posible, para un país pequeño y pobre, y lo más a lo panameño posible, para un país multiétnico y cuyo lema es en razón del Canal "Pro Mundi Beneficio".
Sería un error, sin embargo, aislar a Porras de las otras personalidades liberales panameñas. Porras era un combatiente por naturaleza. Mientras vivió como colombiano, sus combates fueron con los conservadores. De joven estudiante se enroló en el Batallón llamado popularmente "Alcanfor" y participó en una victoria armada sobre los conservadores al borde de Bogotá en las faldas del Guadalupe. En 1900 desembarcó en Punta Burica, Chiriquí, como Jefe civil y militar de la insurrección liberal colombiana en Panamá y fue tomando el interior del país hasta que los liberales sufrieron una aplastante derrota en el Puente de Calidonia el 26 de Julio de ese año. Cuando vivió como panameño, sus combates fueron contra otros liberales, Pablo Arosemena, Carlos Antonio Mendoza, Rodolfo Chiari, reales o potenciales rivales (no combatió con Eusebio Morales porque se opuso con éxito a que el Presidente Valdés reformara la Constitución para permitirle ser Presidente por su participación en la Independencia, a pesar de haber nacido en Colombia).
Hijo de un jurisconsulto y magistrado conservador, Demetrio Porras Cavero, y de una panameña, Juana Gumersinda Barahona de León, muy joven se hizo liberal, y como él mismo lo contó en Trozos de mi Vida -Impresiones- por el impacto a los 9 y a los 14 años de dos personalidades liberales, presidentes ambos del Estado Soberano de Panamá en los 1860 y 1870, Gil Colunje y Buenaventura Correoso, que visitaron Las Tablas. Fue mucho más una personalidad liberal que un pensador liberal. "Sus mayores triunfos se encuentran, dice con razón Diógenes de la Rosa, en la línea de la acción exterior. Como ideólogo, como definidor de credos, como literato, como pensador no logró jamás alcanzar la promoción de los creadores o renovadores".
Lo más difícil de comprender en la actuación de Porras es su no participación en la Independencia y más bien su rechazo a la misma. El 18 de Julio de 1903, Porras escribió en una publicación de San Salvador un artículo intitulado "Reflexiones Canaleras o la Venta del Istmo", en el cual afirmaba: "Los norteamericanos han tenido dominio absoluto del Istmo desde el año de 1849 sobre la línea férrea de Panamá a Colón, lo que consideran en cierto modo una prolongación de la línea costanera de los Estados Unidos, y los Istmeños con temor debemos comprender el peligro que entraña para nuestro porvenir estas pretensiones del norteamericanismo; el Tratado Herrán-Hay no limita las ambiciones y propósitos norteamericanos, sino que abre las puertas por completo a la dominación. Por ello deducimos en buena lógica que de aprobarse el Tratado Herrán-Hay, esto constituiría en pocas palabras UNA VENTA DEL ISTMO". Y puesto que el Convenio del Canal Istmico de 1903 era más favorable a los EU que el Tratado Herrán-Hay su juicio habría de ser más drástico todavía.
Sin embargo, sus amigos políticos panameños le insistían en que aceptara los hechos cumplidos de la Independencia. El 11 de enero de 1904 reafirmó su razón para no hacerlo: "Circunstancias de ser nativo istmeño, y tener en él mejores afectos me impiden ser hostil, pero mi inconformidad y mi reprobación no puden ser más públicas". Y tal que lo cita Manuel Octavio Sisnett en su muy documentada biografía, Porras le escribió francamente a su amigo Juan B. Sosa: "Mi dolor ha sido tan profundo que hubiera deseado morir para no ver y no saber lo que Uds. han hecho" .
La explicación de la posición de Porras por el temor al dominio norteamericano no puede ser única, porque no es plenamente coherente con su conducta política inmediatamente posterior. Así, por ejemplo, en Octubre de 1904, Porras se entrevistó con el representante diplomático de EU para pulsar su opinión sobre una posible revolución contra el primer gobierno de la nueva República, revelando así un intenso personalismo, que sería su más grave falla política. En 1905 los dirigentes liberales, Porras incluido, le entregaron una carta al representante de EU en la cual pedían elecciones libres y puras o la intervención norteamericana, y en 1906 Porras, Eusebio Morales y el General Domingo Díaz viajaron a Washington para entrevistarse con los secretarios de Estado y de Guerra con el mismo propósito. Y oyeron al Secretario de Estado, Elihu Root, decirles (aunque luego sus diplomáticos en Panamá actuaran de otra manera) que "el día que los Estados Unidos nombre a ciudadanos de este país como agentes suyos en territorio de la pequeña República de Panamá y les pague de su Tesoro y les dé instrucciones paran intervenir en cualquiera de los debates del derecho electoral o del derecho civil que tengan los ciudadanos panameños, para que lo resuelvan por sí ante sí, ese día habréis perdido vuestra soberanía".
Responde más directamente al personalismo de Porras la hipótesis de Diógenes de la Rosa, según la cual él fue "un grande hombre de un país pequeño" y "la secesión le dejaba a su actividad política una área restringida, muchas veces menor que aquella donde había estrenado sus habilidades de revolucionario de levita. Pero quizá esté allí también, según De la Rosa, el origen de sus más amplios empeños. Porque es indudable que, en el orden de las realizaciones materiales... ni concibió ni intentó en términos provincianos. No fue el primero de nuestros gobernantes y estadistas que pensó grandes planes, pero sí fue el de los mayores atrevimientos. Los motivos íntimos de sus concepciones más cuantiosas pueden quizás encontrarse en la zona del "orgullo histórico"".
En la explicación de la postura de Porras frente a la Independencia no se debe, por otra parte, desconocer un auténtico vínculo emocional con Colombia. Así, por ejemplo, en Trozos de mi Vida, obra escrita probablemente hacia fines de la década de 1920, cuando tenía aproximadamente 70 años, al referirse a su retorno a Bogotá como miembro del victorioso Batallón "Alcanfor" se expresa de la ciudad capital de Colombia en los siguientes términos: "Y Bogotá, la noble, nos abrió los brazos, y en su seno de madre espiritual reposaron nuestras frentes después de la batalla." Todavía la evocaba como "madre espiritual".
Cualquiera que hayan sido los motivos de su actitud negativa frente a la Independencia, cuando Porras decidió aceptar la República independiente, regresar a Panamá y reemprender su carrera política, lo hizo más por realismo frente a hechos inalterables que por convencimiento íntimo. Porras, siendo ya Presidente del Consejo Municipal de la ciudad capital, fue sancionado en 1905 por la Corte Suprema de Justicia que lo despojó de su nacionalidad en virtud del artículo 7, numeral 3 de la Constitución de 1904, según el cual "la calidad de nacional panameño se pierde: Siendo nacido panameño, por no aceptar el movimiento de Independencia de la Nación." El fallo fue justo, afirma su biógrafo Sisnett, aunque el denuncio que lo motivó fue político, por parte de un extranjero llamado José Bustamante C. Sin embargo, en 1907, la Asamblea Legislativa se la devolvió junto con sus derechos ciudadanos, lo que recuerda el caso de otro caudillo-gobernante, el Dr. Arnulfo Arias Madrid, quien fue juzgado por la Asamblea, hallado culpable de extralimitación de funciones, destituido de su cargo e inhabilitado perpetuamente para ejercer cargo público en 1951, pero sus derechos le fueron luego devueltos en 1960.
222 Responde más directamente al personalismo de Porras la hipótesis de Diógenes de la Rosa, según la cual él fue "un grande hombre de un país pequeño" y "la secesión le dejaba a su actividad política una área restringida..."
Reveladoramente en los dos artículos que Porras le dedicó hacia el fin de su vida a la sanción de la Corte Suprema en Trozos de mi Vida, intitulados "Me devuelvo..." y "La pollita moñona de patitas amarillas...", protestó vehementemente contra la medida y argumentó que la opinión pública le había sido favorable, pero no intentó siquiera precisar ni menos aún explicar su posición de fondo. La única referencia a ésta fue circunstancial: "...regresé al país después de una larga permanencia en Centro América, en donde me sorprendió el movimiento separatista. Esos amigos me conocían bien; sabían de mi amor al terruño y de mis grandes desvelos y sacrificios por servir a la patria y al partido. Además, aquellos momentos eran de gran incertidumbre para la joven nacionalidad. Se habían despertado locos y devoradores apetitos. Y fue así como, ante el cuadro desgarrador que se veía en la República, esos amigos pensaron en mi y me llamaron como símbolo de concordia. Sin embargo, otros por el contrario, vislumbraron un obstáculo a sus ambiciones personales, y de allí que, apoyándose en ciertas declaraciones mías con motivo de la separación del Istmo del resto de Colombia, trataran por todos los medios de conseguir, como al fin lo consiguieron, despojarme de mi nacionalidad". En resumen, sobre su posición de cara a la Independencia ni una palabra. Toda la atención puesta en su visión de sí mismo como el hombre indispensable, casi el salvador de la patria, a título auto-adjudicado de "símbolo de concordia".
Tengo la impresión que trató por todos los medios de engrandecer a Panamá porque amaba "al terruño" [que significa "masa pequeña de tierra", "comarca o tierra, especialmente del país natal", según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia], entrañablemente, pero también porque nunca dejó de sentir nostalgia por Colombia la grande y por el papel que pudo tener en ella.
(ariyan@sinfo.net)
Según González, la gallardía y valentía universitaria se canaliza a través de las protestas y del cierre de calles, toda vez que ellos sienten que esa es la única forma en que se les presta más atención. Aclaró que en su gran mayoría los dirigentes estudiantiles se cuidan de tener el índice académico mínimo que es de 1.50 que les garantice participar en las elecciones universitarias. Sin embargo se les permite 1.00 como índice.
Explicó que los dirigentes, al igual que todos los estudiantes universitarios, tienen los mismos derechos al solicitar algunos beneficios. Explicó que, para hacerse acreedor de tales beneficios, deberán realizar trabajos académicos dentro de la universidad.

101 años de Panamá América

 
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